Miércoles sangriento
ISIDORO GILBERT
La directora ejecutiva del Hospital Fiorito de Avellaneda (periferia sur), Adriana D’Astek, dijo a la prensa que dos jóvenes «de unos 25 años» ya habían muerto al ingresar al centro público de salud, y detalló que en ese lugar hay 17 heridos, tres de los cuales fueron operados por heridas de bala.
Los fallecidos, que aún no fueron identificados, presentaban heridas en el tórax y en la región lumbar «compatibles con armas de fuego», dijo otra fuente del centro de salud.
La Policía cargó con gases lacrimógenos, disparos de bala de goma y bastonazos contra más de medio millar de desempleados y vecinos (conocidos como piqueteros) que bloqueaban el estratégico puente Pueyrredón, vía de unión entre Buenos Aires y la poblada periferia sur.
Los enfrentamientos fueron los más violentos en una jornada de protesta de los piqueteros en reclamo de puestos laborales y alimentos, que abarcó a todos los accesos que rodean a la capital y a otras ciudades del país.
El gobierno dispuso un enorme dispositivo de seguridad, integrado por unos 2.000 efectivos policiales, de la Gendarmería (fuerza militarizada) y la Prefectura, sólo destinados al área metropolitana.
El jefe de Gabinete, Alfredo Atanasof, advirtió días atrás que el gobierno no toleraría nuevos cortes de rutas y avenidas, una forma de protesta que se ha generalizado en Argentina, en medio de una desocupación récord de 25% y con la mitad de los 36 millones de habitantes en la pobreza. Al asumir el primer día del año, ungido por la Asamblea Legislativa, Duhalde había definido que «la paz social» era uno de los objetivos centrales de su gestión, cuando aún estaban fresca la violenta revuelta social que dejó 30 muertos y precipitó la caída de Fernando de la Rúa, el 20 de diciembre.
Hasta la tarde de ayer miércoles, el gobierno no había hecho comentario alguno sobre los incidentes.
La Policía indicó además que al menos medio centenar de piqueteros fueron arrestados durante la batalla campal que se registró en el puente Pueyrredón.
Los manifestantes, la mayoría encapuchados, respondieron a la represión con pedradas y palos y, en medio de corridas generalizadas, los choques continuaron en la zona comercial de Avellaneda, cerca del puente, donde quedaron destrozados cristales de varios locales, cinco bancos, cabinas de teléfonos públicos callejeros, autos e incendiados dos autobuses de transporte público.
Familiares y compañeros de manifestantes que estaban agolpados frente al Hospital Fiorito donde buscaban en forma desesperada obtener información sobre el estado de salud de los heridos se enfrentaron a golpes de puño con algunos policías apostados como custodias.
En tanto, unos 300 manifestantes cortaron el tránsito en la confluencia de dos estratégicas carreteras al norte de la capital federal, por las que circulan decenas de miles de automóviles diariamente, y lo mismo ocurrió en la entrada oeste a Buenos Aires, en ambos casos sin incidentes.
Los cortes de caminos y avenidas se llevaban a cabo además en las provincias de Santa Fe (centro-este), Córdoba (centro), Corrientes (noreste), Mendoza (oeste), Neuquén (sur) y Tucumán y Chaco (ambas en el norte del país).
En Tucumán, uno de los distritos más pobres del país, unas 8.000 personas participaron de la protesta, según medios locales. *
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