El crac de la Bolsa y la bancarrota de WorldCom
El viernes 19 se habló del crac de la Bolsa de New York. El domingo 21 se precipitó la bancarrota del gigante de las telecomunicaciones WorldCom, la mayor en la historia de Estados Unidos y la más escandalosa por la magnitud de las malversaciones contables que la originaron. En esta falsificación de cuentas para disimular sus pérdidas superó a Enron, cuya quiebra fraudulenta desencadenó desde diciembre 2001 lo que hoy aparece como el más grave desplome de la Bolsa. El lunes 22 Wall Street caía a niveles mínimos desde 1998, con la baja sensible de todos sus índices (Dow Jones, Nasdaq, Standard & Poor’s) y se estimaba que no había llegado al fondo del pozo. Ayer los indicadores se hundieron aún más.
Ascenso fulgurante y caída estrepitosa
WorldCom era la segunda empresa estadounidense en comunicaciones a distancia (superada sólo por la AT&T, una de las principales gestoras del golpe en Chile) y el primer operador mundial en servicios de Internet. Con ramificaciones en 65 países, filiales importantes en Brasil y México (que sintieron el impacto, lo mismo que en Alemania, Francia, Gran Bretaña) y 20 millones de abonados, contaba con 85 mil empleados, los primeros en pagar el pato. Descrita como «símbolo de la Norteamérica eufórica del fin de los 90″, recibió inversiones que sextuplicaron su giro en un año. Se habló entonces de su «bulimia de adquisiciones».
El grupo inicial, creado en 1983, adquirió Advanced Telecommunications en 1992, IDB WorldCom en 1994, un año tras otro UUnet y MFS, y en 1998 CompuServe y el gran grupo MCI. En 1999 pugnó por absorber Sprint, tercera firma en el ramo, con lo cual hubiera desbancado a AT&T del primer lugar. Sus acciones estaban a 62 dólares en junio de 1999 y pasaron ahora a cotizarse a… 9 centavos de dólar. Como en el dicho latino de Cave Ne Canem: cuanto más alto subas, más hondo te precipitarás en tu caída.
¿Qué pasó? Se descubrieron deudas fenomenales encubiertas por un fraude contable que las trasmutaba en ganancias. Lo mismo que en el caso de la energética Enron. Sólo que WorldCom batió el récord, ascendiendo el desfalco a 3.855 millones de dólares en los últimos 5 trimestres. En ambos casos se contó con la complicidad de la auditora Arthur Andersen, en realidad a sueldo de las empresas que debía auditar, y que está encausada ante la justicia porque procedió a la destrucción masiva de documentos para borrar las huellas (véase nuestra nota del 30 de junio, «Después de Enron, el escandaloso fraude de WorldCom»).
Fraudes gigantescos
Este último saltó el pasado 25 de junio, aunque la maniobra de inflar los falsos beneficios (que servían para elevar la cotización de las acciones) se venía realizando desde 2001, y quizá desde 1999. Estos dos casos no son los únicos.
A esta altura, las maniobras contables confesadas corresponden a la empresa de artículos de oficina Xerox, que podría ser la tercera en magnitud (confiesa «errores contables» de 2.000 millones de dólares pero The Wall Street Journal estima en el triple los mayores ingresos ficticios contabilizados incorrectamente en los últimos 5 años), a la que se suman Adelphia, Tyco, Global Crossing, Qwest, Dynegy, ImClone, Kmart Corp, antes de todas ellas Texaco y últimamente la gran firma farmacéutica Johnson & Johnson. Este año, hasta mayo se habían registrado 93 quiebras empresariales. De las 10 mayores quiebras de toda la historia norteamericana, 6 se produjeron en los últimos dos años: Pacific Gas&Electric, Enron, Kmart, Global Crossing, Adelphia y WorldCom.
Una nueva legislación aprobada de urgencia procura responsabilizar directamente por estos fraudes a los directivos de las empresas. El presidente del New York Stock Exchange, Richard Grasso, dice que deben ir a la cárcel, pero hasta ahora no sucedió.
El fondo del pozo
Lo que sí vimos es a estos distinguidos caballeros jurando su honorabilidad en la TV, y compareciendo ante la Comisión del Senado, pero negándose a declarar: tal es el caso de John Sidgmore, capo de WorldCom desde que en abril echaron por la borda a Bernard Ebbers, el fundador.
Los analistas hablan de debacle, de pánico en Wall Street, de volatilidad e imprevisibilidad del dios mercado. Incluso consorcios tentaculares como IBM, General Motors y General Electric se sienten amenazados, temiéndose que la crisis desborde a los mercados de la vivienda y el consumo, se enlentezca la economía y se abra paso a otra recesión. En suma, la percepción dominante es que no se llegó al fondo del pozo.
Bush salió a la palestra procurando detener la caída y otro tanto hizo el titular de la Reserva Federal, Alan Greenspan, ante las comisiones del Congreso. El presidente renovó su confianza en el secretario del Tesoro Paul O’Neill (para evitar que siga la suerte de Bensión). Fue para peor. La Bolsa siguió en caída libre y no se logró superar la crisis de confianza en los mercados. Pero esto tiene una sencilla explicación.
Casa Blanca y doble moral
Leemos en Time bajo el título: «Una moral de doble filo. La Casa Blanca quiere cambiar la ética empresarial cuando Bush y Cheney hicieron lo mismo que critican». La nota comienza así: «La Casa Blanca de Bush es literalmente una súper empresa, dirigida por ejecutivos corporativos: Dick Cheney en Halliburton, una gigante petrolero; el secretario del Tesoro, Paul O’Neill, de Alcoa (aluminio); el secretario del ejército, Thomas White, de Enron». Luego informa que Bush, siendo director de la petrolera Harken Energy en 1989, ocultó pérdidas como ahora hizo Enron; y que Cheney fue investigado porque, como presidente ejecutivo de Halliburton, maquilló la contabilidad para mejorar los resultados de la alicaída compañía. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad