Las 77.000 toneladas de residuos permanecerán con carga "nuclear" por decenas de miles de años

Tierra sagrada "radiactiva"

El monte de Nevada había tenido hasta hace algunos años un destino bien distinto como tierra sagrada de los Shoshone del Oeste, quienes junto a otros habitantes de la región se oponen desde hace 20 años a la iniciativa gubernamental.

Según el plan aprobado, el nuevo depósito tiene previsto captar desde 2010 y «para siempre», 77.000 toneladas de desechos radiactivos, provenientes de cientos de centros nucleares dispersos en 43 estados de Estados Unidos.

Los trabajos de acondicionamiento para la «descarga hipertecnológica y segura» de los residuos radiactivos se iniciaron hace aproximadamente dos décadas, entre polémicas encabezadas por indígenas –a los que se indemnizó por un monto de 128 millones de dólares– e instituciones locales que ven al centro de descarga como «una bomba de tiempo».

En las cercanías del monte Yucca, en Amargosa Valley, viven 1.270 personas que temen levantarse cada mañana, con la vista de decenas de trenes que transportarán 3.200 toneladas de residuos nucleares al año.

Las esperanzas de los opositores para frenar los trabajos son escasas, aunque igualmente intentarán interponer su enésimo recurso ante una corte estatal para ser escuchados. Luego intentarán llegar a instancias judiciales más altas como la Corte Suprema de Nevada o la propia Corte Suprema de Estados Unidos.

Por lo pronto, el proyecto ya costó 4.000 millones de dólares a las administraciones que se sucedieron en los últimos veinte años, y se estima que la finalización de la obra demandará otros 50.000 millones de dólares.

El lugar de descarga se eligió en el desierto de Nevada, cerca de 130 kilómetros al noroeste de Las Vegas, por su lejanía del «mundo civilizado» y su ubicación estratégica para protegerlo de posibles ataques terroristas.

Los residuos serán cargados en vagones –considerados el transporte más seguro– y, una vez llegados al monte Yucca, se internarán en el vientre de la elevación, a través de un túnel de 40 kilómetros, para ser finalmente enterrados en el «cementerio nuclear».

Las 77.000 toneladas de residuos permanecerán con carga radiactiva por decenas de miles de años.

Además, la administración estadounidense ya prevé, si el espacio resultara escaso, un nuevo proyecto para ampliar la capacidad del depósito hasta 120.000 toneladas en 2048. *

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