"Los chicos Viagra"

«Nací para el porno», dice la estrella de cine Kyle Stone, mientras se apresta a rodar su última película, en momentos en que arrecia la competencia en el sector.

«Así que si pudiera demandar a los fabricantes de Viagra, lo haría, porque tuve una gran carrera antes de ese invento. Casi me arruinan», protesta el jovial actor pelirrojo, que se describe a sí mismo como un hombre «de atractivo medio».

«Tras su salida al mercado hace unos años, vinieron todos estos lindos ‘chicos viagra’ y de golpe mi trabajo se redujo a la mitad. Mi teléfono dejó de sonar», lamenta.

Stone, de 38 años, que trabaja desde hace diez años en la capital mundial de la pornografía –el suburbio de Chatsworth en Los Angeles– era uno de los 20 o 30 selectos actores que alguna vez dominaron esta lucrativa industria.

En un negocio multimillonario en el cual las estrellas femeninas ganan tres o cuatro veces más que los actores masculinos, Stone era uno de los orgullosos referentes de esta industria que tenía trabajo en encontrar hombres en condiciones de «ejercer» en público.

Pero vino el Viagra, presentado en 1998 por la corporación estadounidense Pfizer como una cura milagrosa para la impotencia masculina, capaz de resucitar matrimonios plagados de malestares sexuales.

Aun cuando la droga estaba pensada para ser usada en la intimidad de personas comunes, se transformó enseguida en favorita de la decididamente pública industria pornográfica, cuyos conocedores dicen que un 90% de los nuevos actores usa el medicamento para interpretar sus papeles.

El Viagra ha tenido un ascenso espectacular en la cantidad de hombres capaces de reaccionar adecuadamente en los a menudo atestados, ruidosos y sin duda no eróticos estudios de filmes en este centro suburbano de la pornografía mundial.

La droga ha causado una marcada división entre el núcleo de 20 o 30 actores «originales», que venían siendo las estrellas en ese rubro, y sus cientos de nuevos rivales, en general más atractivos.

«Soy de la vieja escuela. Soy un exhibicionista natural al que le encantan las mujeres y todo sobre ellas, así que la estimulación me resulta natural», dice Stone, un ex empleado de un estudio de abogados de Los Angeles que entró a la industria porno de casualidad.

«Los ‘chicos Viagra’ tienen mucho ego y se cuidan más de cómo lucen que de la chica con la que están. Pero los actores masculinos son sólo un relleno para el tipo que está en su casa, sólo una decoración. Las chicas son las estrellas, por eso se les paga más y así debe ser, más allá de lo que crean los ‘chicos Viagra'».

El medicamento brinda un panorama tentador para quienes se desempeñan en los miles de filmes que contribuyen a generar más de 4.000 millones de dólares anuales, pues aseguran que un rodaje de cuatro días no se puede echar a perder por los desafueros del cuerpo humano. *

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