Izquierda sufrió derrota
La presentación de D’Alema ante las dos cámaras será ocasión para aclarar la situación surgida tras la derrota del centro-izquierda en las elecciones regionales del domingo.
A la salida de la reunión de 45 minutos que mantuvo en el «Quirinale» –sede de la Presidencia– D’Alema aclaró que en su opinión sería «un grave error» disolver las cámaras, hecho que allana el camino para la convocación de elecciones políticas anticipadas.
Sin embargo, la convocación de los comicios es precisamente lo que hoy reclamaron con fuerza a lo largo de todo el día el ex premier Silvio Berlusconi y los otros dos grandes líderes opositores, el jefe de la Liga Norte Umberto Bossi y el presidente de la derechista Alianza Nacional Gianfranco Fini.
Uno de los problemas que se presenta en esta nueva crisis política italiana es que la eventual disolución del Parlamento impediría la celebración de una serie de referendos populares previstos para el 21 de mayo, entre los cuales se destaca una consulta clave sobre el sistema electoral.
D’Alema había pedido por la mañana la reunión con el jefe del Estado, a raíz de la grave derrota de su coalición de centro- izquierda frente a las fuerzas opositoras de Silvio Berlusconi, que se quedaron con 8 de las 15 regiones donde se votó.
El premier subrayó que pidió reunirse con el jefe del Estado «como acto de sensibilidad política, visto el éxito de la oposición en los comicios».
La izquierda italiana sufrió una dura derrota el domingo en las elecciones regionales, unos comicios considerados claves para la coalición al poder, a un año de las elecciones legislativas.
El Polo de las Libertades del magnate de las comunicaciones Silvio Berlusconi venció en las regiones prósperas e industriales del norte de Italia.
En la región símbolo del Lacio, sede de la capital, el candidato neofascista también ganó, así como en algunas regiones del sur desheredado, como Pullas y Calabria.
La izquierda, que gobernaba once regiones de las quince en que se celebraron elecciones para presidente regional, conserva sus tradicionales bastiones del centro de la península (Toscana y Emilia Romaña), donde de todos modos perdió terreno, y Campaña, al sur, donde se confirmó el triunfo de Antonio Bassolino.
En varias regiones del sur, el resultado dependía de un puñado de votos, ya que la diferencia era mínina entre los candidatos de centro-izquierda y de centro-derecha.
La participación fue del 72,6% contra el 81,3% de las precedentes elecciones regionales, en 1995.
La derecha y su controvertido aliado secesionista de la Liga Norte, vencieron en todas las regiones del norte obteniendo el 50,7% de los votos contra el 45,1% del centro-izquierda, aliada con los comunistas. La derrota de la izquierda no tiene apelación en esa región, según reconocieron varios dirigentes este lunes, al anunciar que procederían a su «autocrítica».
Berlusconi, que protagonizó una costosa campaña electoral, organizando un «crucero-cruzada» que lo llevó de puerto en puerto para preconizar el modelo liberalista, saboreó la victoria en silencio este lunes.
El jefe de la oposición, que antes de las elecciones sostenía «que ganar dos regiones ya sería un excelente resultado», anunció que hablará en la tarde del lunes.
Su molesto aliado, el líder secesionista Umberto Bossi, estaba exultante por la victoria. El jefe de gobierno Massimo «D’Alema sale hecho trizas del enfrentamiento. Ahora tenemos que prepararnos para sacarlo, tanto a él como a su insignificante gobierno», declaró.
La Liga Norte, responsable de la derrota del gobierno de Berlusconi en 1994, que había perdido rápidamente puntos desde 1996, se recuperó espectacularmente gracias a la alianza electoral con el Polo de las Libertades.
La Liga, cercana al Partido Liberal del ultranacionialista austríaco Joerg Haider, que en las elecciones europeas de junio de 1999 no llegó a obtener el 5%, alcanzó el 15,4% en Lombardía y el 12% en Veneto.
Los posfascistas de Alianza Nacional, aliados de Berlusconi, lograron ganar en la región de Roma, lo que ha sido considerado como una «tragedia» para la izquierda.
El nuevo presidente de la región, Francesco Storace, ex militante de extrema derecha, era célebre en sus años de estudiante por haber dirigido los enfrentamientos a puños contra los manifestantes de izquierda en los años 70.
Atónitos por el fracaso, los dirigentes del centro-izquierda decidieron reunirse para efectuar una «autocrítica» y mantienen un incómodo silencio. La prensa de izquierda definió de «desastre» la derrota, que condiciona el resultado de las elecciones generales que se celebrarán en el 2001.
Criticado inclusive por sus copartidarios por su modo de liderar a la izquierda, D’Alema sale gravemente debilitado de los comicios. «Le llegó la hora de hacer cuentas a la izquierda», escribió en un editorial este lunes el diario Il Corriere della Sera.
La coalición, en el poder desde hace cuatro años, cuenta con ocho disímiles formaciones, desde los democratacristianos a los comunistas. Por ello, sobran las discordias entre los aliados.
Para los democratacristianos del Partido Popular (PPI) es necesario hacer «cambios», mientras los comunistas sostienen que la «política moderada» del gobierno ha provocado el «desencanto» entre sus electores.
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