"Hemos puesto freno a la tentación autoritaria"
Guillén, quien el jueves mostraba el rostro demacrado por una semana de ayuno, desafió al gobierno de Toledo encabezando siete días de protestas, que se tornaron violentas, contra la venta de dos firmas estatales de electricidad a la belga Tractebel TREBt.BR, hasta que se resuelva el caso en los tribunales.
El rechazo a la privatización es por temor a que la nueva empresa aumente las tarifas del servicio público y despida a sus trabajadores. Toledo, a punto de cumplir un año de gobierno, prometió a fines del 2000 en su campaña electoral no privatizar las empresas de generación de energía Egasa y Egesur.
La protesta llevó al Ejecutivo a decretar el estado de emergencia en Arequipa, que implica la suspensión de garantías constitucionales de las personas, dejando el control de la ciudad en manos del Ejército por primera vez durante este gobierno.
Guillén, de 63 años, afirmó que la «victoria» de su pueblo sentó un precedente en este país de 26 millones de habitantes, de los que el 54 por ciento vive en la pobreza, y acostumbrados a convivir entre la promesa y el desengaño de sus políticos.
«De ahora en adelante nunca más en Perú un candidato prometerá algo que no podrá cumplir», dijo el alcalde.
«Este pueblo se sintió engañado, de alguna manera traicionado porque Toledo como candidato prometió no privatizar. Cuando a un pueblo se le engaña no sólo se llena de frustración, sino de ira como pasó en Arequipa», agregó.
Relaciones peligrosas
Guillén advirtió además que el gobierno de Toledo ingresó a un terreno peligroso al apoyarse en las Fuerzas Armadas para contrarrestar las protestas, que dejaron un muerto, al menos 200 heridos y 100 millones de dólares en pérdidas materiales.
«Esto es peligroso porque estaría dando como manifiesto que un gobierno que fue elegido por el pueblo no puede resolver sus problemas en democracia», aseguró el alcalde.
«Sin duda al gobierno se le fue la mano al dar un estado de emergencia en una situación crítica como hubo en Arequipa», dijo.
El alcalde fue prácticamente un aliado de Toledo en su lucha contra el gobierno del ex presidente Alberto Fujimori, quien gobernó el país por 10 años con el apoyo de los militares y fue destituido por un escándalo de corrupción en noviembre de 2000.
Tras recordar las marchas que hizo junto a Toledo para rechazar la segunda reelección de Fujimori en un proceso electoral lleno de denuncias de fraude, Guillén dijo que ahora ve un alejamiento casi irreversible con el actual mandatario.
«Con esto queda marcada una distancia política con Toledo», afirmó.
«El presidente no ha cultivado adecuadamente formas que se manejan en democracia. Si hay gente que le reclama algo que está en contra, él (Toledo) no puede salir a decir que no le tiembla la mano. Esta es una tentación autoritaria», remarcó.
Con respecto al tema de la suspensión de la privatización de las empresas eléctricas hasta que lo resuelva el Poder Judicial, el alcalde dijo confiar en la autonomía de la justicia en Perú, «muy manipulada» en la década de gobierno de Fujimori, entre 1990-2000.
«Es una apuesta porque tenemos que confiar ahora en nuestras instituciones», dijo.
Sin embargo, refirió que Arequipa no ha renunciado a llevar el caso de la privatización hasta una consulta popular para decidir el futuro de las empresas eléctricas.
«Si el fallo nos es desfavorable tenemos al Tribunal Constitucional y las instancias internacionales. Este proceso será larguísimo, estamos hablando de muchos años y hay un compromiso del gobierno de no hacer nada con la privatización hasta que se agoten todos los niveles jurisdiccionales», concluyó el alcalde Guillén. *
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