El presidente de EEUU también presentaría un plan de paz para Medio Oriente

G8: Lucha antiterrorista e Irak en la agenda de Bush

GIAMPIERO GRAMAGLIA, WASHINGTON, ANSA

 

La actitud estadounidense puede disgustar al presidente de turno de la cumbre, el premier canadiense Jean Chrétien, que tiene una agenda basada en la liberalización de los intercambios, la guerra contra el terrorismo y sobre todo un plan de acción para el desarrollo de Africa.

Sin embargo, Bush ya «liquidó» la cuestión africana, presentando días atrás una serie de intervenciones norteamericanas contra el sida y para la educación, ante las cuales el plan del acción del G8 terminará por parecer un apéndice.

En cuanto a la guerra contra el terrorismo, la intención norteamericana es apurar los tiempos para la toma de las próximas decisiones.

El presidente, que dedicó el fin de semana a la campaña por la salud de Estados Unidos, partirá rumbo a Kananaskis llevando en mano un análisis realizado para Foreign Affairs –una prestigiosa revista de política exterior– por dos «científicos de la política» de la Universidad de Dartmouth.

Stephen Brooks y William Wohlfoth escriben que hoy «Estados Unidos no necesita alianzas», porque el mundo es más unipolar que nunca, pero agregan que «igualmente deben perseguirlas».

Se trata de una percepción reforzada por las conclusiones a las que llegó, en vísperas del G8, una comisión de líderes de opinión europeos y norteamericanos, dirigida por el profesor Simon Serfaty, responsable del Programa Europa del Centro para los Estudios Estratégicos e Internacionales (CEEI), uno de los entes más escuchados de Washington.

La comisión lanzó una invitación a evitar nuevas tensiones transatlánticas y reforzar la cooperación en materia de defensa e intercambios, para evitar que «una mentalidad recíproca de ‘fortaleza’ pueda exacerbar las diferencias y limitar las capacidades de afrontar juntos las amenazas comunes».

Son al menos tres las novedades que Bush podría poner sobre la mesa del G8: la nueva posición de Estados Unidos sobre Medio Oriente, la nueva doctrina del «ataque preventivo» («firststrike») y vinculado con esto la cuestión iraquí.

Sobre Medio Oriente, Bush aún debe anunciar el nuevo «plan de paz» varias veces anticipado, que prevé la creación de un Estado palestino provisorio, tras la realización de reformas que mejoren la capacidad de los palestinos de garantizar la seguridad y refuercen la democracia de las instituciones palestinas.

Luego se produciría una fase de negociaciones que podría prolongarse durante tres años para definir los límites y condiciones del Estado palestino definitivo.

Bush puede dar a conocer finalmente el plan el lunes, o bien esperar hasta después del G8. En ambos casos, lo que el presidente diga o esté a punto de decir condicionará las consultas sobre Medio Oriente entre los miembros del G8, de los cuales Estados Unidos espera una nueva declaración de apoyo.

En cuanto a la nueva doctrina estratégica del «first strike» formulada por Bush a principios de junio, deja de lado del principio de la disuasión que controló la Guerra Fría.

El secretario general de la OTAN, Lord Robertson, la avala pero intenta englobarla en la doctrina clásica.

En teoría, el «ataque preventivo» es un concepto militarmente comprensible, pero en la práctica crea problemas respecto de quién lo decide, quién controla las informaciones que lo determinan, o cuál es la participación de los aliados en una organización de solidaridad militar como la OTAN.

Finalmente, Irak el verdadero «segundo frente» posible de la guerra contra el terrorismo y la potencial primera aplicación del «ataque preventivo». Hasta ahora Bush no convenció a los aliados europeos y al G8: tal vez intente hacerlo de nuevo en la próxima reunión canadiense. *

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