Cómo se orquesta la conspiración contra Venezuela

En la reunión de la OEA que tuvo lugar en Barbados, clausurada el martes, saltó el tema del golpe de Estado en Venezuela, aunque se omitió pudorosamente llamarlo por su nombre y mucho menos nombrar a los golpistas de tomo y lomo que lo encabezaron, empezando por Pedro Carmona, que ahora funge en los medios internacionales controlados por el imperio y la oligarquía venezolana como un demócrata pura sangre.

La OEA con cola de paja

Barbados, capital Bridgetown, es la más oriental de las islas del Caribe e integra las pequeñas Antillas. Allí se fraguó en octubre de 1976, por parte de los terroristas de la CIA, el atentado contra el aparato de Cubana de Aviación que produjo 73 muertos. El anfitrión de la reunión, efectuada en Bridgetown, la capital, es el primer ministro Owen Arthur, quien en la cumbre de presidentes americanos de Santiago de Chile, abril de 1998, se manifestó a favor de incluir a Cuba a partir de la reunión siguiente. No le llevaron el apunte.

En la reunión el secretario general César Gaviria declaró que «la prueba más difícil para la Carta Democrática Interamericana ha sido enfrentar la situación en Venezuela». Estados Unidos presionó para que Venezuela aceptara a la OEA como mediadora de un diálogo interno en el país, pero la propuesta fue desechada por el rechazo tajante del gobierno de Caracas. En las últimas horas éste sugirió una mediación a cargo del ex presidente James Carter.

La verdad es que la OEA en general y su secretario Gaviria en particular, tienen cola de paja sobre el golpe en Venezuela. Mientras éste se desarrollaba (11 y 12 de abril) no se pronunciaron y arrojaron al canasto la Carta Democrática, que contempla específicamente las alteraciones del orden constitucional. Más tarde, cuando el golpe ya había sido desbaratado, aterrizó en Caracas una misión presidida por Gaviria, cuya presunta investigación trataba con guante blanco a los militares y civiles metidos hasta el pescuezo en el golpe, empezando por Carmona, y se deshizo en elogios hacia el monopolio televisivo que lo azuzó y desinformó escandalosamente al respecto. Días después, en una reunión extraordinaria de la OEA en Washington, un informe sumamente tendencioso de Gaviria sobre el golpe fue respondido sobre la marcha por el canciller Alfonso Dávila, quien le señaló gruesos errores y manifiesta desinformación.

Por esas fechas, en una reunión de los presidentes del Grupo de Rio (el de Uruguay incluido) en San José de Costa Rica, tampoco se condenó a los golpistas, sino que se formuló un llamado a nuevas elecciones, pretendiendo desconocer el mandato otorgado por el pueblo a Chávez, legitimado por partida doble. En esa reunión Venezuela (junto con Brasil) se negó a la condena contra Cuba en Ginebra. Todo se va uniendo. Y ese operativo prosiguió, con el objetivo de pintar a los golpistas convictos y confesos, a los Goyo Alvarez, Bordaberry y tutti quanti venezolanos, como demócratas inmaculados.

Mandaderos de Washington

Los hechos se sucedieron. Pedro Carmona Estanga se convirtió en un reo prófugo de la justicia, el gobierno de Pastrana le ofreció asilo político y el de Chávez le entregó ipso facto el salvoconducto. El gran empresario y agente de los traficantes de armas como Pérez Recao, que en 24 horas disolvió todos los poderes (el legislativo, el judicial y la fiscalía) y juró como presidente, dice que no quiso dar un golpe de Estado y que no pretende escapar a la justicia. Pero la Comisión Investigadora parlamentaria había comprobado su grave responsabilidad, como reo de lesa nación. En la misma Comisión se había señalado a Carlos Andrés Pérez como uno de los autores intelectuales del golpe. El ex presidente, expulsado y encarcelado por corrupción, proclamó su júbilo ante el golpe desde Nueva York y bendijo a Carmona como demócrata insigne. Simultáneamente, otro de los golpistas recalcitrantes, el contralmirante Carlos Molina Tamayo, pidió asilo en la embajada de San Salvador en Caracas. El FMLN salvadoreño denunció que la concesión del mismo por parte del presidente Francisco Flores obedeció al deseo de «agradar a su amigo Bush». Otros militares golpistas se asilaron en la embajada boliviana.

Un final de opereta

Es evidente que todos ellos buscarán reagruparse para fraguar un nuevo golpe desde el exterior, todo ello bajo el ala del imperio. Ya hemos señalado la presencia de militares yankis de alto rango en Caracas durante el golpe, la filiación de los militares golpistas como egresados de la Escuela de las Américas, amén de las reiteradas admoniciones de Bush, Colin Powell y Condoleezza Rice contra Chávez.

El cónclave de Barbados tuvo un final de opereta. Para congraciarse con Argentina después de la metida de pata hasta las clavijas del presidente uruguayo, el canciller Opertti fue instruido para promover el tema de la soberanía argentina sobre las Malvinas en el momento mismo en que el mandatario pronunciaba su lacrimoso mea culpa en Olivos. Fue una exposición totalmente extemporánea, un episodio penoso. Lo que no obstó para que el canciller Ruckauf expresara su viva complacencia. Es el mismo canciller argentino que inició su gestión prestándose para todo servicio ante EEUU (en prolongación de las «relaciones carnales» de Menem) y que acompañó en Ginebra la indecorosa moción de Uruguay contra Cuba. Todo se sigue uniendo.

La pista de Otto Reich

A lo largo de la conspiración contra Venezuela (que comenzó antes de las elecciones presidenciales de diciembre de 1998 y quedó sepultada por la avalancha de votos a favor de Chávez), así como en la injerencia creciente del imperio en Colombia, ha desempeñado un papel de primer plano Otto Reich, elevado por el presidente Bush en forma fraudulenta, prescindiendo de la voluntad del Congreso, al rango de secretario de Estado asistente para el hemisferio occidental.

Un día de estos proporcionaremos los datos de su aleccionadora biografía. *

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