Cifras que marcan el derrumbe argentino

Piqueteros y ahorristas contra el FMI

ISIDORO GILBERT

 

No fue un día cualquiera. Seis meses atrás, miles de personas reclamaron la salida de Fernando de la Rúa y en esas jornadas, cerca de 30 trabajadores fueron muertos por la policía

No es que no lo sintieran, pero ahora los ciudadanos saben por cifras oficiales que el país suma 15 trimestres consecutivos de caída del PBI, casi 4 años de recesión.

Con esta caída trimestral, el PBI llegó al nivel del primer trimestre de 1993. Pero todo está peor desde entonces.

A veces se tiene la sensación de que un pequeño incidente puede derivar en una conmoción social.

El miércoles, miles de personas, ahorristas que quieren que no les roben su plata, marcharon desde el Parlamento hasta Tribunales convocados por un actor cómico, Nito Artaza, también con su dinero confiscado.

Artaza, que lució condiciones de liderazgo propias de esta época de desprestigio de la vieja elite política, fustigó al FMI y a los bancos y convocó para el 9 de julio a una demostración de repudio por el plan oficial de canjear plata por bonos de distinto tipo, eso sí: optativos.

Pero no adoptarlos no soluciona lo esencial: queda un viejo programa de devolución de depósitos, con dólares pesificados a 1,40 pesos (nada que ver con los 3,60 de ahora), a cuentagotas.

El FMI demandó, y aún lo hace, que esos bonos fueran obligatorios: si el gobierno optó por la otra variante fue para tratar de serenar los ánimos. Casi nadie por ahora acepta la propuesta oficial y las manifestaciones son la mejor muestra del rechazo al plan.

Las marchas callejeras desafiaron medidas del gobierno para evitarlas, sobre todo que no hubiera bloqueo al ingreso a esta ciudad, cosa que ocurrió en tres puntos fundamentales al igual que cortes de avenidas y calles.

Desde temprano la Central de Trabajadores Argentinos (CTA), la Corriente Clasista y Combativa (CCC) y la Federación de Tierra y Viviendas, encabezaron marchas con miles de participantes desde los suburbios hacia Plaza de Mayo.

A ellos se añadió por su lado la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) que cumplió un paro de actividades antes de marchar hacia la Casa de Gobierno, en reclamo de medidas que reactiven la industria y la implementación de un aumento salarial: la Plaza, lugar de encuentro de luchas desde siempre, estuvo colmada. Y vallada para que la gente no hiciera sentir su respiración sobre la Casa Rosada.

La Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) marchó cortando calles bajo el lema «Bush y el FMI o nosotros». Los maestros vuelven a levantar la mítica «Carpa Blanca» El FMI estuvo en la picota: ayer finalizó una parte de las funciones de una misión «de avanzada» y las conversaciones continuarán en Washington, cuando viaje allí el ministro de Economía, Roberto Lavagna.

La izquierda quiso que la misión se llevara un recuerdo. Al atardecer se concentraron en la puerta del Hotel Sheraton, para repudiar la presencia de los funcionarios del Fondo, diputados y militantes de ese color bajo la consigna: «Seamos libres, lo demás no importa nada».

Y como era jueves, también se cumplió la ronda semanal de las Madres de Plaza de Mayo, paseo histórico plagado de reclamos.

En general, las demostraciones fueron pacíficas. Pero en Salta el gobernador Juan Carlos Romero, de la derecha justicialista, ordenó una dura represión con heridos y detenidos porque lo irritó una olla popular instalada frente a la casa de gobierno. En el mitin de Plaza de Mayo se criticó duramente al posible candidato peronista para las presidenciales, el gobernador de Santa Fe, Carlos Alberto Reutemann, «hombre de los EEUU y el FMI» y responsable, dijeron, de varios de los asesinatos en los duros días de diciembre.

Pero además, en clara referencia a la candidata del ARI, Elisa Carrió, que pilotea las encuestas, la convocaron a sumarse a las luchas y anticiparon que buscarán conformar un Frente Político y Social con la diversidad que se moviliza, con criterio independiente.

Volvamos a la economía. La caída del 16,3% del PBI no tiene precedentes en la historia argentina y ha colocado a este país al nivel de América Central.

En números, significa que en 1993, el PBI por cápita era de 6.575 pesos, contra 5.994 pesos que representa hoy.

Ese año, cuando Carlos Menem promediaba la mitad de su primera presidencia, había 1.100.000 argentinos de brazos caídos por la desocupación. Hoy hay más de 3 millones de personas sin empleo. Hace 9 años, los pobres de 1993 eran 8 millones; ahora son 16 millones. Pero fue justamente en los 90, cuando empezó a crecer el germen que terminaría lanzando a millones de argentinos bajo la línea de pobreza.

Es que el crecimiento económico de aquellos años no llegó a traducirse en una mejora de la distribución de la riqueza. Así, la teoría neoliberal del derrame no se cumplió.

En la década del 90, la brecha de ingresos entre el 10% más pobre y el 10% más rico trepó un 57%. Mientras a principios de los 90, el 10% más pobre de la población recibía el 2,1% de los ingresos totales, hoy apenas percibe el 1,5%.

En contrapartida, el arco más rico de la población pasó de percibir el 33,6% del total de ingresos a acaparar el 36,7%. Así, hoy, en pleno récord de caída del PBI, los más ricos reciben 28,7 veces más ingresos que los más pobres.

Todo indica que como van las cosas, este año el PBI caerá un 15% como sostiene los técnicos del FMI liderados por el inglés John Thornton.

Las proyecciones oficiales estiman que la baja sería del 12%, lo que acentuaría la caída del año pasado, que cerró con una pérdida del 4,4%.

Es así como están las cosas. *

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