Ta’ayush, un movimiento de cooperación árabe-judía en Israel
MARCOS WASEM, JERUSALEN, ESPECIAL PARA LA REPUBLICA
En aquella ocasión, la cantidad de ataúdes negros triplicaba casi la cantidad de ataúdes blancos. Más recientemente organizaron, en coordinación con otras organizaciones judías y árabes, movilizaciones para llevar ayuda humanitaria a los territorios palestinos donde llegaron a participar miles de personas, que llegaron a enfrentarse con la policía, también han sentido los balazos de los colonos judíos que ocupan los territorios palestinos. Hablamos con Roni, una judía que participa en este movimiento y que también trabaja en el Centro de Información Alternativa.
–Primero que nada, querría saber cómo el movimiento se define a sí mismo.
–El movimiento se define a sí mismo como movimiento político, que realiza actividades en pro de la justicia social dentro de Israel y en los territorios palestinos, y contra la ocupación. La idea que subyace a esto es la de cooperación, y la de una igualdad auténtica entre árabes y judíos, desde una visión que intenta dar una alternativa a lo que ocurre hoy aquí.
El movimiento se inició en realidad luego de los eventos de octubre de 2000, donde fueron asesinados trece ciudadanos por la Policía. Entonces se entendió que fueron asesinados únicamente por ser árabes, que muchos ciudadanos árabes israelíes empezaron a ser considerados como árabes de los territorios ocupados, es decir, que los judíos israelíes ya no veían diferencia entre habitantes con ciudadanía, y habitantes de los territorios ocupados. Un árabe es un árabe, palestino, y por lo tanto un enemigo.
También se entendió que la razón por la que ello ocurrió, fue que no hubo judíos en esas manifestaciones. En las manifestaciones de apoyo que hubo entonces, cuando se inició la Intifada, participaron únicamente árabes; y si hubiera habido judíos, pues es claro que no habrían disparado a los manifestantes.
–¿Y qué pasó? ¿Vinieron judíos y dijeron «vamos a participar de las movilizaciones de los árabes para impedir que les disparen? Pues es lo que me surge de lo que me decís.
–Lo que pasó es que hubo tanto árabes como judíos que vieron la situación política y se plantearon que no había en ese momento una respuesta árabe-judía a la situación. Existía una respuesta árabe por un lado, y otra judía, que en verdad casi no existía, porque en ese mismo período en que estalló la Intifada se dio la confusión ya conocida por todos (n. del t.: se refiere al fracaso de las iniciativas diplomáticas en ese momento, y a la versión oficial de ese fracaso).
Así que no se trata sólo de defender la vida de los árabes en el movimiento, sino de la necesidad de crear alguna alternativa. Una alternativa auténtica donde judíos y árabes sean iguales. Nuestra idea básica es crear una atmósfera propicia a esta igualdad, es decir que todas las actividades que nosotros y nosotras hacemos, deben ser seguras para árabes y judíos, que tanto unos como otros puedan llevar a cabo las actividades, y que pueda participar el mayor número de gente.
Así en cada cosa que hacemos el equipo de trabajo es de árabes y judíos, si se llevan adelante negociaciones siempre participan árabes y judíos; lo que sea, siempre árabes y judíos. No es aceptable que se dé alguna situación en la que uno de los dos no pueda participar. Es decir, si hay actividades dentro de los territorios palestinos donde no se aceptan judíos, entonces Ta’ayush no participa. O si se vislumbra algún peligro que pueda provenir del ejército para nuestros miembros árabes. Generalmente cuando hay judíos en las manifestaciones no hay peligro de vida real. Siempre hay cierto grado de peligro, pero nosotros confiamos el uno en el otro. Cuando entro en los territorios palestinos como judía, sin hablar árabe con fluidez, confío en que todos mis compañeros árabes, los palestinos y los israelíes, me van a ayudar en la movilización y me van a defender; así como ellos confían en que yo los defenderé en alguna manifestación que se haga aquí, con mi cuerpo, de la Policía y del ejército.
Todo va en ambos sentidos, en todas las actividades que se realizan tanto acá como dentro de los territorios.
–¿El movimiento integra tanto árabes con ciudadanía israelí como árabes que no la tienen?
