EEUU construye base logística para escudo espacial

Estados Unidos comenzó la construcción en la base militar en Fort Greely, Alaska, de seis silos para albergar los primeros misiles del escudo espacial, en medio de protestas y manifestaciones de ambientalistas.

Alaska, el estado norteamericano con menor densidad de población (600 mil habitantes, menos de 0,5 persona por kilómetro cuadrado) –en una base que en el pasado sirvió para experimentar armas químicas y biológicas– es el lugar elegido por el gobierno Bush para iniciar la etapa «post Tratado ABM».

Los silos estaban prohibidos hasta ahora por el ABM que, en la medianoche del jueves pasado Estados Unidos abandonó, luego de 30 años de buenos servicios en pos de la paz basada en la recíproca disuasión.

El general Ronald Kadish, jefe de la Agencia para la defensa antimisil, explicó, dando vía libre el sábado a los trabajos, que el escudo «es necesario para cerrar todas las puertas» a los ataques de los llamados «Estados canalla», los de «eje del mal» (Irak, Irán y Corea del Norte), que, alrededor de 2015, podrían –según la agencia de inteligencia estadounidense– ser capaces de «entregar a domicilio» armas de destrucción masiva.

Mientras se excavan los silos inmensos, permanecen los proyectos de cumplir nuevas perforaciones en los santuarios naturales de Alaska, más allá del círculo Polar Artico, para reducir la dependencia energética del país en las importaciones.

Es verdad que se podría apuntar al ahorro o a las energía alternativas, pero la «solución Alaska» es la más simple y más económica a corto plazo.

George W. Bush el petrolero –por negocios propios y de familia– se lavó la conciencia ambientalista ahorrando profundas perforaciones a la Florida gobernada por su hermano menor Jeb.

Para el comienzo de la construcción de los silos, pacifistas y ambientalistas organizaron protestas en Fort Greely, más de 150 kilómetros al sudeste de Fairbanks, en el interior del estado.

Los activistas escucharon a las autoridades haciendo sonar tambores, agitando carteles y cantando consignas.

Los pacifistas están preocupados de que el proyecto antimisil desate una carrera armamentista y que se revele muy costoso –casi 400 mil millones de dólares es el dinero destinado en los próximos 15 años–, pero ineficaz para defender Estados Unidos contra el terrorismo misilístico.

Los ambientalistas temen un impacto de las operaciones previstas sobre la naturaleza canadiense, golpeada por el efecto invernadero (otra calamidad humana): las temperaturas medias subieron claramente en las últimas tres décadas y alteraron el perfil del estado.

Pero la reestructuración de la base y la realización del escudo, así como las excavaciones con gigantes grúas, crean también puestos de trabajo y riqueza, por lo cual muchos habitantes de Alaska y autoridades locales los miran con satisfacción.

En línea de máxima, el sitio misilístico de Fort Greely será utilizado para experimentar un sistema de defensa antimisil terrestre, mientras avanzan proyectos de un test para un sistema de unidad en navegación.

Pero el Pentágono espera que un sistema de emergencia, llamado «Midcourse», a mitad de camino, pueda ser operativo hacia el verano (boreal) 2004, de modo de poderlo utilizar, si existiera la necesidad.

El gobierno Bush tiene apuro en implementar el proyecto lanzado hace casi 20 años en un contexto de política internacional totalmente diferente, desde Ronald Reagan.

Existe la amenaza de terrorismo, pero también hay razones políticas de política interna: en noviembre de 2004 se votará para elegir a un nuevo presidente.

Desde ahora en adelante, la «batalla de los fondos» para el escudo será áspera entre Casa Blanca y el Congreso, entre republicanos y demócratas. *

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