"Si no tuviésemos a Isabel, no tendríamos nada en este país"

Británicos celebran con mucha música Jubileo de la reina

En un fin de semana extendido por el Jubileo de oro, el punto máximo de celebración fue un concierto de música pop en los campos del Palacio de Buckingham, la residencia de la reina en Londres, el lunes en la noche, donde unos 12.000 espectadores afortunados se unieron a Su Majestad y otros miembros de la realeza.

Un resplandeciente Brian May, guitarrista de la legendaria banda de rock Queen, comenzó el espectáculo con un solo del himno nacional «Dios salve a la reina», en el techo del palacio.

En el show también participaron el ídolo puertorriqueño Ricky Martin, el roquero Ozzy Osbourne, el ex Beatle Paul McCartney, Eric Clapton, Elton John y Phil Collins acompañados por una serie de cantantes y celebridades.

La celebración del Jubileo ha llenado de fiesta a los británicos. La única nota amarga ocurrió el domingo cuando el Palacio de Buckingham fue evacuado brevemente tras desatarse un pequeño incendio en el ala oeste.

Desde Cardiff en Gales a Warrington en el noroeste de Inglaterra y en el mismo Londres, cientos de personas se reunieron para celebrar el Jubileo, desafiando la lluvia.

Aunque el número de asistentes fue menor y la actitud menos reverencial que en 1977, cuando la reina celebró los 25 años en el trono, la respuesta al Jubileo ha alegrado a la familia real, acosada por los escándalos y tragedias en los últimos años.

«Estamos realizando este evento para que los niños sepan acerca de su historia y la recuerden», dijo Michael Jackson, organizador de una fiesta en el East End de Londres.

«Si no tuviésemos a la reina Isabel, no tendríamos nada en este país», agregó, mientras daba los toques finales al poner una bandera británica a las afueras de un bar local.

La realeza ocupa un lugar especial entre los residentes del East End, después que la fallecida Reina Madre soportara con estoicismo el bombardeo alemán en Londres durante la Segunda Guerra Mundial.

Desfile en Windsor

En tanto, miles de personas portando banderas se alinearon en las calles de Windsor, donde está el castillo que es la residencia real en el oeste de Londres, para observar un desfile y el paso de la reina.

La monarca, vistiendo un traje verde y un sombrero, sonrió y saludó con la mano mientras las bandas de música y otros miembros del desfile pasaban por su lado. La fiesta del jubileo continuará el martes, cuando la reina viaje del Palacio de Buckingham a la catedral de St Paul en un suntuoso carruaje dorado y aparecerá en el balcón real, ubicado detrás del palacio, para enviar un saludo a sus súbditos.

Las celebraciones del 50 aniversario de la reina en el trono han generado una ola de nostalgia entre los británicos, pero también ha profundizado el afecto por ella.

Este año, la reina enterró a su hermana menor Margarita, y luego a su madre, quien murió a los 101 años.

Según recientes sondeos realizados por la prensa británica, la popularidad de la reina Isabel ha registrado un repunte en los últimos meses, luego de la fuerte percepción negativa generada por su aparente frialdad tras la muerte de la princesa Diana en un accidente automovilístico ocurrido en agosto de 1997.

Los londinenses y numerosos británicos, que acudieron en ciertos casos desde las regiones más lejanas del reino, salieron a las calles de Londres este lunes para celebrar los cincuenta años de reino de Isabel II.

El palacio había dado carta blanca a la iniciativa popular y cada barrio estaba invitado a organizar «street parties», fiestas callejeras, que tanto éxito tuvieron en el jubileo de plata en 1977.

«Está muy animado, hay miles de personas delante de Buckingham Palace. Es muy excitante pasearse y sentir este ambiente», explica Margaret, una enfermera de 63 años.

Las estaciones de metro de los alrededores del palacio estaban cerradas por la tarde debido a la gran afluencia de gente.

Aprovechando el apacible tiempo, miles de personas se reunieron también en Hyde Park, donde se habían instalado podios en los que actuaban artistas de los cinco continentes.

Algunos se habían puesto una camiseta o un sombrero con colores de la bandera británica y otros llevaban globos azules, blancos y rojos.

La mayoría se paseaban tanquilamente, disfrutando simplemente de un fin de semana largo. «Los días festivos en este país son tan escasos. No recuerdo haber tenido nunca cuatro días de fiesta seguidos como ahora», explica Neil Puttock, empresario de 43 años. Neil llegó a Londres con su mujer y su hijo para asistir a la salva de cañonazos disparados en Hyde Park, como cada vez que se celebra algún acontecimiento importante que tenga que ver con la familia real: un nacimiento, una coronación, un aniversario…

«Es una ocasión para que nuestro hijo conozca la historia de su país. La familia real es una parte única de nuestra cultura y estamos orgullosos de ello», afirma Puttock.

Su hijo de nueve años, que pasó la última semana de colegio dibujando retratos de la reina y fabricando coronas de cartón, asiente.

La monarquía simboliza el pasado de Gran Bretaña. Pero ¿tiene futuro?

«La reina es sumamente respetada en este país», asegura, aunque tiene ciertas reservas sobre su heredero, el príncipe Carlos: «No creo que llegue a ser rey. Creo que la reina debería pasar el relevo a Guillermo, su nieto».

En Covent Garden, el barrio de los cines y teatros, los restaurantes están llenos de Union Jacks. En el mercadillo se venden viejos discos de vinilo de la boda de Carlos y Diana en 1981.

¿El jubileo? «Una ocasión para divertirse», según Simón Lone, de 16 años, llegado desde Kent con tres amigos para asistir al concierto pop del lunes por la noche, con Paul McCartney y Atomic Kittens.

En Camden, un monje budista celebra la ocasión a su manera, organizando fiestas callejeras para los más desfavorecidos. «Hemos decidido darles una comida de fiesta, con helados y pasteles de crema», explica Peter O’Gardy.

En Tower Hamlets, un barrio de inmigrantes, no hay festejos.

«Se hace todo para Su Majestad. Pero nosotros no somos Su Majestad, ¿no es cierto? Para nosotros no hay nada. No se barren las calles, la policía no hace respetar el orden, no hay adornos en Navidad.

Habría que gastar el dinero en eso en lugar de en estas celebraciones», suspira una anciana a la salida de un triste centro comercial. *

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