"Es uno de los grandes descubrimientos en la historia de la ciencia, después de Copérnico y Darwin"

El universo es una computadora, según tesis de un genio matemático

Ex joven prodigio de la California Institute of Technologie (CalTech) de Pasadena, Stephen Wolfram, de 42 años, presentó su teoría en «A New Kind of Science», un poderoso volumen de 1.200 páginas autoproducido y fruto de años de aislamiento.

Y los estadounidenses, sedientos de las nuevas incertidumbres, corrieron a comprarlo a pesar de los 44,95 dólares –un precio no para todos los bolsillos– y la ausencia de canales de distribución regulares.

La «Nueva Ciencia» de Wolfram replantea las leyes que regulan el universo a partir de una intuición que tuvo el científico hace más de 20 años.

Cuando experimentaba con programas informáticos elementales, el joven matemático de CalTech esperaba que se generaran en la panta las formas geométricas simples como tableros de ajedrez o triángulos.

Uno de sus programas generó, en cambio, imágenes más complejas que se asemejaban a las nervaduras de una hoja. Otro había dado vida a la elegante forma de copo de nieve.

En pocas palabras, Wolfram se encontró por casualidad con algunos lineamientos de un código informático que imitaba el caos ordenado de la naturaleza: dos décadas más tarde, esta intuición fue plasmada en una gran teoría que desencadenó debates interminables en el mundo científico e impulsó a los no familiarizados con esos avances a abrevar en su libro.

A grandes rasgos, la teoría afirma que el universo no es otra cosa que una computadora que elabora un programa de extraordinaria simplicidad. «Es uno de los grandes descubrimientos en la historia de la ciencia, después de Copérnico y Darwin», declaró con falsa modestia.

«Si las cosas marchan como espero, llegará un día en el cual se podrá tener en la palma de la mano las líneas del código de la creación», explica el científico en «A New Kindof Science».

En la calle desde mayo, el pesado tratado pasó a ocupar en poco tiempo un puesto importante en la clasificación de Mazon, que vendió en pocos días la primera edición de 50.000 copias.

Wolfram es un científico atípico: a los 15 años publicó un ensayo sobre física teorética, a los 20 años tuvo su Ph. D. (doctorado), a los 21 ganó un premio McArthur, el «premio para los genios» que la Fundación McArthur concede «sólo para pensar».

De naturaleza inquieto, luego dejó la universidad para dedicarse a la investigación aplicada: había fundado una empresa de software y se hizo multimillonario con un programa llamado Matemática.

En su opinión, son las reglas más sencillas que, repetidas durante miles de millones de años, llevaron a la evolución del universo para producir todo aquello que hoy existe en la naturaleza.

Este simple código tiene en su base una idea de conciencia que da origen a cada pensamiento: desde el imprevisto deseo de un helado, a la misma teoría de Wolfram. Como un «big-bang» literario, «La Nueva Ciencia» del matemático inglés alentó decenas de críticas, de artículos, y de grupos de discusión en Internet.

El mundo científico, en la mayor parte, tomó sus distancias al liquidar «A New Kind of Science» como el fruto de un monumental ego totalmente separado de la realidad. Pero el científico no se ha dejado amilanar y prometió para el otoño (boreal) poner «en marcha» una labor proselitista. *

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