Giro a la izquierda en la elección boliviana
El último tramo del cómputo de las elecciones bolivianas del 30 de junio dio un vuelco hacia la izquierda: el líder indígena y dirigente cocalero Evo Morales, del MAS (Movimiento al Socialismo), disputará la presidencia con Gonzalo Sánchez de Lozada, del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), desplazando al tercer lugar al capitán Manfred Reyes Villa, de la Nueva Fuerza Republicana (NFR), que fue el gran derrotado. En el proceso político hasta el 6 de agosto, fecha en que el Congreso de 130 diputados y 27 senadores deberá elegir al nuevo presidente entre los dos candidatos más votados, se afirma la alianza del MAS con el Movimiento Indígena Pachacuti (MIP) de Felipe Quispe (más el Partido Socialista y otros diputados independientes), mientras el titular del MNR está lanzado a la caza de votos que le resultan esquivos.
Vuelco previsible
Cuando faltaban por computar pocos votos del departamento de Potosí (retrasados por razones climáticas y de comunicaciones), Reyes Villa llevaba una muy leve ventaja sobre Morales. Dijimos entonces (véase nuestra nota del domingo 7, «El ascenso de los partidos indígenas en Bolivia») que esa diferencia se podía descontar. Es lo que sucedió. Y con creces, ya que (restando por escrutar apenas cinco urnas) el MAS se consolidó como primera fuerza en el departamento de Potosí (lo mismo que en el gran centro minero de Oruro, en Cochabamba y en La Paz), desplazando al segundo lugar al MNR que venía a la cabeza, al tercer lugar al MIR de Jaime Paz Zamora que antes era allí la primera fuerza y en cuarto término a su contendor directo, la NFR, que pagó tributo a su conmixtión (propia y familiar) con anteriores gobiernos dictatoriales y a su negativa a participar en los debates electorales.
A esta altura todos los partidos bolivianos reconocieron que la contienda presidencial se dirime entre el MNR (que ganó en los departamentos del Oriente: Pando, Beni y Santa Cruz, además de Chuquisaca) y el MAS. Definida a la vez la integración de las dos ramas del Congreso, Sánchez de Lozada procura llegar a la cifra mágica de 80 parlamentarios a partir de su bancada (la mayoritaria) de 11 senadores y 36 diputados. Pero falta mucho paño por cortar, toda vez que Reyes Villa (2 senadores y 24 diputados) afirmó previamente que votaría por Morales si éste llegaba segundo (aunque ahora en su cuartel general relativizan dicha declaración) y Paz Zamora adelanta que el MIR (5 senadores y 26 diputados) definirá su posición en una reunión a efectuarse en Tarija (el único departamento en que ganó). En estas condiciones, el MNR sólo cuenta, seguro, con el voto de la minoritaria Unidad Cívica Solidaridad (6 diputados), mientras se muestra renuente la Alianza Democrática Nacionalista (1 senador y 4 diputados), del fallecido Hugo Bánzer y su sucesor, Jorge Quiroga.
La alianza indígena
Mientras esto acontece en el campo de la derecha, en la izquierda se estrecha la unión, en primer lugar, entre las fuerzas surgidas de los movimientos indigenistas. Previo a las elecciones las relaciones entre el MAS y el MIP eran frecuentemente polémicas y de confrontación de puntos de vista. Esto ha quedado atrás y ambos sectores manifiestan que ahora es tiempo de unir fuerzas. El partido liderado por Felipe Quispe («El Mallku») expresó su apoyo incondicional «y sin intereses oscuros» al MAS para que sea gobierno, para que «por primera vez en la historia de Bolivia un indio con la nariz encurvada llegue a Palacio».
El apoyo no sólo viene del MIP sino del conjunto de los pueblos originarios que manifiestan su respaldo al MAS como única fuerza política contestataria al actual modelo neoliberal. Voceros de los pueblos de las tierras bajas dijeron que el avance del MAS es un triunfo para los marginales, los más necesitados y los más olvidados. En este sentido interesa consignar que el senador electo Hugo Carvajal, del MIR, declaró que «el MAS es una opción de izquierda que tiene una base cocalera pero que logró capturar el sentimiento de pobreza y exclusión que tiene la sociedad nacional en muchos de sus estratos con relación a la participación y decisión en el Estado».
Conciencia versus dinero
Agregó que «el MAS es una aglutinación de diferentes corrientes que tuvo la izquierda en su momento como el trotzkismo, el maoísmo, el comunismo, el guevarismo y últimamente toda la corriente indigenista étnica», que se traduce también en reivindicaciones a sostener en el plano parlamentario. Y concluye: «Por supuesto, el gran articulador es Evo Morales».
Seguro ya de contender en la definición presidencial, éste acaba de declarar: «Hay una alegría en todo el pueblo boliviano. Hoy toda la bancada del MAS empieza a trabajar y conocer el país. Estamos realizando una reunión con los alcaldes, concejales y ejecutivos del trópico de Cochabamba para hacer una evaluación muy serena y estar preparados para conducir el país. Es la conciencia del pueblo que derrotó la prebenda y la plata, que derrotó a los neoliberales. Los antineoliberales y las víctimas del modelo han derrotado a los partidos tradicionales y transnacionales. Es un giro en la vida política nacional. Es un golpe muy duro al sistema y al modelo. Lo más importante es tener el respaldo del pueblo, de las organizaciones sindicales y sociales. Evo sería el Presidente, pero gobernaría el pueblo».
La rosca y la embajada
Quienes están empeñados en que esto no acontezca son: lo que tradicionalmente se conoce en Bolivia como la «rosca» (esto es, la suma concentrada del poder económico) y el embajador norteamericano Manuel Rocha, tallado en el modelo ingerencista y que ahora como en la campaña electoral se juega todos los boletos para ascender a Sánchez de Lozada al Palacio del Quemado. *
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