Washington y el exilio cubano se distancian más

La odisea de Elián suscitó un interés sin precedentes de la opinión norteamericana por Cuba, pero la radicalización del influyente exilio de Miami durante la controversia complica toda eventual evolución en las relaciones entre Estados Unidos y la isla.

«La brecha entre la comunidad cubano-americana y el gobierno federal, visible en el caso de este nino, tiene consecuencias muy importantes sobre las capacidades de Estados Unidos para manejar crisis futuras en Cuba», estimó Bernard Aronson, ex subsecretario de Estado para Asuntos Interamericanos.

El operativo estilo «Rambo» para devolver a Elián González a su padre suscitó un debate en Estados Unidos sobre los medios utilizados, pero la opinión pública confirmó a través de las encuestas su respaldo (57% a favor) a la causa de Juan Miguel González para recuperar a su hijo.

La saga del nino náufrago, omnipresente en los medios desde hace varios meses al punto de opacar la campana electoral presidencial estadounidense, indiscutiblemente despertó el interés de los norteamericanos por la isla caribena, la relaciones con Castro y el exilio instalado en Florida.

Oficialmente, nada ha cambiado en la política de Estados Unidos hacia Cuba, que permanece idéntica tras cuatro décadas de embargo, salvo una reciente y ligera flexibilización esbozada por el gobierno de Bill Clinton para promover contactos «de pueblo a pueblo».

«Todas esas especulaciones sobre los efectos (del caso Elián) sobre las relaciones entre Cuba y Estados Unidos son simplemente eso: especulaciones», dijo la semana pasada el portavoz del Departamento de Estado James Rubin.

«Desde nuestro punto de vista, seguimos aplicando lo que consideramos ser la política adecuada para Cuba y no vemos ninguna razón para que todo esto suscite cambio alguno».

Sin embargo, expertos y políticos coinciden en que Elián incrementó la brecha entre la comunidad cubana de Miami y el gobierno federal, y separó al exilio del resto de la opinión pública –incluyendo la población no cubana de Florida–, opinión confirmada por las encuestas.

El exilio anticastrista, por su peso electoral y su poder económico y político en ese importante estado, mantiene una influencia determinante en Washington sobre la política hacia Cuba.

«?Por qué tenemos un doble estándar para Cuba y para China en materia de derechos humanos? La diferencia está en Florida», comentó el representante demócrata Charles Rangel, al deplorar que Washington se abra al comercio con el gigante asiático y mantenga un embargo contra la isla caribena.

Más que el debate sobre el embargo, lo que parece preocupar a Washington y sobre todo al huésped de la Casa Blanca a partir de enero próximo, es la hipótesis de una crisis grave en La Habana y sus consecuencias para Estados Unidos.

Tanto el candidato demócrata Al Gore como el republicano George W. Bush se pronunciaron en favor de mantener la línea dura contra Cuba mientras no haya cambios drásticos en La Habana.

En ese caso, explicó, Washington teme una ola de balseros hacia Florida, o incluso un brote de violencia descontrolada en la isla.

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