Convocatoria electoral descoloca a los radicales
ISIDORO GILBERT
Algo es firme: no quieren que caduquen los mandatos, con argumentos institucionales pero dejando la duda si no es el temor de quedar en el futuro con menguada representación.
Conscientes de que cargan con la mochila del fracaso del gobierno de Fernando de la Rúa, y después, el haber respaldado a Eduardo Duhalde, una administración con imagen de nivel de zócalo, saben que el futuro no es promisorio.
¿Objetivos?: marcar presencia, preservar la identidad partidaria y apostar a futuro, total, la vida continúa. En 1995, sacaron un miserable 18% de los votos, castigados por haberle facilitado la reelección a Carlos Menem mediante el Pacto de Olivos que permitió una reforma constitucional que consideran avanzada.
Cuatro años más tarde, aliados al Frepaso, volvían a la Rosada. ¿Pasará lo mismo?
Partido más que centenario. La Unión Cívica Radical (UCR) comenzó sus preparativos para una elección presidencial con objetivos modestos. Las encuestas son crueles, y no hay analista que no pronostique un fuerte drenaje de votos hacia el ARI de Elisa Carrió y en menor medida hacia otro emigrante del radicalismo, Ricardo López Murphy, de derecha, se entiende.
El ex presidente Raúl Alfonsín confesó que se enteró en París, de la convocatoria a los comicios, un desaire de Duhalde, su aliado desde enero, cuando llegó vía Asamblea Legislativa a la presidencia. Estaban esos días en son de autocrítica fresca y sin profundizarla mucho, como exhibe el documento que sirve de base a la discusión.
El titular del partido, el gobernador del Chaco, Angel Rozas sostiene que lo fundamental es «apuntar a devolverle al partido vocación de poder» y para ello presentar una fórmula propia.
Casi todas las corrientes internas adhieren a esa postura. Salvo la que lidera Melchor Posse, que propone negociar con sectores vinculados al ex presidente, el peronista Adolfo Rodríguez Saá, y como muestras de confusión también, a grupos juveniles que quieren acercarse a Carrió.
En rigor «vamos solos porque nadie nos quiere como aliados», se sinceró uno de la conducción partidaria al diario Clarín. Así postularán al que mejor mida en las encuestas o a una figura poco conocida que sea la imagen de la renovación.
Por el momento, en carrera hay tres candidatos que buscan afirmarse, pese a las dificultades de la UCR. Primero, Rodolfo Terragno que largó en punta, impulsado por quienes se definen como «progresistas». El ex jefe de Gabinete, que De la Rúa echó por crítico, asegura que sólo se subirá a una estrategia para ganar y no sólo para preservar el partido.
Hará campaña hacia los independientes y en un mes decidirá si su intención de voto –que es muy baja, aunque es la mejor entre los radicales– se incrementó lo suficiente como para dar la pelea.
Pero desde París, Alfonsín lo desalentó: «Nunca podrá ser candidato del radicalismo», tronó por aquello que dice el senador nacional, que su atención serán los independientes y no las estructuras partidarias.
Luego está como pretendiente Rozas. Cree que un triunfo sobre Terragno, su ex aliado, le daría un papel protagónico en el escenario electoral. Fundamenta sus aspiraciones en la buena imagen que conserva en Chaco, tras dos períodos como gobernador. Pero tiene muchos enemigos que le endilgan haberse borrado tras la caída de De la Rúa.
Hay un tercero en discordia, el gobernador de Mendoza, Roberto Iglesias, con una administración regular, pero no indefendible, que quiere erigirse en la única cara totalmente nueva del radicalismo para iniciar de cero un proyecto que lo vuelva a mostrar competitivo en el 2007.
De los tres, es el más dispuesto a seguir negociando en las mismas condiciones con el Fondo Monetario Internacional. Ninguno de ellos, ama a Carrió, del mismo palo pero que tiene sentimientos recíprocos con ellos. La base juvenil mira a la legisladora como referente.
Alfonsín ya le bajó el pulgar a Terragno: ¿se definirá por alguno de los otros dos?
Aunque no tenga ni de lejos la influencia y el poder de decisión de otros tiempos, el ex presidente sigue siendo el líder espiritual de los radicales.
Y piensa caminar pueblo por pueblo para impedir que aquello de Hegel, que todo nace, se desarrolla y muere, se aplique al partido que lidera desde hace dos décadas. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad