
Más de nueve millones de cubanos, casi el 80% de la población según las cifras oficiales, manifestaron a lo largo y ancho del paÃs para apoyar una enmienda constitucional lanzada por organizaciones afines al gobernante Partido Comunista, que piden mayor rigidez en la Carta Magna para bloquear la posibilidad de cambios.
“Consignar” al socialismo como sistema de gobierno “intocable” en Cuba, lo que implica mantener vigente el unipartidismo y la imposibilidad de la oposición a presentar candidatos independientes en comicios legislativos, fue la consigna central para realizar estas multitudinarias concentraciones y marchas.
“Esta es la forma en que Castro responde a las peticiones internacionales de modernizar las obsoletas instituciones cubanas”, señaló a la AFP un diplomático latinoamericano destacado en La Habana. “Al que no quiere sopa, dos platos”, añadió al comentar la movilización. La Habana consideró estas “marchas combativas” como una “bofetada” a las exigencias efectuadas por el presidente estadounidense George W. Bush en mayo pasado, quien reclamó una apertura democrática en Cuba para levantar el embargo que su paÃs mantiene contra la isla desde hace más de cuatro decenios.
Pero la movilización no sólo constituyó una respuesta a las peticiones de Bush, sino que al afianzar la rigidez del sistema socialista para introducir reformas le bloquea el paso a cualquier intento opositor por modificar el actual panorama polÃtico.
La disidencia interna, que mayoritariamente habÃa confiado sus posibilidades en el denominado Proyecto Varela, una iniciativa avalada por la firma de 11.020 ciudadanos que promueve la convocatoria a un referendo en demanda de mayores libertades públicas, quedará sin margen de maniobra si se modifica la Constitución.
Los opositores advirtieron en un comunicado que promover la “inamovilidad” del socialismo constituye un “atentado anticÃvico, contra la propia Constitución, es un gravÃsimo acto contra la soberanÃa popular, tÃpico de los regÃmenes fascistas, comunistas y otros de terror, en fase de totalitarismo agonizante”.
Pero las protestas de los disidentes, que operan en forma ilegal pero tolerada, no fueron atendidas por las autoridades, que entienden que la “gran marcha” de la vÃspera no fue más que “una demostración palpable de que el pueblo es la fuerza, el gobierno y el poder mismo de la nación”, según señala este jueves el diario Granma. La cifra oficial de participantes en los actos, nueve millones de personas sobre un total de 11,2 millones de habitantes, “puede no ser magnificada, pues se conoce la capacidad de movilización de las organizaciones de masas en Cuba, pero no es representativa de una voluntad popular unánime”, señaló otro diplomático.
“Muchos de los manifestantes son convocados en sus centros de trabajo, en sus lugares de estudio y hasta en sus propias casas por los Comités de Defensa de la Revolución, para luego ser transportados hasta el lugar de la manifestación sin ser consultada su opinión”, explicó.
La reivindicación del modelo socialista, que rige desde hace 43 años en Cuba, también cerró las puertas a los reclamos realizados por el ex presidente estadounidense Jimmy Carter, durante la histórica visita que realizó en mayo pasado a la isla, quien solicitó una transición hacia la democracia y libre expresión para la oposición, vedada por ley en la isla. *
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