Angustia y odio entre los testigos de la carnicería de la Universidad del Monte Scopus
Luego del atentado con bomba que le costó la vida a siete personas este miércoles en la cafetería de la universidad hebraica del Monte Scopus, en Jerusalén este, la angustia, la fatiga y el odio invadió a los testigos de esta carnicería.
El atentado, en la cafetería del centro universitario internacional Frank Sinatra del departamento de derecho de la universidad, que ofrece cursos de verano, dejó 70 heridos, de los cuales nueve en estado grave, según el portavoz de la policía.
El brazo armado del movimiento palestino islamita Hamas reivindicó este atentado.
«Vine a comprar algo a la cafetería y salí a comerlo afuera. Hice apenas 30 metros cuando escuché la explosión. En mi vida nunca había escuchado una explosión parecida», explicó temblando Ilana Kedmi, una empleada de la universidad.
«La cafetería se cubrió súbitamente con un espeso humo negro. Luego, silencio. Poco a poco vi a la gente salir titubeando», agregó.
«En el interior vi el cuerpo de una mujer tendido en el suelo», y agrega sollozando, «la cabeza de la mujer estaba junto al cuerpo».
Más allá de la tristeza y el cansancio, es sobre todo el odio que predomina en Yoram Cohen, responsable de relaciones entre la universidad y Europa.
«Pasó justo abajo de mi oficina. Bajé enseguida. Era un horror. Se sentía el atroz olor a carne quemada», explicó.
«No se hace política en esta universidad. Tenemos estudiantes árabes, cristianos, judíos», indica con voz firme.
La policía, los servicios de rescate, así como los miembros de Zaka, una organización de judíos ultra-ortodoxos que se encarga de recoger los cuerpos de los muertos y los pedazos de cadáver luego de cada atentado, trabajan en el interior y en el exterior de la cafetería.
El lugar de la carnicería es una amplia escena de horror: paredes manchadas con sangre, vidrios rotos y proyectados a varios metros a la redonda, mesas y sillas volteadas, y en el suelo remeras manchadas con sangre.
Un joven hombre, con una kippa, se quiebra en llantos contra la pared.
El tatuaje que una joven tiene el cuello se torna irreconocible por la sangre que derrama y desciende desde su cabeza por sobre sus mejillas.
Otra joven, cuyo rostro y ropas están impregnadas de sangre, camina con dificultad.
Los cuerpos de los muertos están dentro de bolsas negras alineados sobre camillas junto a la cafetería.
Contrariamente a los precedentes atentados suicidas perpetrados por kamikazes palestinos, la explosión fue provocada esta vez por la deflagración de una bomba ubicada en un bolso de plástico que estaba sobre una de las mesas de la cafetería. *
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