Zhu Rongji evocó las conquistas que "dieron vuelta el cielo y la tierra"

China celebra con ataque a independentismo taiwanés

En un cálido atardecer de otoño, en el Palacio de la Asamblea del Pueblo, ante una Pekín iluminada por miles de luces, rayos láser sobre la Plaza Tiananmen y flores por doquier, el rito de la fiesta nacional se cumplió como cada año con un almuerzo ofrecido por el gobierno a representantes diplomáticos y huéspedes ilustres.

En la sala de recepciones, sentados ante las mesas decoradas con primaverales manteles amarillos –el único toque de novedad– cientos de invitados escucharon el breve discurso de Zhu Rongji, leído casi a la carrera en menos de cinco minutos.

El premier evocó las conquistas de medio siglo que «dieron vuelta el cielo y la tierra» en China, reiteró el compromiso por las reformas y una política exterior independiente «contra el hegemonismo, la política de potencia y toda forma de terrorismo».

Además, atacó las «provocaciones explícitas» de las declaraciones de independencia de las «autoridades de Taiwan». Zhu repitió que el objetivo es una reunificación pacífica con la rica isla del Mar Chino meridional, donde en 1949 se refugiaron los nacionalistas de Chiang Kai-shek derrotados por los comunistas en la guerra civil. «Todo intento de dividir el país está destinado al fracaso», recordó.

En su último discurso en una fiesta nacional antes de su retiro, Zhu Rongji elogió por ser «totalmente correcta» la guía secretario general Jiang Zemin, que en el 16 Congreso del Partido Comunista chino debería dejar la dirección de la organización.

Además, reiteró el compromiso de aplicar «el importante pensamiento» de los «tres representantes»: las fuerzas productivas avanzadas, la cultura avanzada y las masas.

Los «tres representantes»  considerados como la contribución ideológica que ubica a Jiang en el Olimpo de los teóricos del marxismo chino  se incluirán en el Estatuto del Partido, abriendo las puertas a los «capitalistas rojos».

En la mesa de los líderes, bajo un palco decorado por un lecho de flores y dominado por diez banderas rojas, los 19 dirigentes miembros de la Oficina política y de la Secretaría escucharon en silencio, sentados en amplios sillones por orden de importancia, con el presidente del Congreso saliente, Li Peng, a la derecha de Jiang, y Zhu Rongji a su izquierda.

Un editorial del Diario del Pueblo resume lo realizado en los últimos cinco años por el último Congreso, y prevé que el próximo, «manteniendo en alto la bandera de Deng Xiaoping», sentará las bases programáticas para realizar lo ya indicado por Deng en 1987: la tercera fase de desarrollo.

Es decir, cuadruplicar el actual PBI per cápita  equivalente a 1.000 dólares  en los próximos 30 o 50 años.

La fiesta nacional detiene de hecho a China durante una semana. Las oficinas y escuelas están cerradas, en tanto en Pekín se prevé la llegada de 2,2 millones de turistas chinos, el 10 por ciento más que el año pasado.

Los ferrocarriles harán circular 80 trenes extra para los 35 millones de viajeros previstos, y 1.700 vuelos chárter más que los habituales atravesarán los cielos de China. *

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