Para un prontuario de Otto Reich
Otto Reich fue designado secretario de Estado Asistente para el hemisferio occidental. Este cubano-norteamericano es integrante conspicuo de la mafia de Miami y fogonero de la campaña de Jeb Bush para la reelección como gobernador de la Florida. El presidente George W. Bush lo nombró en forma fraudulenta, sin someterlo a consideración del Congreso, donde sería intensamente cuestionado por los demócratas y no habría votos para confirmarlo. Para ello apeló a una disposición especial que permite tales designaciones durante un receso parlamentario y frente a una situación de emergencia (que no era el caso). Más aun, varios legisladores le habían solicitado expresamente que no apelara a ese recurso, pero Bush los desoyó y proveyó el cargo, vacante desde su asunción el 20 de enero de 2000. Veamos por qué.
Con golpistas venezolanos
Otto Reich es uno de los principales ejecutores de la política de EEUU en Colombia y Venezuela, antes en Nicaragua y Centroamérica y siempre contra Cuba. Participó directamente en el abortado golpe contra Chávez.
La propia administración Bush admitió que Reich estuvo en contacto con el golpista Pedro Carmona mientras éste usurpaba la Presidencia. Según una versión circulante, le pidió que no disolviera la Asamblea Nacional porque sería «algo estúpido». El New York Times señaló que ello planteaba la cuestión de si Mr. Reich u otros funcionarios de la administración Bush orquestaron la toma del poder del señor Carmona. La administración también admite haberse contactado durante la gestación del golpe con el general insubordinado Lucas Romero Rincón, quien se reunió con Rogelio Pardo-Maurer, funcionario del Pentágono asociado a la «contra» nicaragüense.
Tom Turnipseed, un activista de DDHH de Columbia, Carolina del Sur, escribe en una nota titulada «La propaganda de Otto Reich recuerda al Tercer Reich»: «Alarma que esta figura ominosa esté emergiendo como un responsable crucial en el papel de la administración en el golpe fracasado para reemplazar a Chávez por una oligarquía de elites empresariales, militares y adineradas»; y agrega que otto Reich, ex embajador norteamericano en Venezuela y miembro de un lobby relacionado con la Mobil Oil en dicho país, dio la voz de alarma ante los congresistas por la política de Chávez respecto a la petrolera estatal PDVSA y la OPEP en el plano internacional, y por haber ayudado a Cuba con precios preferenciales para el crudo. Reich dejó los dedos marcados en la conspiración contra Chávez. Ya quedó demostrado, con nombre y apellido, que oficiales norteamericanos estuvieron en Fuerte Tiuna durante el golpe; que barcos de guerra, perfectamente individualizados, merodearon cerca de aguas territoriales venezolanas, en contacto con bases yankis en la región, y que un avión yanki aterrizó en Maiquetía. Hoy la conspiración sigue su curso.
Militares con y sin capucha
Se dice que, en su primer día en el State Department, Reich se ocupó de la extensión del Plan Colombia a la lucha armada contra las FARC y el ELN, y a monitorear la convulsionada situación venezolana.
Tras la huida del golpista Carmona y su asilo en Colombia (por ahora), el contralmirante Carlos Molina Tamayo se asiló en la embajada de El Salvador en Caracas, contando con los buenos auspicios del presidente Francisco Flores, «un buen amigo de Bush». Otros militares lo hicieron en la representación diplomática de Bolivia. Ahora, tres jefes militares golpistas: el coronel del ejército Pedro Soto, el de la aviación Silvino Bustillos y Luis García Morales buscan asilo en EEUU. Varios encapuchados que se presentaron como militares opuestos a Chávez fueron acogidos como paladines de la democracia por el monopolio televisivo, el mismo que anuncia a todo bombo una manifestación de los militares para subvertir el orden constitucional. Por todos estos medios se prepara activamente una reedición del golpe de Estado del 11 de abril.
El escándalo Irán-contras
Los legisladores se negaban a votar la venia para Reich porque entre 1983 y 1986 éste fue director de la Oficina de Diplomacia Pública para América Latina y el Caribe del Departamento de Estado, que se dedicó a orquestar la propaganda negra (e incluso a falsificar documentos, como probó una investigación posterior que determinó el cierre de la oficina) para justificar la ayuda en armas y dinero a la «contra» y las operaciones militares abiertas o encubiertas contra un gobierno sandinista en Nicaragua. La Oficina estaba conectada con Oliver North, integrante del Consejo Nacional de Seguridad, y ambos, conjuntamente con Elliot Abrams, se involucraron directamente en el escándalo Irán-contras, un mecanismo urdido por el gobierno de Reagan para vender armas a Irán y utilizar el dinero (además de forrarse los bolsillos) para armar a la «contra». En la pandilla que operaba en América Central se encontraba también John Negroponte.
Condenados por mentirle al Congreso, ahora todos resurgieron de sus cenizas.
El trío de renegados
Además de Reich, Bush II recicló a Elliot Abrams como jefe de la «Oficina de Democracia y Derechos Humanos» del Consejo de Seguridad Nacional. Negroponte fue nombrado (también sin venia) nada menos que embajador ante la ONU, a pesar de su complicidad con los escuadrones de la muerte hondureños cuando fungía como embajador en Tegucigalpa. Cabe agregar, por añadidura, que mientras Reich fue embajador en Caracas, de 1986 a 1989, contribuyó decisivamente a sacar de la cárcel al terrorista de la CIA Orlando Bosh, culpable del atentado de 1976 contra el avión de Cubana y que ahora sigue operando para la Agencia en Miami. Reich hizo lobby para la compañía de ron Bacardi de Miami, colaboró en la ley Helms-Burton de 1996 y fue corredactor del artículo 211 de la ley de presupuesto de 1998, que despojó a Cuba de sus propias marcas beneficiando a Bacardi, que ahora produce y vende ron Havana Club. *
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