Cantos para Kim Il Sung
Miles de personas participaron durante una hora y media de una representación de danzas tradicionales en la plaza que lleva el nombre del padre de la nación, para festejar el 88º aniversario de su nacimiento.
Su hijo y heredero Kim Jong Il no compareció en la tribuna de honor, como hacía siempre su padre.
A la medianoche en punto, Kim Jong Il junto con el número dos del régimen, el mariscal Jo Myong Rok, rindió homenaje a sus restos embalsamados y conservados en un sarcófago de cristal en el mausoleo de Kumsunsan.
Para los dos días de festejos dedicados al líder norcoreano, Pyongyang volvió a ver la luz: la electricidad, racionada desde hace años por la falta de energía, en las últimas 48 horas llegó a todas las casas.
Hubo luces también en los árboles de durazno y en los sauces llorones que bordean las anchas avenidas, en general desiertas y sin tráfico por la falta de combustible, lo que dio un panorama menos desolador que de costumbre de la ciudad agobiada por la carestía.
También volvió a girar la enorme rueda del parque de diversiones de Mangyongdae, colmado de gente, a los pies de la colina de la casa natal de Kim Il Sung, meta de peregrinaje para los norcoreanos.
No fueron dados a conocer los costos de los festejos que se celebraron en perfecto orden y sin gran despliegue de fuerzas de seguridad.
Para la fiesta del padre de la patria, los norcoreanos recibieron además de la cotidiana ración de arroz una de 800 gramos de carne por cada familia compuesta por cuatro o más personas.
Es un lujo que desde el aluvión de 1995 el pueblo norcoreano se puede permitir sólo ocho veces al año, dice la presidenta de una cooperativa modelo, ubicada a 30 kilómetros de Pyongyang.
El 20 por ciento de las familias de Ri Li Hyong –la cooperativa «modelo»– tuvo que ayudar a sus parientes que viven en la ciudad y ya terminaron las reservas de cereales. Hasta dentro de tres meses tienen sólo papas para comer, dice Li Hwa Sil, presidenta de la cooperativa.
En el día de la celebración de Kim Il Sung, la prensa ensalsa la figura de su heredero e invita a seguir la «el método revolucionario para cultivar papas propuesta por el gran general Kim Jong Il», para superar el problema alimentario.
Un editorial invita a la población a participar en la «Gran campaña revolucionaria Chollima» o del «Caballo volador», es decir la aceleración de la reconstrucción iniciada el año pasado.
La primera campaña «Chollima» se había llevado a cabo al concluir la guerra en Corea, desde 1950 hasta 1953.
Veintidós millones y medio de norcoreanos sobreviven gracias a las ayudas del exterior y Pyongyang admite públicamente la emergencia alimentaria que padece, atribuida a factores ajenos a la voluntad de sus gobernantes, como el derrumbe de los regímenes comunistas en los países que otrora eran sus aliados.
El país, a pesar de sus recientes aperturas al exterior debidas a la profunda carestía y a la consiguiente necesidad de ayuda para la mera supervivencia de la población, sigue siendo impenetrable.
Si hay oposición al régimen socialista «a nuestra manera», como lo llamaron para diferenciarlo de los demás sistemas, después del fracaso del comunismo soviético, no se ve. Lo único que se ve es gente que va y viene en peregrinaje a los lugares de culto de Kim Il Sung, el profeta del «Juche» o sea la filosofía de la autosuficiencia. «En una época en Corea había budismo.
Hoy tenemos sólo el Juche», comenta una joven, sin aclarar si se trata de una crítica o simplemente de una constatación.
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