El ex gobernador militar de las Malvinas, Benjamín Menéndez, cuenta su historia

Argentina no quería la guerra

BUENOS AIRES, ANSA

 

Al cumplirse el vigésimo aniversario de la rendición argentina en Malvinas, Menéndez dijo al local diario Clarín que «se llevó a cabo un acto militar que debía motivar una negociación política» pero «lamentablemente, los supuestos no se dieron».

«Nos encontramos envueltos en una guerra que Argentina no había buscado, que no había previsto», agregó.

Según Menéndez, el ex presidente de facto Leopoldo Galtieri, usurpador del poder cuando tropas argentinas desembarcaron en el archipiélago el 2 de abril de 1982, le anunció la operación como una acción «incruenta y hasta el ‘Día D más cinco’, es decir que el 7 de abril debía haber negociaciones» diplomáticas.

De acuerdo con la versión, Argentina planeaba, tras el desembarco,»dejar unos 500 hombres» en el territorio austral mientras abría canales de diálogo en Naciones Unidas.

«Yo tenía la esperanza, y así lo hice saber, de que se aceptara la Resolución 502 de Naciones Unidas, que daba a la Argentina como agresora pero imponía la suspensión de hostilidades, el retiro de las fuerzas y la negociación. Pero lo que Galtieri me dijo fue: ‘no puedo hacer lo que me pidió'», evocó Menéndez.

El general argentino, quien firmó la rendición de sus tropas el 14 de junio de 1982, fue juzgado por un tribunal militar y otro civil por su actuación en la guerra, pero fue beneficiado por fallos y resoluciones que le permiten hoy estar en libertad. Menéndez reconoció, dos décadas después de aquella contienda que dejó unos 400 muertos entre las tropas argentinas, que «no había grandes posibilidades de éxito», lo que comprendió «cuando los ingleses desembarcan el 21 de mayo en la bahía de San Carlos» y establecieron una cabecera de playa.

Pero de acuerdo con su visión histórica, la junta militar que por entonces gobernaba de facto a la Argentina (1976-1983) sabía desde antes que la recuperación por la fuerza del archipiélago estaba destinada al fracaso.

«En abril, los tres comandantes (Galtieri, Jorge Isaac Anaya y Basilio Lami Dozo) visitaron Malvinas. Creo que a los tres les quedó la idea de que se estaba haciendo un esfuerzo muy grande, pero que era insuficiente», recordó Menéndez.

La dictadura argentina cometió errores de apreciación y estrategia al decidir la invasión a Malvinas, según el ex gobernador militar.

El primero de ellos, referido concretamente a la postura que el Reino Unido adoptaría ante el desembarco argentino, fue resumido por Menéndez con patética ingenuidad: según el relato, la Junta Militar suponía que «a Inglaterra le cuesta mucho dinero sostener Malvinas y van a querer sacárselas de encima».

Pero cuando la entonces premier británica Margaret Thatcher anunció el envío de tropas a las Islas, el gobierno argentino volvió a equivocarse: «para ganar tiempo y tal vez para preocupar a los ingleses ante un costo mayor de la operación inicial, Argentina decide que va a defender las Malvinas y a enviar tropas. Eso no estaba previsto. Y empezamos a improvisar».

Además, también «fue un error encarar un conflicto con los ingleses sin tener solucionado el conflicto con Chile», evaluó Menéndez, al aludir a los diferendos limítrofes entre los dos países separados por la Cordillera de Los Andes.

Argentina y Chile estuvieron a punto de entrar en guerra en 1978 a raíz de una disputa por la soberanía del Canal de Beagle, en el extremo austral del continente americano, pero la contienda fue evitada por una mediación in extremis del Papa Juan Pablo II.

Sin embargo, la dictadura chilena encabezada por Augusto Pinochet (1973-1990) prestó apoyo logístico a las fuerzas británicas.

Argentina y Chile terminaron de resolver sus diferendos limítrofes sólo en 1998, mediante la firma de un acuerdo definitivo entre los entonces presidentes Carlos Menem y Eduardo Frei, respectivamente.

Menéndez también atribuyó decisiva incidencia al apoyo que Estados Unidos suministró a Gran Bretaña: «el combate en el aire, más allá del coraje y la valentía de nuestros pilotos, era imposible por el material que los norteamericanos les habían dado a los ingleses, como el poderoso misil Sidewinder». *

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