–El movimiento es un movimiento israelí. Por lo tanto casi todos los árabes que participan son habitantes de Israel. Jerusalén es un poco distinto a veces, porque ser habitante de Jerusalén no significa ser ciudadano israelí. Como la ciudada está casi dentro de los territorios ocupados, (gran parte de ella son territorios ocupados), llegó a haber gente de Ramalá y de varios pueblos vecinos, que no se consideran territorios israelíes. Ahora, el cierre de los caminos y los controles de frontera han terminado con todo eso.
–Pero hay contacto con árabes que no son ciudadanos israelíes, ¿cierto? Es decir, con árabes de los territorios palestinos.
–Todas nuestras actividades en los territorios ocupados se organizan a partir de algún contacto concreto. Ninguna de ellas se hace en forma aislada o por una única vez. No vamos simplemente a hacer una manifestación, o hacer alguna acción humanitaria para llevar comida. Todo lo que hacemos se basa en la creación de un vínculo a largo plazo, en el generar confianza mutua, de modo de poder ingresar quinientas personas a algún pueblo con un peligro mínimo.
–Y en lo concreto, ¿cómo se crea Ta’ayush?
–Lo que se decidió fue fundar un movimiento que en lugar de dedicarse a debatir todo el tiempo, dejando la situación política de lado, se dedicará a hacer. Que todo el tiempo hiciera actividades y discutiera menos. Porque en la izquierda lo que ha venido pasando es que nos hemos dedicado a discutir todo el tiempo sin prestar atención a la situación política… Lo que es el lado divertido de la izquierda, pero es también su lado problemático. Y la situación era tan difícil, que no podíamos seguir de brazos cruzados.
Tuvimos por principio crear una alternativa sobre una base amplia. De este modo podemos lograr una amplia participación en las actividades de Ta’ayush. No se necesita ser izquierdista muy muy radical para tomar parte en el asunto. Tampoco se necesita concordar con una postura prescrita de antemano para participar. Se necesita entender que la ocupación es terrorismo, que ella es el problema, y que hay que luchar en contra, pero cada uno desde su perspectiva.
Hay aquí gente que se define como sionista, y está muy bien, no hay ningún problema. Cada uno puede definir su identidad y su visión de modo distinto; nosotros peleamos por el mismo objetivo con los mismos medios. Y eso es lo hermoso que hay en el movimiento, es así que puede ingresar tanta gente en sus actividades, también porque todo el tiempo se está actuando. Por eso el nombre de Ta’ayush es muy conocido, principalmente por su cantidad de actividades, ahorrándose las discusiones; y también porque realmente hay lugar para que cada persona que crea en cuestiones muy básicas, como la justicia, en su idea más elemental, pueda participar en las actividades.
–Y la gente que estuvo desde el principio, digamos, vino de movimientos políticos que ya existían, ¿cuáles son los orígenes?
–Los orígenes son múltiples. El grupo original que inició las actividades lo hizo en el norte, en la zona de la Galilea y también hubo gente de Tel-Aviv. La mayoría era gente que venía de Hadash (n. del t.: es un partido político con representación parlamentaria, que integra entre otros al Partido Comun
ista, y donde participan conjuntamente árabes y judíos), que hasta hoy sigue siendo el único partido donde árabes y judíos están juntos.
Aquí en Jerusalén estuve desde las primeras reuniones que se hicieron para formar el grupo, y vino gente de todo tipo de organizaciones. La mayoría eran grupos de izquierda radical obviamente, pero en las primeras reuniones la consigna era clara: hacer. Dejar de hablar y hacer. Hacer acciones de contenido político y también humanitario. Es decir, hacer acciones humanitarias expresando al mismo tiempo una postura política.
Otra de las consignas era que en las actividades pudiera participar el mayor número de gente. Organizar actividades donde hubiera cientos, miles de personas. No pensar en actividades que pudieran hacer sólo algunas decenas, o grupos reducidos.
–Un poco de historia sobre lo que han hecho hasta ahora.
–Nosotros somos conocidos principalmente por los envíos de ayuda humanitaria que hacemos a los territorios palestinos. Estos llegaron a diversos puntos, tanto al norte como al sur, cerca de Hebrón, también a Hebrón mismo, y zonas cercanas a Jerusalén.
Las actividades se realizan cuando llegamos a algún lugar, a algún pueblo, con un grupo pequeño de gente, a través obviamente de algún contacto ya existente. Allí mostramos qué es Ta’ayush, quiénes somos, qué hacemos, y evaluamos cuáles son la situación política y las necesidades humanitarias inmediatas; si es comida, por ejemplo, o alguna otra cosa. Hubo una experiencia con una población dentro de Israel que planteó la necesidad de un campo deportivo.
