Duhalde busca unir al peronismo
ISIDORO GILBERT, CORRESPONSAL EN ARGENTINA
Es una manera de mirar algo bueno en la desgracia que se expande, de distinta manera, a todo el hemisferio latino. El análisis es parcial: si hubo contagio, es porque la región estaba preparada para enfermarse.
La crisis financiera anuncia el final del consenso de Washington, es decir, del modelo neoliberal que de un modo u otro han estado aplicando con matices la mayoría de los países.
Es probable que el ejemplo mas destacado del fracaso, sea la política aplicada en la Argentina: en la convertibilidad estaba el huevo de la serpiente. Su actual desmadre eyecta efectos deletéreos, sobre países como el Uruguay: cegar parte de su comercio con sus dos vecinos, no es un dato cualunque.
Pero el vecino ribereño, o Paraguay, ya estaba en recesión desde antes que estallara la Argentina, con su precipitada caída del PBI, empinamiento de la desocupación y la miseria y una vasto descontento social con perspectivas aún no definidas.
Es una crisis sistémica pero articulada a la preeminencia del sector financiero sobre los mercados. El comercio, aun el desigual, tiene espacios de debate para ir mitigando las pretensiones de los países más bravos, pero no hay poder actual que frene al capital financiero que en un día moviliza recursos equivalentes al PBI de América Latina de un año.
Es una realidad con lecturas múltiples: factor condicionante que deja espacio limitados, o como necesidad de los países, en este caso del Mercosur, que para los analistas del Wall Street «ha muerto desde que (Domingo) Cavallo instauró el corralito», encuentren alternativas conjuntas para ampliar sus razones en el mundo globalizado.
Todos tratan de frenar la fiebre, no curar al enfermo. De todas maneras, el gobierno argentino está seguro que la explosión que puede llegar hasta México obligará a que el sector del Partido Republicano, encabezado por el secretario del Tesoro, Paul O’Neill, deba dejar paso a otros criterios que, creen, beneficiará a la Argentina.
Por ahora éste se ha referido a Brasil con la misma dureza que meses atrás habló sobre Argentina: nada de auxilio dinerario.
¿EEUU cambia su enfoque?
Si se estuviese frente a un cambio de enfoque en el gobierno norteamericano modificando el cinturón sanitario para Argentina con un abordaje también para ella, como ocurre con Uruguay y Brasil, las perspectivas de un acuerdo con el FMI estarían cerca.
Dicen en el Ministerio de Economía que después de la reciente misión de avanzada encabezada por el británico John Thorton, ya no habrá reclamos políticos sino dos asuntos, no pequeños, pero solucionables, sobre el uso de las reservas del Banco Central –que el FMI detesta– y conocer la incidencia del «goteo», dinero que sale de los bancos a pesar del corralito, porque es plata que va a los verdes.
Es una manera de seguir hostigando a Roberto Lavagna y su idea de bonos voluntarios para cambiar por ahorros en corralito y corral. En medio de este forcejeo, el titular del Banco Central, Mario Blejer, hombre con vínculos añejos con el Fondo, precipitó su salida, acaso inducida por Lavagna para colocar allí a un hombre de su confianza.
El ministro viaja el martes a Washington con optimismo moderado. En la Cancillería le adosan otro ingrediente: mayor participación política del sector del gobierno norteamericano partidario de abordar a la Argentina como parte de la región. El inminente viaje del subsecretario de Asuntos Latinoamericanos al Cono Sur tiene que ver con ese «viraje».
Pero Otto Reich es un ultraconservador, que no dejará de poner en la agenda asuntos de seguridad y políticos, según la visión binaria de la administración estadounidense. Hay que tener en cuenta este factor real.
El economista Mario Brodershon, muy escuchado por Raúl Alfonsín, no es tan optimista. Cree que las negociaciones con el FMI se van a extender más allá de mediados de julio.
Ese mes vencen compromisos con organismos financieros internacionales.
El economista sostiene que el gobierno va a tener que decidir si hace o no frente con sus reservas internacionales al vencimiento de 750 millones de dólares con el BID y otros organismos (excluido el FMI), así como restantes vencimientos en el segundo semestre del año: 1.455 millones de dólares.
El problema según Brodershon es el BID y en Banco Mundial porque los vencimientos con el FMI por 2.788 millones dólares están vinculados con la facilidad SRF, una cláusula que permiten ser renovados por un año, como ya se hizo con otros vencimientos meses atrás.
El peronismo busca cerrar filas
El peronismo oficial, aún en los matices y hasta enfrentamientos se prepara con premura para ir a elecciones. Buscan salvar el mandato de Duhalde que teóricamente vence en diciembre de 2003 e ir lo más juntos posible para ganar las elecciones inevitables.
Todos cuchichean que marzo será el mes tope siempre que la situación social no se desmadre o que con el FMI no hay solución.
Será difícil que Duhalde pueda poner fecha a las presidenciales mientras el peronismo no tenga un candidato con todo el consenso posible. Está en debate además si caducarán o no los mandatos legislativos por decisiones políticas, hoy muy resistidas en sectores del justicialismo y el radicalismo.
