Nuevos líderes argentinos le huyen a la presidencia del país
Artaza lucha junto a miles de ahorristas por la devolución de sus depósitos, congelados por el gobierno para evitar una corrida bancaria. El cómico, de 42 años, es uno de los nuevos líderes que emergió en una Argentina al borde de la anarquía.
La furia con los políticos por su corrupción y por haber destruido una prometedora economía emergente ha provocado el surgimiento de nuevos líderes que cargan sobre sus espaldas la responsabilidad de renovar a la desprestigiada clase política.
Pero mientras algunos líderes no esconden sus ambiciones, como es el caso del ex presidente Carlos Menem, otros se muestran temerosos a actuar en política.
«Yo no soy economista ni político y no quiero ser candidato a nada, menos a la presidencia», aseguró Artaza.
Tal negativa es comprensible en el marco de una grave crisis económica y protestas diarias de desocupados y de la clase media a la que se le congelaron sus ahorros.
El ex presidente Fernando de la Rúa y su sucesor debieron renunciar y el actual mandatario interino, Eduardo Duhalde, debió adelantar las elecciones seis meses para marzo de 2003.
¡Qué se vayan todos!
Argentina está al borde del colapso, entre el descontento y temores de que grupos de derecha nostálgicos de la dictadura o desocupados izquierdistas intenten llenar el vacío de poder.
Agobiada por delitos y secuestros, con un 25 por ciento de su fuerza laboral sin empleo y la mitad de sus 36 millones de habitantes en la pobreza, Argentina es un polvorín.
«No queremos que nuestros hijos sigan cortando la ruta por un plato de comida o un denigrante subsidio del gobierno», dijo Alicia Gutiérrez, miembro de una asamblea vecinal surgida al calor de los disturbios de diciembre, que dejaron 27 muertos.
En cooperativas como la huerta que atiende Gutiérrez en Avellaneda, al sur de Buenos Aires, el sentimiento de oposición gana fuerza. Estos grupos de desempleados cortan caminos en las puertas de acceso a la capital del país casi a diario.
«Que (los políticos) den paso a la nueva dirigencia que están haciendo las asambleas populares a través de los piqueteros (desocupados). Los trabajadores van a saber cómo darle salida a este país», dijo Gutiérrez.
El analista Felipe Noguera, que está dando un curso para políticos novatos, está convencido de que «la gente no quiere la vieja política pero no quiere una dictadura de derecha ni los piqueteros violentos de izquierda».
«La gente dice ‘quiero una nueva política’ pero se pone ansiosa con razón porque no la ven en ninguna parte», agregó.
Un reciente sondeo de la consultora Mori reveló que el 56 por ciento de los argentinos aún no sabe a quién votará o directamente no concurrirá a votar o impugnará su sufragio. El candidato más votado llegaba apenas al 7,4 por ciento.
La situación parece indicar que el bipartidismo encarnado por el gobernante Peronismo y la centrista Unión Cívica Radical corre peligro de extinguirse.
Pero la tenacidad de los políticos tradicionales es tal que aún el ex corredor de Fórmula Uno Carlos Reutemann no se animó a desafiarlos con su candidatura a presidente, pese a que encabezaba los sondeos de opinión.
El ahora gobernador peronista tiene la buena imagen y austeridad (en su provincia, Santa Fe, dicen que «tiene un cocodrilo en el bolsillo») que atrae a los votantes.
Aunque no es ni joven (tiene 60 años) ni «nuevo» –fue un protegido del ex presidente Menem y ha gobernado Santa Fe durante una década– no actúa como un político tradicional. «Es austero, serio y odia, realmente odia lo que son las internas típicas de la política», lo describió un empresario.
Lo que el gobernador vio
Luego de afirmar que «competiría hasta con el mismo diablo», Reutemann renunció a la candidatura, aduciendo que «había visto algo» que lo hizo desistir de su postulación.
Algunos gobernadores especulan con que recibió presiones de partidarios de Menem, que presidió Argentina entre 1989 y 1999 y, que nuevamente en carrera por la primera magistratura, dijo que él es «el único que puede salvar al país».
Disfrutando sus 72 años del brazo de su nueva esposa, la ex reina de belleza chilena Cecilia Bolocco, Menem es visto por muchos como el culpable de la actual crisis económica debido al alto endeudamiento registrado durante su segundo mandato.
En cambio, su primer período es recordado por haber erradicado la hiperinflación.
En una señal del escepticismo que reina, muchos creen que Menem puede ganar aunque la mayoría dice que no votaría por él. En el sondeo de Mori se ubicó en el cuarto lugar con apenas un 6,1 por ciento.
«Si el peronismo como partido decide que sea Menem el candidato, evidentemente la Argentina camina para atrás», dijo Patricia Bullrich, una ex militante en la convulsionada década de 1970 que aspira ahora a la presidencia.
Los potenciales competidores le allanan el camino a Menem. Luego de la salida de Reutemann, Mauricio Macri, presidente del popular club de fútbol Boca Juniors, dijo que no competirá por la presidencia.
«Creo que hoy Argentina todavía no esté lista para elegir un partido absolutamente nuevo», dijo Macri, agregando que le gustaría ocupar un cargo en el próximo gobierno, que según vaticinó será peronista.
Hasta la diputada izquierdista Elisa Carrió, que con un enorme crucifijo en su pecho encabeza los sondeos para la presidencia, amenazó con no postularse si no son renovados todos los cargos junto con los comicios presidenciales.
Pero detrás del reclamo de Carrió, una mujer de 45 años de aspecto desaliñado, se esconde su estrategia: si no se renueva el Congreso, la por ahora diputada tendría un parlamento y la mayoría de las provincias dominadas por el peronismo, lo que sería un gran escollo para su eventual gestión.
«La Argentina de la decencia le va a ganar a la arrogancia de las mafias», desafió.
La salida de Reutemann amenaza con polarizar la elección entre aquellos que ven a Menem como el símbolo de la corrupción y aquellos que consideran a Carrió como una advenediza sin experiencia ejecutiva.
Con internas abiertas por primera vez, muchos no peronistas prometen votar sólo para que Menem no gane las primarias. Esa actitud beneficiaría a Adolfo Rodríguez Saá, que gobernó durante una semana y declaró la cesación de pagos, y al gobernador de la provincia de Córdoba, José Manuel de la Sota.
Las internas del peronismo están tan al rojo vivo que un candidato que no cuenta con la bendición del partido –Rodríguez Saá– denunció un complot en contra de su persona y de otro gobernador para matarlos si no renuncian a su postulación.
«Son las viejas prácticas políticas que la población quiere erradicar, pero todavía no encuentra cómo», dijo el socialista Luis Zamora, uno de los pocos políticos que puede caminar por la calle sin ser agredido gracias a su imagen austera. *
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