El ex dictador Banzer no logra amedrentar a los bolivianos

Nadie respeta Estado de Sitio

Así lo acredita, por ejemplo, el hecho de que el sindicato único de los trabajadores (la Central Obrera Boliviana) haya convocado para este miércoles una huelga general –con una gran manifestación en La Paz– a despecho del estado de excepción.

El golpista que una vez tomó el poder por la armas, ahora presidente democrático, trató de atajar así la revuelta social que amenazaba incendiar la región central del país con un gesto expeditivo. Pero, muy al contrario, delató su debilidad, coinciden en señalar la prensa y los comentaristas políticos.

«El estado de sitio sólo sirvió para convulsionar más al país», opinaba La Razón, el principal diario de Bolivia, que lamentaba cómo la medida de excepción ofreció la imagen de una nación en crisis ante los ojos del mundo.

El Gobierno cedió el lunes por la noche a las demandas de los huelguistas de Cochabamba: el abandono del proyecto para privatizar el suministro de agua y que ésta siga siendo gratuita para los campesinos.

«Para eso no hacía falta el estado de sitio», señaló a la AFP el analista político y consultor Roger Cortez. Y menos cuando el torbellino de violencia desatado se llevó por delante la vida de seis personas en enfrentamientos de policías y militares contra manifestantes airados.

Todo ello sin rédito político alguno para Banzer, pues, según Cortez, también catedrático de Ciencias Políticas de la estatal Universidad de San Andrés, el Ejecutivo «ha perdido la batalla política: tiene un estado de sitio que no cuenta, que no vale».

En efecto, lejos de restaurar el orden, la medida encrespó más los ánimos y mucha gente se lanzó con arrojo a combatirla. «El militar que rige los destinos de Bolivia pareció olvidar un principio castrense básico: nunca des una orden que no se va a cumplir», recuerda Cortez.

Infortunio, el del general Banzer. Tres de los cuatro ex presidentes que le han precedido desde el retorno a la democracia en 1982 recurrieron también a la medida excepcional y ésta le va a fallar precisamente a él. Pero no porque su figura ya no infunda respeto, sino porque el recuerdo del ex dictador de antaño en su uniforme gris plomo ya no es un factor influyente. En opinión de Cortez, cualquier presidente en su lugar se hallaría en idéntico trance, pues se trata de la peor crisis social de los últimos 15 años en Bolivia.

¿Las causas? El fracaso de este Gobierno en reducir la miseria en que viven gran parte de los bolivianos es la fundamental. Los planes antipobreza y de reactivación económica de Banzer no han mitigado el mal perpetuo y hasta ahora insuperable del país más pobre de Suramérica.

El hastío por la falta de soluciones de quienes bregan a diario con la escasez torna «irrelevante» el hecho de que haya estado de sitio (declarado por Banzer o por quien sea), opina Cortez. La gente protesta con enojo acumulado ante una situación socio-económica pésima.

También ante la falta de iniciativas para remontarla de una coalición de gobierno frágil y enzarzada en pugnas intestinas, en plena «descomposición interna», explica Cortez, para quien el Ejecutivo ha demostrado gran «ineficacia» y una «ausencia de programa» político y económico.

El ejercicio del poder en democracia le resulta a Banzer, presidente por los sables en los setenta y por los votos 20 años después, mucho más complejo y agitado que en dictadura. Incluso ve difusas conspiraciones alrededor.

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje