Escándalo por el supuesto soborno de bancos a senadores
ISIDORO GILBERT
El Senado Nacional está que arde.
El titular del cuerpo, Juan Carlos Maqueda, reconoció que en el caso de las supuestas coimas pedidas por legisladores o vicarios de éstos a banqueros preocupados por leyes que dicen que los perjudica, «algo hubo».
«Yo no soy de los que creen que estos hechos se generan por generación espontánea, valga la redundancia, o porque son inventos de la prensa. Yo creo que algo existió, que algo hubo. Los banqueros no se pueden quedar conformes sólo porque se pararon las leyes que los perjudicaban. Hay que descubrir la verdad, esto es lo que le va a hacer bien al Senado», dijo Maqueda al diario Clarín.
El mismo queda pegado en hechos confusos y la Cámara alta se ha convertido otra vez en un lugar plagado de sospechas: es que mantuvo un encuentro en su despacho con el titular de la Asociación de Bancos Argentinos (que son los extranjeros), Mario Vicens, en tiempos que el asunto que quema estaba dando vueltas por despachos desconocidos. A ese encuentro, Maqueda lo calificó como «protocolar».
En cuanto a la senadora peronista Malvina Seguí, alguien desvió la atención sobre su persona y ahora defendiéndose o por lo que sea hace arder a su propio bloque, tirando nombres a troche y moche. Es que la legisladora encabeza una comisión legislativa que estudia asuntos turbios que pueden implicar a bancos y banqueros. Alguien dijo «hoja con verde parra» y la eligió como chivo expiatorio, ella lo dice donde va en términos muchos más vehementes.
Un artículo determinante
En el despacho del juez de esta causa, Claudio Bonadio, la legisladora, una tucumana fuerte, relató que el jefe de su bancada, José Luis Gioja, le aseguró que otros dos senadores, Jorge Capitanich (que fue jefe de Gabinete del efímero Adolfo Rodríguez Saá pero también de Eduardo Duhalde) y Marcelo López Arias mantuvieron reuniones con banqueros fuera del edificio del Parlamento, durante los días en que se discutían leyes que involucraban a los bancos.
El caso saltó por un artículo en el Financial Times firmado por su corresponsal aquí, Thomas Catán. En un artículo del 20 de agosto, Catán afirmó que directivos de bancos extranjeros se quejaron ante los embajadores de EEUU y Gran Bretaña por un supuesto pedido de coimas para frenar una ley. Esa norma obliga a los bancos a ceder un 2% de sus comisiones a un fondo de desempleo bancario.
No es la única ley que irrita a los banqueros.
Un proyecto que obliga a los bancos extranjeros a hacerse cargo las casas matrices de los compromisos adquiridos aquí por sus filiales, una negativa que agravó la crisis financiera que llevó al corralito, al corralón y a discusiones interminables con el FMI, también produjo enojos.
Para peor el flamante titular del británico HSBC, Michael Smith, le dijo a Bonadio que «no sería extraño que hubiera un pedido de coima para frenar cuatro leyes relacionadas con los bancos que en esos momentos trataba el Senado».
Catán escribió en el Financial Times que un grupo de banqueros extranjeros se quejó antes los embajadores de EEUU y el Reino Unido por la actitud de un grupo de legisladores que le habrían pedido una coima a cambio de frenar las leyes que dicen que los perjudicaban. No se aclara que la plata la haya reclamado un legislador o un lobysta. Hay un sospechoso de esta profesión que esta en Londres, donde viajó inopinadamente.
No robar dos años
El más irritativo, porque cuesta dinero, es el fondo para los desempleados del gremio bancario, una iniciativa del senador Luis Barrionuevo (por eso la media sanción lleva su nombre). Barrionuevo se hizo notorio cuando reconoció que durante el menemismo se robaba tanto, que bastaría dos años de abstinencia para ir camino al progreso.
Salvo el periodista que ratificó con apoyo de su diario lo que escribió y se publicó, el resto, embajadores, senadores, banqueros, de una u otra manera esconden el bulto.
Insólitamente, el juez en busca de la verdad se justificó, ordenó investigar los contactos del periodista, lo que le valió una reprimenda del tribunal de Alzada. El secreto profesional está garantizado por la Carta Magna.
Curiosamente el senador Maqueda también le pidió a Catán que cuente quién le dio la pista o la información, un dislate.
Catán recibió respaldo de diversas entidades e incluso periodistas, que reúne a destacados profesionales que siguen atentamente todas las violaciones, que no son escasas, a la libertad de expresión.
Cuando se oye la consigna «que se vayan todos» en el Senado se atajan: «nos eligieron hace un año». Sus antecesores se hicieron famosos por el soborno, entonces sí consumado pero no aclarado, para que se votara la ley de reforma laboral requerida por el FMI.
El caso provocó la renuncia del entonces vicepresidente, Carlos Chacho Alvarez, asqueado por el manto de olvido que buscaba ponerle al escándalo el entonces presidente Fernando de la Rúa.
El senador Jorge Yoma, peronista antimenemista, sostiene que acaso la versión del intento de soborno no ocurrió, pero los bancos consiguieron de otro modo bloquear las leyes que no quieren.
«¿Quién querría votar ahora en Diputados una ley tan manchada?», se preguntó hablando por TV con el periodista Joaquín Morales Solá.
Como aquello que todos tienen razón, pero el poncho no aparece. *
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