Entonces comienza una serie de reuniones. No se puede llegar a los pueblos y ciudades árabes sin una presentación previa. No se da la situación de que lleguemos sin avisar. Hay que hacer un trabajo de acercamiento para convencer a la gente de que pueden creernos y confiar en nosotros.
Cuando nosotros nos acercamos lo hacemos con un mensaje político. Porque si llegamos solamente para donar comida, entonces no nos aceptan, ni aceptan la comida que llevamos. No necesitan israelíes para eso. La situación política es tan dura, que si nosotros no vamos con una postura política clara, nos dicen no gracias, vayan a llevar comida a otra parte. Nos lo dicen explícitamente. Y tenemos que basar y construir esa confianza, cuando nos encontramos con representantes del Hamas, de la Jihad, del Fatah, de todos los movimientos. Ellos nos reciben. Las reuniones con el Hamas han sido positivas. Realmente, nos han abierto las puertas de los pueblos y asentamientos.
Eso toma mucho tiempo, porque llegar hasta allí es difícil, y también porque ellos necesitan convencer al pueblo, que se cuestiona por qué tienen que acercarse israelíes, por qué ahora en esta situación de sitio, aislamiento y guerra, se acuerda que ingresen israelíes al pueblo. Especialmente si vienen a traer comida.
Luego de que llegamos a una situación de confianza mutua, y elaboramos un programa de actividades conjuntas, se acuerda una fecha y se comienza a trabajar. Nosotros no imponemos ningún tipo de actividad. Siempre se concluye lo qué hacer luego de una evaluación conjunta y elaboramos alguna idea para hacer de modo compartido, en la que, nuevamente, pueda participar el mayor número posible, no solo israelíes sino también palestinos, con la gente del pueblo obviamente.
Si se hace una caravana, por ejemplo, se comienza a organizar; lo que implica convocar la mayor cantidad de gente posible, y recolectar fondos para la compra de alimentos. Nos paramos en la calle y entramos a repartir volantes, explicando quiénes somos y solicitando aportes. Así logramos juntar miles de shkalim (n. del t.: moneda israelí) para preparar los cargamentos. Empezamos al comienzo con un camión de comida, y llegamos ya a organizar caravanas donde pudimos llenar treinta y uno. Fue la vez que llegamos a Jenin (esta movilización está referida en Brecha, Nº 855).
–¿Cuánto es el cargamento de un camión?
–Cada camión son varias toneladas de comida. Lo que hacemos el día que se realiza la actividad, es llevar el mayor número de gente en vehículos particulares, nos encontramos en algún punto y salimos en forma de caravana. las caravanas llegan generalmente a setenta coches, con los camiones intercalados entre ellos. En los coches repartimos judíos y árabes juntos para que si la policía, o incluso palestinos, nos detienen, no suceda que dentro haya sólo judíos o sólo árabes.
Para las caravanas elaboramos pancartas y carteles muy claros que colgamos en los vehículos, para que sepan quiénes somos, para que les quede clara nuestra oposición a la ocupación tanto a los colonos que pasan por las calles, como a los palestinos. Hacemos entonces una caravana bastante lenta por las rutas dentro de los territorios ocupados, bloqueándolas de paso como forma de protesta. Visualmente el resultado impresiona, al ver setenta coches con carteles contra la ocupación atravesando los territorios.
Finalmente llegamos a algún pueblo. Lo que sucede casi siempre es que el pueblo se halla bajo una situación de sitio total. Así que las opciones son o que nosotros entre todos rompamos el bloqueo, o que detengamos la caravana para empezar a pasar el cargamento a mano.
De todos modos intentamos que el traspaso de la comida desde los camiones hace algún punto dentro del pueblo, se haga con la participación de toda la gente, para que todos puedan participar físicamente en la actividad, tomando parte, de modo de crear una interacción con la gente del pueblo mismo. Lo que era al principio muy difícil, cómo encarar, cómo hablar; pero desde el momento en que se hace una actividad física conjunta, codo con codo, tasladando comida de un punto a otro en una cadena larga, se genera un código, un diálogo muy natural, para nada forzado.
–¿Cuánta gente está participando en Ta’ayush actualmente?
–En nuestras movilizaciones logramos una participación masiva, de miles de personas. Se puede hablar de un grupo estable de más de cuatrocientas personas que participan en el movimiento en forma permanente. En las reuniones de coordinación y organización aquí en Jerusalén participan alrededor de cuarenta personas cada semana.
