La carne es débil

Entre catequesis y misas, algunos de los jóvenes peregrinos de las Jornadas Mundiales de la Juventud encuentran tiempo para flirtear con el pecado de la carne, sin sentir por ello deseos de correr hasta los confesionarios colocados a su disposición a lo largo del lago Ontario.

«Mi padre me preguntó por qué quería venir y le dije que quería conocer chicas» asegura Tim Hilbert, de 16 años. «El me respondió: al menos eres honesto» recuerda este joven estadounidense de Massachussets, que por ahora no ha podido conseguir otro trofeo que el e-mail de una joven peregrina.

«Vamos a recibir besos a la europea», suspira entusiasta Lauren Buonomo, otra joven estadounidense, de Pensilvania, poco acostumbrada en su país a saludarse con dos besos en las mejillas. Con sus amigas Katlyn y Christine Gallagher, esta norteamericana de 17 años observa un grupo de jóvenes alemanes que toman el sol con el torso desnudo sobre el césped del Palacio de Exposiciones, el amplio centro donde tienen lugar las celebraciones. «Son más fáciles de abordar así», bromea Lauren.

Los jóvenes alemanes también reconocen que están en Toronto para aprovechar la ocasión. «Yo no, ya estoy completo» dice uno de ellos, Mattias Bucksteger, de 21 años, mientras se abraza a su novia.

A sus 24 años, el uruguayo Santiago Gómez, dice haber venido «para buscar chicas» «El Papa es tan sólo un pretexto», agrega seriamente. *

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