Los senadores del justicialismo, un poder partidario importante, han ajustado las clavijas y se desprenden de los disidentes, un dato que remarca la fuerte decisión de poder que sigue primando en el movimiento que fundó Juan Perón. Aunque esos apartamientos contradicen la idea general de ir «todos juntos».
En esa dirección, el peronismo, otra vez con el visto bueno radical, impuso la ley sobre elecciones abiertas obligatorias para la elección de candidatos según sus necesidades, incluso para aquellos partidos que seguramente tendrán candidatos únicos y no necesitan de esa compulsa.
¿Por qué? Este instrumento, que sería más apreciado en la opinión pública si tuviera reformas más audaces para elegir candidatos, busca desalentar a que algunos dirigentes intenten ir por fuera del peronismo.
Es el caso del fugaz ex presidente Adolfo Rodríguez Saá, el «Chávez criollo», según sus enemigos, por su programa populista que parece impactar en sectores juveniles. «Quieren hacer trampas», le ha dicho a casi todo el resto del peronismo y formó ya su propia fuerza.
O el gobernador de Santa Cruz, Néstor Kirchner, menos apurado a pesar de sus reclamos de elecciones urgentes, por llegar ahora a la presidencia del país, según sus seguidores. «Quiere incidir en la formación de un espacio progresista», comentan a su lado.
Leído bien, quiere decir que estaría dispuesto a integrar un frente con Elisa Carrió que lidera todas las compulsas actuales (que de todos modos, siguen exhibiendo fuerte abstención y mucho «no sabe, no contesta»).
La legisladora rechaza el debate mediático. Comentan a su lado: «Quiere aprovechar (Kirchner) la popularidad de Elisa. No dio ningún paso real para hablar de lo que proclama en los medios».
De todos modos los amigos de Carrió insisten que en las reuniones internas, la legisladora sostiene que si no hay renovación de todo el Parlamento no se presentará a comicios. ¿Entonces? Proclamará la abstención revolucionaria como «Hipólito Irigoyen (patriarca radical) formuló en 1905 y finalmente impuso sus puntos de vista de sufragio universal libre y secreto», sostienen.
No es el único problema que debe abordar. También las alianzas del ARI y sus aliados de hoy, los socialistas que a fin de mes se unifican en una sola fuerza. Lo harán el sábado en Rosario con la presencia de los socialistas uruguayos, chilenos y e
l PT de Lula.
Desde el movimiento piquetero o de la Central de Trabajadores Argentinos, donde desde hace rato se debate sobre si construir una alternativa propia sobre la experiencia del PT de Lula, por ahora se convocaron a la formación del un Frente Político y Social que busca condicionar a Carrió.
Volvamos al peronismo. En dirección a la unidad no fácil, mañana se encontrarán por primera vez en años, Duhalde con Carlos Menem, acercados por el espanto. Si es que el ex no abandona el convite. Será en una inauguración fabril en la provincia de La Rioja, pero «sólo para la foto».
Todo está arreglado para que salgan juntos, pero no «uno al lado del otro», cuentan los negociadores que quieren bajarle decibeles a esa interna feroz donde suman siete los pretendientes al sillón de Rivadavia.
De todos modos, habría más tarde un encuentro entre los dos caudillos, para decidir las reglas del juego. Menem acaba de regresar de los EEUU donde no fue recibido en el nivel que buscaba por funcionarios norteamericanos, y se enfrentó a escraches. El temor a más lo obligó a suspender, por ejemplo, una visita al New York Times.
El viernes sufrió la misma hostilidad en Córdoba, una sombra que amenaza perseguirlo en el futuro.
Duhalde quisiera que el riojano se sumara a la candidatura del santafesino Carlos Alberto Reutemann que surge con la mejor imagen pública aunque sus dudas y proyecto político pueden desalentar a muchos peronistas de base. En teoría, el mismo Duhalde pide que antes de definir el candidato el peronismo reactualice su plataforma, y sus ideas.
¿Pero quién debate de programa estos tiempos? ¿Quién cree que Menem no intentará controlar el proceso de candidaturas en su condición de titular del PJ? ¿Por qué le dará esa herramienta a Duhalde? Acaso a Menem sólo lo disuadan los grandes hombres de negocios y malas encuestas.
Todas son miradas introspectivas. Es que todos sus pasos, los peronistas no parecen tener en cuenta el estado de ánimo de la sociedad donde hay más pobres que nunca y que millones de argentinos vieron saqueados sus ahorros por los defensores de la propiedad privada, ungidos por ellos mismos.
Si es cierto que el peronismo como el radicalismo cargan sobre sus espaldas gran parte del colapso actual ¿qué razones tendrían para estar seguros de una victoria «del buen peronista» sobre Carrió, sin crearle a ella obstáculos insalvables?
Los radicales en fin realizarán algo insólito en su cultura: escribir en un encuentro-conferencia una Tesis de Programa, y debatirla a los largo y ancho del país.
Habrá que ver si los fracasos que los atribulan han sido asimilados y si llegan nuevas ideas y cuadros. *
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