Francia: el alto precio de la desunión de la izquierda

La derecha arrasó en el segundo turno de las elecciones legislativas francesas del domingo 16. Alcanzó no sólo la mayoría absoluta, sino los dos tercios de la Asamblea Nacional de 577 diputados. Detenta la presidencia, el control del Poder Legislativo y designará de sus filas el próximo primer ministro. Se terminó la cohabitación entre un presidente de derecha (Jacques Chirac) y un primer ministro socialista (Lionel Jospin) a la cabeza de un Gabinete de la izquierda plural. La ultraderecha de Le Pen se eclipsó de la Asamblea Nacional, pero en las presidenciales previas acrecentó sus votos. Desde el gobierno la derecha se lanzará a mayores privatizaciones y a revertir la legislación progresista conquistada bajo el gobierno saliente, empezando por las 35 horas. En ese cuadro, París fue una alentadora excepción.

La derecha, por goleada

El descalabro de la izquierda es consecuencia directa de su división, expresada en la actitud demencial de presentar 8 candidatos para el primer turno de las presidenciales del 21 de abril: un socialista, un comunista, un verde, tres trotzkistas, Chevènement y una diputada de la Guyana. Entonces se afirmó que «el terremoto político del primer turno presidencial tiene una sola causa: la dispersión, absurda, de la izquierda». Hubiera bastado que uno solo de esos candidatos se sumara a Jospin para que éste pasara al segundo turno. Pero la división determinó que ese lugar fuera ocupado nada menos que por Le Pen. Jospin renunció y se retiró. La izquierda se vio obligada entonces a adoptar una posición contra natura, que muchos de sus seguidores asumieron con repulsión: votar por Chirac para cerrar el paso al fascismo. El presidente resultó electo por una mayoría tan apabullante como artificial (más de 82%), que quintuplicó con creces su paupérrimo resultado electoral en la primera vuelta (menos del 14% de los inscriptos). Le Pen orilló el 18%, y si ahora no obtuvo representación parlamentaria, ello se debe al régimen electoral, por el cual cada distrito elige al candidato que llega a la cabeza, y los demás votos se pierden.

La Asamblea Nacional saliente se componía de 319 diputados de izquierda y 258 de derecha. La reversión ha sido total. La Unión para la mayoría presidencial, agrupada a forceps tras Chirac después del primer turno presidencial, obtuvo 365 bancas, y 29 la derechista UDF de François Bayrou. El Partido Socialista baja de 248 a 154 bancas, el PCF de 38 a 21 manteniéndose como grupo parlamentario, los verdes tienen 3. Dirigentes izquierdistas de primer plano perdieron en su propio distrito: Martine Aubry, Pierre Moscovici, Michel Vauzelle por los socialistas, el presidente del PCF, Robert Hue, en Argenteuil, en el Vad d’Oise, Dominique Voynet por los verdes, incluso Jean-Pierre Chevènement en su reducto tradicional de Belfort.

La excepción, decíamos, es París. Allí la izquierda no solamente conserva su primacía en 9 circunscripciones, sino que le agrega otras tres (dos para los verdes y una para los socialistas), sobre un total de 21

. La derecha no digirió aún su derrota en las elecciones municipales de marzo 2001, y ello refuerza la posición de Bertrand Delanoe, alcalde de la capital, en el seno del PS.

El perfil de la abstención

La abstención marcó un récord histórico. Mayor incluso que en las presidenciales. En la noche del domingo, el Ministerio del Interior anunció una abstención del 39,23%. O sea que casi 4 de cada 10 electores rehusaron presentarse a las urnas. El número aumentó con relación al primer turno del 9 de junio, en que cifró 35,59%. Ambos mucho más elevados que la abstención registrada en el primer turno de las presidenciales (27,6%), que a esa altura era un guarismo sin precedentes.

Lo que acrecienta la preocupación es el perfil de los abstencionistas. Según la consultora Sofres, son más bien jóvenes, próximos a la izquierda y provenientes de medios populares. «Ruda lección –escriben los comentaristas– para quienes, en el seno del PS, del PCF y de los verdes, se proponen reconstruir la izquierda», según la fórmula que se abrió paso en la noche de la derrota.

Privatizaciones y 35 horas

Ello será tanto más imprescindible desde que ya se anuncia una ofensiva general de la derecha, dueña ahora sin contrapeso de todas las palancas del poder, para liquidar las conquistas alcanzadas bajo el gobierno de la izquierda plural.

Relegado el régimen de la cohabitación, con Chirac en el Eliseo y Jean-Pierre Raffarin (seguramente confirmado) en Matignon, se afilan las uñas con tres objetivos iniciales en la mira: aumentar el ritmo de privatizaciones de empresas integrantes del patrimonio estatal; liquidar o retacear el alcance de la ley de 35 horas de trabajo semanal, importante conquista de las organizaciones sindicales, apoyadas en sus movilizaciones por partidos de izquierda, particularmente los comunistas; y una reforma de las pensiones y del régimen jubilatorio al estilo estadounidense. Véase cómo en todas partes se cuecen habas, en el caso según la receta de los organismos que conforman el verdadero poder internacional, como el FMI y el Banco Mundial.

El destino de la izquierda

En el fondo, lo que está en juego es el destino de la izquierda, de la democracia y de la nación gala. Una encuesta efectuada por la empresa Ipsos-Vizzavi para dos canales y dos diarios en la víspera del segundo turno, muestra que 49% de los interrogados desea que los partidos de izquierda: socialistas, comunistas, radicales de izquierda y verdes se unan para conformar un agrupamiento político único. Este deseo es también el del 71% de los simpatizantes de la izquierda.

Volveremos sobre el tema. *

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje