Carnicería ante el consulado norteamericano de Karachi
Los clientes del hotel Marriott, lindante con el consulado y que sufrió la quebrazón de todos sus cristales, hicieron rápidamente sus maletas en los minutos que siguieron al atentado.
«La gente está marchándose», explicó una empleada de este hotel de cinco estrellas, Fakia Ahmed, precisando que la mitad de los clientes son extranjeros.
«Oí la explosión e inmediatamente entendí que fue dentro o alrededor del consulado norteamericano», añadió.
Testigos aún conmocionados describieron las escenas horribles vividas tras el atentado. «Había un torso decapitado en el suelo, la policía recogía trozos de cadáveres en otros dos lugares. El suelo estaba cubierto de sangre», explicó uno de ellos.
El muro que rodea el consulado, construido con cemento y acero para resistir explosiones fuertes, estaba destruido en varios metros.
Los vidrios de los edificios situados en un perímetro de 500 metros alrededor del consulado quedaron hechos pedazos. Las hojas de los árboles, arrancadas por la deflagración, formaban una alfombra verde en el suelo.
Pedazos de coches y motos yacían en la calle que lleva del consulado al hotel Sheraton, frente al cual murieron 14 personas, once francesas, el 8 de mayo pasado en un atentado similar.
Los restos de la camioneta Suzuki que aparentemente transportaba la bomba estaban desperdigados en el parque Jinnah, frente al consulado.
La estructura misma de la representación diplomática había sufrido daños, dijo un portavoz de la embajada estadounidense en Islamabad.
La explosión se oyó en un radio de un kilómetro. «La explosión fue tan fuerte que nuestro edificio tembló horriblemente», explicó Sohail Anwar, propietario de una tienda de electricidad en el centro comercial Victoria Building.
«Salimos inmediatamente del almacén y vimos la humareda ascendiendo del consulado», añadió.
«Recitaba el Corán cuando tuvo lugar la explosión», explicó Rabia Tahir, una florista del hotel Metropole, a varios cientos de metros del consulado. «Las paredes se movieron de tal modo que creí que era un terremoto y grité a mis colegas que huyesen».
Mahmud Sultán, vendedor de alfombras afganas que trabaja cerca del hotel Metropole, también pasó miedo: «La explosión pareció tan cerca que creí que había alcanzado a mi almacén». *
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