Enseñanzas de una derrota
Tras la debacle sufrida por la izquierda francesa en las elecciones legislativas del 9 y 16 de junio –cuyo análisis iniciamos ayer– podemos intentar ahora una visión panorámica de las cuatro consultas electorales que vivió Francia en ocho semanas, a partir de las presidenciales del 21 de abril y 5 de mayo. Las distintas formaciones de la izquierda (integrantes o no del gobierno de Lionel Jospin) abrieron un debate al respecto, de gravitación internacional.
La vieja fórmula
Algunos atribuyen al cansancio por esta seguidilla de elecciones el elevadísimo índice de abstención, que culminó en 39,3% el domingo pasado, en ascenso sobre el 35,6% registrado en el primer turno legislativo y el 27,6% de la primera vuelta presidencial. Pero no es un tema de fatiga por repetición. Si muchos jóvenes de medios populares y próximos a la izquierda no fueron a votar, es porque estaban decepcionados por la actitud de las fuerzas políticas del arco progresista en su conjunto, no se sentían representados por ninguna de ellas. Con un agregado: la tasa de abstención real es aún mayor, porque los porcentajes citados se calculan sobre el número de inscriptos y no de la población en edad de votar, una parte de la cual –entre un 7 y un 10%– no está incluida en el padrón. De hecho, la abstención abarcó a más de 17 millones de personas.
Desde el lunes mismo la derecha de lanzó con todo al ataque. Jean Pierre Raffarin, reconfirmado como primer ministro, remodeló su gabinete según la fórmula de los viejos tiempos: «on prend les mêmes et on recommence»: se toma a los mismos y se vuelve a empezar. Se mantuvieron en sus puestos todos los anteriores ministros menos uno, el delegado a los asuntos europeos Renaud Donnedieu de Vabres, que tiene una causa en la Justicia por blanqueo de capital e infracción a la ley sobre los partidos. Se nombraron 12 nuevos integrantes en el equipo (previamente se había hablado de cuatro o cinco), constituido ahora por 15 ministros, 11 ministros delegados y 12 secretarios de Estado. Entre los nuevos figura una astronauta, Claudie Haigneré, en investigación y nuevas tecnologías, la jurista Noëlle Lenoir en reemplazo del ministro dimitente, e incluso un diputado RPR de Guyana, León Bertrand. El ex primer ministro y alcalde de Bordeaux, Alain Juppé, fue designado presidente de la reacción formada Unión por la mayoría presidencial y declaró que «es la primera vez, desde 1981, que tenemos por delante cinco años de gobierno», con un presidente y un primer ministro del mismo signo. El confirmado ministro del Interior, Nicolás Sarkozy, declaró que se empeñará en una nueva ley sobre seguridad pública.
La izquierda se plantea su remodelación en pensamiento y acción, para ubicarse como fuerza opositora. François Hollande, primer secretario del PS, defendió las realizaciones del gobierno de Jospin en el plano económico y social, llamando a preparar con todos sus asociados las condiciones de una nueva alternancia. Laurent Fabius, ex ministro de Economía socialista, dijo que la izquierda debe «reconstruir un proyecto socialmente justo, económicamente eficaz y ecológicamente duradero, todo ello en el plano de la unidad de todos los socialistas y de unidad de toda la izquierda». Dominique Strauss-Kahn, también ex titular de Economía, dijo que dejaban a Francia en mejor estado que en 1997 en materia de desempleo y deuda pública. Jack Lang, ex ministro de Educación, declaró que la izquierda debe llevar a cabo «una verdadera revolución intelectual», mientras Yves Cochet, ex ministro del Medio Ambiente, verde, y vencedor en una circunscripción de París, habló de «la refundación de una nueva izquierda que Francia necesita». La comunista Marie George Buffet, también ex ministra, señaló que la PCF será «una fuerza de resistencia, de propuestas y de esperanza». Olivier Besancenot, candidato de la LCR, trotskista, aludió a la falta de proporcionalidad electoral y a la unión posible de la izquierda y del movimiento popular en defensa de la legislación social.
Ya dijimos que París fue la excepción: no sólo resistió a la «oleada azul» sino que mantuvo las posiciones de la izquierda en la capital, conquistó tres nuevos mandatos y se erigió en mayoría absoluta, revirtiendo la situación anterior. Por ello tiene especial significación el mensaje de su alcalde electo en 2001, el socialista Bertrand Delanoe, quien vio en el éxito de la izquierda «un mensaje esperanzador y una exigencia formidable para amplificar una dinámica de democracia de proximidad». Resaltó el hecho de que los nueve diputados reelectos mejoraron sus resultados hasta en seis puntos, al tiempo que se conquistaron tres nuevas diputaciones. En varias circunscripciones, toda la izquierda votó por un candidato común.
Esto ocurrió no sólo en París, además, y es una señal auspiciosa para el futuro.
Arequipa y Asunción
La lucha no tardará en entablarse en torno a la defensa de la legislación social conquistada en el gobierno de Jospin, como las 35 horas semanales de trabajo y leyes de pasividades, y en rechazo a un plan de privatizaciones que se viene a tambor batiente. En estas mismas horas nos llegaban desde Perú las noticias de las formidables luchas del pueblo de Arequipa (extendidas luego a Tacna, Puno, Maquegua y otras provincias sureñas) contra la privatización de las empresas eléctricas, emprendida por el presidente Alejandro Toledo en violación de sus promesas, a lo que sumó una brutal represión, con muertos y heridos, la instauración del estado de sitio, la colocación de las provincias bajo control militar y la supresión de las libertades individuales.
Días pasados, eran los campesinos y obreros paraguayos movilizados y convergiendo sobre Asunción quienes obligaron al presidente González Macchi a dar marcha atrás en una ley de privatización de la empresa estatal de comunicaciones.
La lucha es una sola. En todas partes, contra la misma receta maldita. *
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