–Ustedes están haciendo una actividad cada fin de semana, ¿verdad?
–No sólo los fines de semana. Por ejemplo el próximo martes organizamos una charla en la Universidad Hebrea de Jerusalén, donde los negociadores palestinos que participaron en la cumbre de Camp David van a dar su versión de los hechos. Van a explicar por qué el lado palestino se negó a aceptar la propuesta israelí en aquel momento.
–¿Se produjo en algún momento el traslado del conflicto al interior del movimiento?
–No, no tuvimos problemas.
–Pregunto por qué en el pasado ha habido intentos de organizaciones pacifistas, o de kibutzim, de integrar árabes y judíos, y han fracasado.
–Esas tentativas fracasaron porque fueron grupos de gente judía que intentó integrar a los árabes desde su propia narrativa, que no reconocía la situación de ocupación y dominio. Nosotros logramos una integración más exitosa desde el momento en que comenzamos a reconocer que existe una sociedad ocupante y otra que sufre la ocupación. A partir de este reconocimiento, la gente que se va integrando sufre un proceso de radicalización, pues comienzan a ver los hechos desde otra perspectiva, ingresan a un espacio que les permite replantearse muchos de los discursos que han recibido a lo largo de sus vidas.
Nosotros tratamos de crear a nuestro modo un espacio alternativo, desde el reconocimiento d en nuestra igualdad como seres humanos. Quien ingresa aquí lo hace rom
piendo todas las barreras que nos imponen la división. nos une el hecho de estar actuando juntos.
Es claro que hay debate. Por ejemplo, el derecho de retorno (n. del t: de los palestinos exiliados desde la fundación de Israel), que para los militantes árabes es fundamental, genera dudas a militantes nuestros que son sionistas. Es algo difícil para ellos, pues es algo que va en contra de todo lo aprendido y recibido desde la infancia. Pero bueno, este intenta también ser un ámbito de discusión constructiva sobre esos temas, tratamos de hacer un aprendizaje mutuo, transformando las perspectivas en el intercambio con el otro.
–¿Y cómo ven ustedes el temor de la gente que se plantea que en este conflicto Israel se juega la existencia? Pienso en gente judía que pueda leer esto, gente que no vive aquí y que generalmente se ha formado en valores sionistas, que le dirían a toda esa gente?
–Pensamos que si necesita hacer de este lugar un lugar mejor para todos, no sólo para los judíos. Incluso diría para los judíos ashkenazíes, que son los que han impuesto sus valores a las demás colectividades. Hay aquí rusos y etíopes, por ejemplo, que sufren diversas formas de discriminación. Y hay también mucha gente que no es ni árabe ni judía.
No hay peligro de que deje de existir aquí un país con carácter judío. Porque se creó ya una cultura israelí, y al hablar de esto me refiero por ejemplo a la música, a canciones que al escucharlas nos traen a todos los israelíes un significado particular, me refiero también a una lengua particular. Creo que eso (y esto lo digo personalmente, aunque sé que hay gente judía aquí que comparte este pensamiento) no cambiará ya, incluso cumpliendo con el derecho de retorno de los palestinos exiliados hasta hoy. Hay comprensión de la necesidad de un país judío. las razones por las que Israel se creó (el antisemitismo, el holocausto nazi) encuentran comprensión en la gente árabe con la que hemos hablado, incluso así lo manifestó gente que pertenece a grupos como el Hamas.
Yo veo que en esta encrucijada hay dos opciones: o continuar ocupando, y de aquí a diez años habrá, de todos modos, una mayoría árabe, por la diferencia en el ritmo de crecimiento poblacional –y será una mayoría con hambre, sin derechos, y llena de odio y deseos de venganza hacia nosotros, judíos israelíes–; o generar realmente confianza mutua, crear aquí una sociedad multicultural, con dos estados, que parecer ser la solución más viable en este momento, o con un estado, no importa.
La cuestión es reconocer el derecho básico de existencia digna y humana del otro, sin pretender la superioridad de la cultura occidental con la que Israel busca identificarse, y que aquí se demuestra capaz de atrocidades horrendas. Sin este reconocimiento de principio, el estado de Israel pone en peligro su existencia.
Lamentablemente, lo único que da cohesión hoy por hoy a esta sociedad, su único factor unificador, es el Ejército. Y yo no creo que un ejército sea un buen factor unificador para ninguna sociedad. Un ejército es violencia, es destrucción, y es muerte. *
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