La dura interna de los peronistas
ISIDORO GILBERT, CORRESPONSAL EN ARGENTINA
Los datos están a la vista: dos pretendientes para las internas abiertas del 24 de noviembre han desistido, con diversos argumentos, pero dejaron la estela de que fueron apretados por el menemismo. Cierta o no, la sospecha está instalada.
Vino ahora la ominosa perspectiva para el futuro: en Santiago del Estero, un sector hizo lo imposible y lo ostensible para impedir que ayer fuera Carlos Menem en tren proselitista: partidarios del cacique provincial, el histórico Carlos Juárez, desmantelaron la vivienda del hombre del ex presidente en esa provincia.
Juárez es como el difunto dominicano Joaquín Balaguer; sus métodos no tienen demasiados seguidores en otros gobernadores pero sí un viejo resquemor con el riojano.
Es necesario reiterarlo: otros dos pretendientes de la interna el puntano Adolfo Rodríguez Saá y el santacruceño, Néstor Kirchner, afirman saber que pueden ser asesinados, o que son seguidos por los sabuesos de la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE). ¿Es una denuncia fundada o sólo proselitismo? La esposa de Kirchner, que es senadora nacional, jura haber recibido la advertencia en la boca del más alto dignatario de la Iglesia Católica.
Habríase hecho la denuncia en sentido figurado pero lo cierto es que desnuda la guerra entre aparatos con intereses discutibles. Los eclesiásticos prefieren no ahondar la disputa pero los angustia el futuro.
Hay un dato: en el peronismo están convencidos que quien triunfe en la interna partidaria tiene asegurada la presidencia. Pero con una condición: que el pretendiente no sea Menem cuya imagen negativa en la sociedad es concluyente.
Los moderados del peronismo han recibido la oposición del FMI a la dolarización, la bandera del riojano, como una bendición. Y están seguros que los míticos contactos que dice Menem tener en los EEUU no pasan de George Bush, pero el papá, que tiene con su hijo una relación tempestuosa.
A De la Sota le salió un Rodríguez Saá
El discurso de Menem puede serle tan fatal como los odios que dejó en el camino. En 1988, su victoria en la interna ocurrió porque la suya era la más peronista de todas las promesas. La plataforma que levanta es hoy tomada como la antítesis del justicialismo. Ser peronista o menemista es más que una consigna.
Difícilmente todos pueden tener la misma plataforma y que dirigentes o cuadros acepten al ganador de la interna si un Congreso partidario previamente no fija los objetivos, es hoy dudoso.
El gobernador de Córdoba José Manuel de la Sota se lanzó ayer al ruedo pero el 26 de julio, día en que hace 50 años Eva Perón -segundo santo en la liturgia justicialista- pasó a la inmortalidad, le dará solemnidad. La fecha no es neutral, pero es difícil que el cordobés quiera reflotar el espíritu plebeyo de la difunta. El está en la corriente pro norteamericana. Sin embargo, «se presentará como un peronista moderno, no como el Menem rubio», dicen a su lado para compensar.
En el peronismo no se desconocen las posiciones críticas contra los EEUU de la mayoría de la población, como lo registra Gallup y lo ha transmitido el embajador Lames Walsh a sus superiores.
En ese sentimiento cabalga el efímero ex presidente Rodríguez Saá. Eduardo Duhalde leyó una encuesta de su hurgador preferido y le subió más fiebre que la de su gripe pertinaz: el puntano hoy estaría al frente, incluso a un pelito de Carrió. La lectura les trajo otros disgustos: en la interna, sería Menem el triunfador. Una interpretación posible: Rodríguez Saá no recoge, afuera ni adentro, votos menemistas. Ergo: en la interna sería funcional al riojano.
El pánico que genera en sectores peronistas Menem como candidato es similar al que provoca Carrió como pretendiente por el centro-izquierda, porque la mujer vencería al riojano, piensan en el gobierno tomando como dato el sentimiento de la sociedad.
En la encuesta indicada hay una conclusión: si hay polarización entre Menem y Carrió, la gente, al menos en los grandes distritos, saldrá a la calle antes del recuento de cómputos para repudiar al ex mandatario.
Pero Rodríguez Saá es no querido en el núcleo de hierro de Duhalde y por eso algunos de sus componentes preferirían acordar con Menem. De eso está convencido Rodríguez Saá que saldrá a denunciar el nuevo «Pacto de Olivos», dominación para los acuerdos bipartidarios.
Sin embargo, Duhalde sólo puede mantener hoy por hoy poder territorial, manteniendo su pelea con Menem. De su núcleo debería salir el candidato a vicepresidente que acompañara a De la Sota. Si el puntano o el riojano ponen un pie en serio en el Gran Buenos Aires, el imperio territorial de Duhalde comenzaría a desmoronarse.
Por ello es más probable que Rodríguez Saá decida no participar de la interna, por algo prepara con su hermano Alberto, que es senador nacional, un partido alternativo. El ex gobernador de San Luis es un marginal en la nomenclatura del PJ y no puede esperar de ella, ayuda.
