Falsa alarma en Nueva York

NUEVA YORK, ANSA

 

La alarma saltó el martes sobre la autopista Franklin Roosevelt (FDR), que costea Manhattan sobre el East River, cuando un sensor antirradiación de alta tecnología del agente antiterrorismo Steve Donahoo comenzó a sonar enloquecidamente.

La alarma duró muy poco tiempo, porque lo que envió la señal al instrumental de Donahoo fue una camioneta estacionada cerca del New York Hospital, en el Upper East Side, con cuadro reciente con material radiactivo de uso médico a bordo.

Pero el episodio resultó igualmente significativo, porque tanto a Nueva York como en Washington y en el resto de Estados Unidos, los nervios de las fuerzas del orden, de la población y de los políticos están muy tensos, tras el hallazgo de un complot de Al-Qaeda para detonar en territorio estadounidense una bomba radiológica.

La inseguridad nuclear preocupa a Estados Unidos: centenares de hospitales, laboratorios y empresas privadas conservan material nuclear de baja radiactividad, del que un terrorista sin escrúpulos podría fácilmente apoderarse para confeccionar una bomba «sucia».

Las condiciones de mínima seguridad del material radiactivo fueron denunciadas en el Congreso por el representante Ed Markey, de Massachusetts: hasta 1985, se necesitaba un número de serie para monitorear los traslados de escorias e isótopos a través del país, pero ya no son más necesarios. En muchos casos, denunció Markey, la tarea de vigilancia sobre la seguridad de estos materiales corresponde a las autoridades sanitarias locales.

Hasta la detención de José Padilla o Abdulla al-Mujahir, el FBI o la CIA no tenían dudas de que Al Qaeda había puesto las manos sobre cesio, estroncio o cobalto, pero el gran problema de los terroristas es el de ingresar a Estados Unidos el material primero comprado en el mercado de las armas de Asia Central.

El arresto de Padilla modificó las perspectivas, porque en vez de contrabandear sustancias contaminantes a Estados Unidos, los terroristas podrían intentar adquirirlo o robarlo en el lugar.

«Los planes de Padilla se basaban en la individualización de una fuente interna de isótopos radiactivos», dijeron agentes antiterroristas al Washington Post. A esta hipótesis se agrega otra amarga constatación, como que la seguridad del material radiactivo en Estados Unidos –en especial material de baja radiación–, es un colador.

Menos de un mes atrás, la Nuclear Regulatory Commission dio cuenta de cifras alarmantes. Desde 1996 las empresas privadas de Estados Unidos perdieron la pista de unas 1.500 piezas radiactivas, la mitad de las cuales jamás fueron recuperadas.

Otras 30.000 contenedores fueron abandonados o arrojados, según una estimación de la Enviromental Protection Agency (EPA). *

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