La frágil salud de Juan Pablo II
La cuestión que preocupa al mundo católico se produce en momentos en que el Papa polaco tiene una intensa agenda por delante, en pleno Jubileo y con varios viajes al exterior ya programados o en carpeta.
Hoy, Juan Pablo II celebró la habitual audiencia pública semanal en Plaza San Pedro ante unas 40 mil personas y regresó a su residencia veraniega de Castelgandolfo para algunos días de descanso.
No serán tantos. El domingo regresará al Vaticano para la canonización de la religiosa polaca Faustina Koowalska; el 1º de Mayo participará en el Jubileo de los Trabajadores, y dos semanas después partirá hacia Portugal para rendir un homenaje a la Virgen de Fátima, a quien siempre ha atribuido el haber sobrevivido al atentado de mayo de 1981. Durante la Semana Santa, el Papa celebró cinco misas en público, de las cuales sólo la de la vigilia pascual duró casi tres horas y media.
A esto hay que sumar la audiencia general de hoy miércoles, la celebración de la Pasión y el Vía Crucis del Viernes Santo y el Regina Coeli (la oración mariana que sustituye el Angelus) del lunes, para el cual Juan Pablo II permaneció en Roma, atrasando un día sus vacaciones.
Las imágenes de muchas de estas ceremonias fueron difundidas en todo el mundo por la televisión, y los fieles pudieron una vez más comprobar la fragilidad del Papa, que se mueve con dificultad, parece muy encorvado y no logra controlar el temblor de su mano izquierda.
Resulta significativo, sin embargo, que estas imágenes de un Papa anciano, enfermo y sufriente, resultan muy diferentes según quien lo analiza. Es así que Alceste Santini, «vaticanista» del diario ex comunista L’Unitá, habla hoy en un breve artículo del «cansancio» y la «enfermedad» de Juan Pablo II, y expresa su preocupación por el futuro inmediato, en el que el Papa deberá enfrentar una vez más una agenda de compromisos muy cargada.
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