Gaza cuenta sus muertos sumida en la rabia y la conmoción
«Mi mujer, mis hijos: todos muertos. Una verdadera masacre», solloza inconsolable Abu Hamed Mater ante las ruinas de su casa en el centro de la ciudad de Gaza, que fue objetivo el lunes por la noche de un bombardeo israelí que acabó con la vida de al menos 15 personas.
El pánico provocado por la operación israelí, que mató entre otros al jefe del brazo armado del grupo islámico radical Hamas y a nueve niños e hirió a 140 personas, dejó paso este martes a los gemidos de dolor, a las lágrimas y a la cólera en el barrio popular Al Daraj.
En medio del cemento y los amasijos de hierros, aparecen pedazos de cadáveres, piedras ensangrentadas, muebles e incluso los restos de la cena. Dos edificios residenciales de varios pisos quedaron en ruinas, otros tres fueron prácticamente destruidos y diez muy dañados.
Del cuerpo de Salah Chehadé, jefe del brazo armado de Hamas, las brigadas Ezzedin Al Qassam, y objetivo de esta operación no queda nada. La misma suerte corrieron su guardaespaldas, su mujer y su hija de 10 años.
Pero la noche también fue trágica para Abu Mohammad Matar, de 30 años, que perdió a su mujer Iman, de 27 años, y a sus cuatro niños, de edades comprendidas entre los dos meses y los cinco años. El bebé, Dunia, murió en su cuna. Una de sus sobrinas, de 11 años, también perdió la vida.
Matar se sienta impotente ante la montaña de escombros. «Ya no tengo familia», repite, como hipnotizado.
Centenares de palestinos, muchos de ellos en pijama, salieron a las calles para mostrar su ira tras este ataque. Algunos lanzan disparos al aire, otros pidieron venganza por los altavoces situados en cada mezquita.
El martes, no había nadie en Gaza que no contara el horror sufrido la pasada noche, cuando un avión de combate F-16 dejó caer un misil de 450 kilogramos que sembró el caos y la desolación en este modesto y popular barrio.
«Era como un terremoto», describe Muin, un pintor de 38 años, que vio caer el misil en el edificio de Chehadé. «Estaba sentado en la calle con un amigo y mi silla comenzó a temblar», contó.
«Después del ataque, el F-16 siguió sobrevolando la ciudad. Tuvimos miedo de que lanzara otro misil. Por ello no nos arriesgamos a ir al lugar en aquel momento», añadió Muin.
La completa oscuridad que reinaba en la calle tras el bombardeo dificultó la tarea de los equipos de rescate, que trabajaron toda la noche con antorchas mientras que las toneladas de escombros hacían imposible el acceso de las ambulancias.
Una multitud en pánico trataba de rescatar a las víctimas siguiendo el rastro de sus gritos de dolor y desesperación.
«Había pedazos de cuerpos por todas partes y los equipos de rescate intentaban juntar los trozos de cadáveres para intentar identificar a los muertos», contó Iyad, de 40 años, miembro de las fuerzas de seguridad palestinas que luchó en Líbano en 1982.
Acostado en su cama en el hospital Al Chifa de Gaza, la joven Iman, de 12 años, no se acuerda de casi nada. *
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