Pasar hambre alarga la vida
Experimentos realizados en Estados Unidos sobre ratones, monos y perros parecen haber demostrado que una dieta basada en una drástica reducción de calorías puede alargar la vida.
En el National Institute of Health de Washington una colonia de 120 monos rhesus fue seguida por los científicos durante 15 años: los animales nutridos con un 30 por ciento menos de calorías vivieron mejor y más tiempo, evitando las típicas enfermedades vinculadas a la vejez.
Un mono en particular cumplió 38 años, en excelente estado de salud, el pasado enero. Es el equivalente de 114 años en el hombre, y dos años más que el récord registrado para un animal de esa especie.
Hace un mes, un experimento semejante realizado sobre perros labradores tuvo efectos paralelos. «La restricción de las calorías funcionó en todas las especies puestas a prueba. Me asombraría si no funcionara con el hombre», explicó al Wall Street Journal Leonard Guarente, biólogo del Massachusetts Institute of Technology (MIT).
Alentado por las investigaciones sobre animales, el National Institute of Health decidió comenzar la experimentación humana con un estudio de tres años que costará 20 millones de dólares.
A los «conejillos de Indias» humanos se les pedirá que consuman el 30 por ciento menos de calorías que una dieta normal: 1.120 calorías diarias para las mujeres, y 1.540 para el hombre.
Para el norteamericano promedio, acostumbrado a consumir diariamente 2.000 calorías, el efecto más inmediato será el hambre (basta pensar que un menú completo de McDonald’s tiene por sí solo 2.000 calorías).
Mientras tanto, una mujer a dieta de restricción calórica se juega de un golpe el 75 por ciento de su provisión consumiendo en el desayuno un capuchino con un pastel.
Para los científicos, aún es un misterio la razón por la cual la restricción en calorías alarga la vida: para algunos, este tipo de dieta provoca modificaciones biológicas en el organismo que tienen efectos más profundos que apuntan a reducir las enfermedades reduciendo el aporte de grasas.
Una de las hipótesis es que la dieta hipocalórica baja los niveles de radicales libres, las partículas potencialmente tóxicas creadas por la descomposición de las comidas.
Otros expertos sostienen, en cambio, que la reducción de calorías desencadena una suerte de estado de emergencia en que el organismo elimina todas las funciones no necesarias, concentrándose en aquellas que le sirven estrictamente para vivir. *
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