La excomunión, el castigo más severo de la Iglesia Católica

La excomunión, con la que el Vaticano amenazó a siete mujeres por haber sido ordenadas sacerdotes el mes pasado por un arzobispo argentino cismático en Austria, es la pena más severa de la Iglesia Católica.

Existen dos formas de excomunión –«latae sententiae» y «ferendae sententiae»– en función de la gravedad de la falta cometida.

Según el código del derecho canónico, los culpables de faltas de extrema gravedad contra la doctrina son excomulgados automáticamente, «latae sententiae», sin necesidad de decisión expresa de la autoridad competente ya que se supone que son conscientes de que su comportamiento es delictivo.

Los motivos de excomunión «latae sententiae» son herejía, apostasía, cisma, violencia contra el Papa, consagración de un obispo sin orden del Sumo Pontífice, aborto, profanación de la eucaristía, absolución del «cómplice» en el supuesto de relaciones sexuales y violación del secreto de confesión, precisa el derecho canónico.

La mayor parte de los casos de excomunión son tratados por la Santa Sede, el Papa o la Congregación para la doctrina de la fe, y a veces por el obispo titular.

Para las faltas menos graves, «ferendae sententiae», la autoridad competente debe tomar una decisión expresa de excomunión, después de un eventual proceso.

La excomunión prohíbe el ejercicio de actividades litúrgicas o pastorales y de la participación en la vida sacramental de la Iglesia. Es la más severa de las penas pronunciadas por la Iglesia. *

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