Rebeldes de Sendero Luminoso buscan nuevo espacio en Perú
Este grupo maoísta, considerado terrorista por Estados Unidos y en su momento uno de los más letales de Latinoamérica, sembró pavor con coches bombas y asesinatos de autoridades casi a diario en busca de implantar el comunismo entre 1980 y la mitad de los años 1990.
Tras una década sin atentados graves, Sendero Luminoso –cuya insignia son la hoz y el martillo amarillos sobre una bandera roja– contraatacó en marzo, a tres días de la visita del presidente estadounidense George W. Bush, haciendo detonar un coche bomba cerca de la embajada de Washington en Lima.
El ataque dejó 10 muertos. En agosto, tres rebeldes fueron capturados y acusados de ser los responsables del atentado.
El actuar de Sendero Luminoso y del grupo marxista, el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA) que luchaba otra batalla para tomar el poder dejaron en dos décadas 30.000 muertos y 25.000 millones de dólares en pérdidas materiales en esta pobre nación andina donde más de la mitad de los 26,7 millones de habitantes vive todavía en la pobreza.
Y las cicatrices son todavía recientes. «El sólo pensar de que Sendero vuelva con coches bombas me aterra», dijo el taxista Ruben Alcarraz.
Sendero Luminoso también habría participado la semana pasada en una explosión frente a un edificio del gobierno sueco en Estocolmo, que lanzó al aire panfletos con mensajes alabando al líder de Sendero y al Partido Comunista de Perú.
El gobierno del destituido presidente Alberto Fujimori puso mano dura contra la guerrilla en su década de poder (1990-2000), y la amenaza de tumbarse al gobierno acabó con la captura en 1992 tanto de Abimael Guzmán, máximo dirigente de Sendero, como del líder del MRTA, Víctor Polay.
El gobierno del presidente Alejandro Toledo asegura que ahora hay sólo unos centenares de senderistas, atrincherados en zonas aisladas de la selva y los Andes centrales, y dice que no permitirá un recrudecimiento de los grupos armados.
Sin embargo, según oficiales de la policía anti-terrorista, la Dirección contra el Terrorismo (DIRCOTE), los narcotraficantes de la selva financian a los rebeldes a cambio de protección.
Perú es el segundo mayor productor mundial de hoja de coca, la base para elaborar la cocaína, que es traficada a Estados Unidos y Europa.
Amenaza latente
No obstante el retorno de la democracia luego de la destitución de Fujimori tras estallar en el 2000 un escándalo de corrupción, unos rebeldes jóvenes avizoran un nuevo espacio para su lucha para cambiar a la sociedad peruana.
«Manuel», un joven de unos 19 años que se identificó como miembro de Sendero, piensa que Perú está herido de muerte con un tumor canceroso que debería extirparse.
«Ese tumor es el capitalismo. Pero estamos aquí, para recuperar la dignidad de los pobres», dijo a Reuters Manuel, sentado en un cerro pelado de Lima con la mitad del rostro cubierto con un pañuelo negro y agitando su puño izquierdo.
Manuel y sus compañeros ayudaron en marzo a miles de familias a invadir un terreno estatal en Lima, lo que acabó con un enfrentamiento con la policía, que dejó un muerto.
«Sendero Luminoso no ha muerto, nunca murió», añadió.
Según fuentes de la Dircote, hay evidencias de que rebeldes de Sendero participan en las protestas regulares contra Toledo, que en 14 meses de gestión tiene un respaldo del 17 por ciento por incumplir su promesa electoral de dar más empleo.
«Se ve a un Sendero que está mostrando el rostro, están en las movilizaciones, en las marchas», afirmó el coronel de la policía Benedicto Jiménez, uno de los artífices de la espectacular captura del máximo líder de Sendero.
Guzmán, quien al ser capturado fue exhibido por el gobierno de Fujimori en una jaula, vestido con un traje de rayas blancas y negras, cumple una pena de por vida en una prisión militar en Lima.
Tras su captura, Sendero disminuyó sus acciones y se ubicó entre los Andes y la selva, oponiéndose a un pacto de paz que Guzmán firmó en 1993.
Según el coronel, los cuadros que dirigen actualmente Sendero Luminoso están escondidos en dos «bolsones» remotos en la selva y la sierra.
La primera zona está situada a 400 kilómetros al sureste de Lima en los departamentos de Ayacucho y Apurímac, con 100 combatientes dirigidos por el «camarada Alipio», dijo Jiménez.
La segunda, está a 500 kilómetros al noreste de Lima –en la zona selvática del Huallaga– liderado por el «camarada Artemio» con unos 70 rebeldes «mucho más armados», agregó.
En recientes operaciones anti guerrilleras en la selva, las fuerzas de seguridad incautaron armas y municiones en campamentos rebeldes abandonados.
El Ejército, que nuevamente está elevando sus gastos este año en su lucha antiguerrillera, ha reactivado en los Andes y la selva bases antisubversivas antiguas.
La punta del iceberg
Según Jiménez, el grupo maoísta cambió su estrategia y ahora busca la amnistía de sus cabecillas para la posible continuación de su lucha.
«Es una estrategia que está bien planteada, desde mi óptica es la más inteligente y la más sabia en este momento», acotó.
Jiménez no descartó, aunque el gobierno lo niega, que Sendero reciba apoyo de las Fuerzas Revolucionarias Armadas de Colombia (FARC) y de otros grupos internacionales.
Un oficial de alto rango de la Dircote dijo a Reuters que «sólo estamos viendo la punta del iceberg» frente a las acciones de Sendero Luminoso.
El oficial, que pidió no ser identificado, explicó que en Lima sus activistas» se infiltran en organizaciones civiles que buscan mejoras sociales, así como en gremios y universidades.
Los sondeos de opinión muestran un creciente descontento social mientras Perú trata de salir de un estancamiento económico de cuatro años que se agudizó en el 2000 con el escándalo de corrupción que lideró el ex jefe de espías, asesor y mano derecha de Fujimori, Vladimiro Montesinos.
Un rebelde de Sendero que cumple cadena perpetua en un penal limeño dijo a Reuters, por teléfono, que aún no existen las condiciones para una lucha armada frontal, «pero seguiremos con la acción política para democratizar la sociedad peruana».
El prisionero que se identificó como «camarada Roberto» dijo que desde mediados de la década pasada unos 2.500 miembros o acusados de pertenecer a Sendero lograron su libertad tras cumplir sus penas o ser indultados por una comisión estatal.
«Como dijo el presidente Gonzalo (su líder Guzmán) tras su captura, eso fue sólo un recodo en el camino», según «Manuel». *
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