Terrorismo: FBI da la alarma por lanzamisiles

La policía federal de Estados Unidos, el FBI, puso en alerta a las fuerzas de seguridad y a las compañías de aviación después de recibir informes que señalan la posibilidad de que grupos terroristas hayan podido contrabandear al país lanzamisiles portátiles rusos SA-7, que son disparados apoyando el cañón en el hombro.

Al mismo tiempo que recrudecen las alarmas, las cúpulas de los organismos de seguridad están discutiendo la idea de colocar minitelecámaras en los aviones comerciales y en las cabinas de los pilotos para aumentar las defensas contra eventuales secuestros.

La atención de las autoridades norteamericanas volvió sobre los aviones –tras las alarmas en centrales nucleares, plantas de agua potable, edificios de apartamentos, estaciones ferroviarias y de metro– después de que los servicios de inteligencia hablaron de la posibilidad de que el grupo Al Qaeda haya logrado introducir los lanzamisiles en Estados Unidos.

Mientras Afganistán estaba ocupado por el ejército soviético, Estados Unidos proveyó a las organizaciones islámicas que combatían contra Moscú de lanzamisiles Stinger, que se colocan en el hombro y se revelaron muy eficaces contra aviones y helicópteros.

Los Stinger surtían los arsenales de esas organizaciones armadas junto a grandes cantidades de los SA-7, similares a los lanzamisiles norteamericanos.

El hallazgo algunas semanas atrás de un lanzamisil ruso en el exterior de la base saudita de Príncipe Sultán, ampliamente utilizada por los aparatos norteamericanos, atrajo la atención de la inteligencia estadounidense sobre este tipo de amenaza.

Según trascendió ayer, el 22 de mayo último el FBI pidió a las aerolíneas que se pusieran en guardia frente a la posibilidad de ataques de ese tipo.

«No tenemos información de un plan de Al Qaeda para atacar aviones comerciales con este tipo de lanzamisiles –afirmaba el documento del FBI–, pero existe el potencial de ataques como estos y es esencial que todos los sectores estén en guardia».

En cambio, los funcionarios de la inteligencia estadounidense sí consideran concreta la posibilidad de que los lanzamisiles ya hayan sido contrabandeados en el territorio norteamericano por grupos terroristas.

Los misiles SA-7 pueden golpear a un blanco a cinco kilómetros de distancia y a un avión en vuelo a 4.000 metros de altitud. «Estamos tomando muy en serio la posibilidad de que nuestros enemigos puedan tener acceso a este tipo de armas», admitió un vocero del Pentágono. *

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