Fisuras en el menemismo
Alguien ha dicho que la interna no es para ansiosos sino para perversos.
En el viejo menemismo hay fisuras. Hombres como el ex ministro del Interior, Carlos Corach, le dirán que deje la posta en un peronista de consenso que cuente con su apoyo para evitar males mayores.
Los gobernadores peronistas no alineados todavía, se reunirán entre el martes en Formosa para decidir a quién respaldan en la interna. Esa estructura suprapartidaria tenía un compromiso mayoritario con el santafesino y De la Sota no los convence. ¿Buscarán otra opción? ¿Es el fuego sagrado de la ambición el que mueve a los organizadores del cónclave?
Estaba escrito: a Reutemann comienza a caérsele la noche: ya dejó de obedecerle gran parte de los suyos como lo desnuda el rechazo a su pedido de anticipar los comicios para gobernador y reformar la carta magna.
Este desdoblamiento de los comicios locales de los nacionales tiene lecturas antagónicas. Lo respalda en la provincia de Buenos Aires el gobernador Felipe Solá que aspira a sucederse a sí mismo. Pero en los ámbitos del puntano creen que es parte del acuerdo con Menem, para facilitarle a Duhalde imponer su vicario, tal vez una intriga
Son en rigor como la reforma electoral bonaerense que bloquea candidaturas independientes o fuera de los partidos, maniobras quedantistas, porque se disparan más aún del pedido popular de elegir en marzo a todos de una sola vez, previa caducidad de mandatos. Si el recuento globular de las presidenciales es adverso a los dos partidos que hoy sustentan la mayoría de los cargos, les da tiempo para reformular su táctica.
Es que si se renovara todo (o se hicieran juntas con la presidencial, las renovaciones pautadas constitucionalmente), la figura del ganador (en este caso la temida es Carrió) podría arrastrar los otros cargos.
Cambio norteamericano
Los comicios han comenzado a preocupar en Washington. La reciente experiencia boliviana, donde el embajador norteamericano advirtió que era de su desagrado el candidato del MAS, Evo Morales, está indicando que hay un cambio importante en la política exterior de los EEUU.
Cuando en 1994, se midieron Ernesto Zedillo con Cuauhtémoc Cárdenas, Bill Clinton envió a su asesor en política latinoamericana, Arturo Valenzuela, a entrevistar al segundo para darle garantías de que si ganaba sería respetado por su administración.
Ahora los Cárdenas potenciales más allá de la suerte del mexicano– brotan por Brasil, Uruguay, Argentina y no es digerible el argumento de que la administración Bush tome displicentemente posibles cambios en esos países hacia el centro izquierda.
La reciente gira por estos tres países del subsecretario de asuntos latinoamericanos, Otto Reich, y la que inicia antes de fin de mes en Brasil y sigue por los otros el secretario del Tesoro, Paul O’Neill tienen aspectos concordantes.
Se lee en el oficialismo estos dos viajes como un cambio en la actitud de la administración Bush que desdeñó el efecto Tango, como también los graves problemas que genera el neoliberalismo. Es probable que preste más atención al contagio, pero el neoliberalismo es el alfa y omega de lo que quieren los EEUU para estos países y Bush atraviesa un momento de declinación por los fraudes comerciales, que lo salpican.
Reich ya dejó plantado el phisique du role que pretenden para el futuro presidente argentino, y el sayo no le cae ni a Carrió ni a Rodríguez Saá. Y ni qué hablar del socialista de izquierda, Luis Zamora.
Hay mucho río por navegar. El bloque de cambios posibles en los tres países tiene historias diferentes. Tanto el PT como el Frente Amplio, contienen un gran proyecto coincidente, aún con sus sectores más izquierdistas, porque no pierden de vista lo fundamental.
En Argentina hacer confluir el bloque de centro-izquierda que lidera Carrió con la izquierda política y social es hoy inimaginable. No se trata de votos, porque acaso las masas que uno u otro influyen sabrían dónde sufragar en una segunda vuelta. Lo que está en el centro de la atención es construir un soporte político-social para un programa de cambios.
¿Que el de Carrió no es revolucionario? No está en discusión.
De hecho su ministro de Economía en las sombras, Rubén Lo Vuolo, un joven académico con master en Filadelfia pero no ligado al establishment, replantea la posibilidad de fomentar una política de mercado diferente con Estado fuerte porque, dice, el capitalismo tiene matices, y las necesidades de los países en vía de desarrollo son otras a las del mundo industrializado.
Eso, más la renovación política y ética, es revulsiva, porque afectará la distribución del ingreso, el papel del Estado en el contralor de los sectores concentrados, cómo se renegociará la deuda, y con el FMI, y en el modo de inserción de Argentina en el mercado mundial, poniendo el acento en el Mercosur.
No es verdad que no es posible algo diferente a lo que ofrece el statu quo. Es cierto que el espacio del cambio no tiene un discurso cohesionado. En ello está su debilidad. *
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