Blair acogió calurosamente a Putin

Vladimir Putin se apuntó ayer un tanto en su primer viaje a Occidente como presidente electo de Rusia ya que, a partir de ahora, y pese a las «profundas divergencias» existentes sobre Chechenia, puede contar con el premier británico Tony Blair como poderoso aliado.

La elección de Londres como meta de su «debut» internacional se reveló un éxito: Blair acogió calurosamente a Putin, al que saludó como una persona «que habla nuestro mismo lenguaje sobre las reformas, quiere una Rusia moderna y una relación fuerte con Occidente».

Tras un almuerzo en el número 10 de Downing Street, Blair manifestó su «preocupación» por la represión rusa en el Cáucaso pero, por lo demás, expresó un apoyo incondicional total.

«Rusia debe ser integrada en el diálogo y no debe quedar aislada», señaló.

Resulta bastante evidente el motivo de la calurosa apertura de crédito: el jefe de gobierno de Su Majestad desea hacer de puente entre Moscú y Washington, mediando sobre las cuestiones militares.

Su rol se acercaría al de «cremallera» que ejerció Margaret Thatcher en 1984 cuando garantizó al ex líder soviético Mijail Gorbachov ante Ronald Reagan.

Putin, quien en su visita relámpago de 24 horas a Londres fue también a tomar un té con la reina Isabel en el castillo de Windsor, pareció muy interesado en un eje preferencial Moscú-Londres.

En ese sentido, concordó con Blair que a partir de ahora se celebrará una cumbre anglo-rusa al menos una vez al año.

El ex agente del KBG que sucedió a Boris Yeltsin en el Kremlin, por su parte, dio a Blair un «caramelo» para que se acontentase: prometió una comisión independiente de investigación sobre derechos humanos en Chechenia, donde, a su juicio, se está combatiendo una justa guerra contra «el terrorismo internacional».

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