No lograron reunir a más de 2.000 personas

El movimiento antiglobalización ante los "ocho grandes"

Sin embargo, los organizadores hablan de éxito porque, dice «Starhawk», un activista que en julio de 2001 estaba en Génova, «no se puede comparar la realidad canadiense con la italiana porque aquí la gente no se manifiesta nunca».

A un año de Génova, en esta localidad canadiense, hubo sólo una pacífica reunión en medio de los rascacielos de las compañías petroleras, una marcha ante la Comuna y, luego, todos se acostaron en el suelo fingiéndose muertos bajo el sol del verano boreal.

En relación con los hechos ocurridos en Italia las dimensiones de los actuales son sumamente pequeñas y la atmósfera por las calles es de fiesta bajo la consigna de las buenas maneras.

Por otra parte, una vez más la América del Norte posterior al 11 de setiembre se revela como tierra de conquista bastante difícil para los antiglobalización.

Algo simular había ocurrido con el Forum de Davos, en Nueva York, y con el Fondo Monetario en Washington que habían atraído menos gente que la que se vio en Seattle en ocasión de la reunión de la Organización Mundial del Comercio (OMC) en 1999 o en Quebec para la Cumbre de las América en abril de 2001.

El día en que los anti-G8 preveían el mayor número de hechos de protesta, los temores de los habitantes de Calgary de ver que en sus calles se repitieran escenas similares a las genoveses desaparecieron rápidamente, apenas se enteraron de la real presencia numérica y de las intenciones de los manifestantes.

Temprano, los antiglobalización salieron a las calles del centro y comenzaron a moverse cortando la circulación en la hora pico de apertura de oficinas.

Pero a pesar de las consignas agresivas contra el presidente norteamericano George W.Bush, el capitalismo y las multinacionales, los manifestantes mostraron un rostro «gentil».

A los automovilistas que no podían avanzar por las calles se les entregó un volante color naranja fosforescente: «Disculpen la alteración», decía de un lado, y del otro se explicaban los motivos de la protesta.

«Los gobiernos del G8 –dijo Gordon Christie, un sindicalista que encabezaba la manifestación– controlan todo el proceso de la globalización, empobrecieron a centenares de miles de personas en el mundo y mandaron a la quiebra a naciones enteras. Por esto, aunque están lejos de nosotros, hoy estamos aquí en la plaza».

Un mensaje que un grupo de manifestantes quiso dar, de manera visual, llenando la plaza Olímpica de lápidas con el logo del G8 y dejándose caer en el suelo durante una hora como si estuvieran muertos, «asesinados» por la globalización.

El mismo mensaje, Christie y decenas de activistas quisieron hacerlo llegar al mediodía a los oídos de los «grandes» partiendo con un grupo de automóviles de Calgary hacia Kananaskis, con la intención de volver atrás en el primero de los 14 puestos de bloqueo instituidos por las autoridades holandesas.

La localidad de montaña, protegida por baterías antimisiles y tanques, es un blanco inalcanzable para la protesta. *

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