Escrito por: Túnez, ANSA

Burguiba, quien falleció en Monastir, costa oriental de Túnez, es considerado un ejemplo casi único en el mundo árabe de laicismo y modernización.
No se conoce su edad exacta pero se cree que tenÃa unos 97 años. Burguiba nació en una época de privilegios medievales y colonialismo que hoy parecen muy lejanos para la moderna Túnez, en parte debido a su intervención en la historia del paÃs africano.
Fundador del Partido independentista Nueva Constitución en 1934, Burguiba se convirtió en 1957 en presidente de la flamante república. En 1974 fue designado presidente vitalicio.
Las autoridades dispusieron para sus funerales, que se realizarán el sábado, un amplio operativo de seguridad a fin de contener a la multitud que, se prevé, acudirá a tributar su último saludo.
Los últimos trece años Burguiba vivió prácticamente recluido y fue obligado a trasladarse a Monastir tras ser destituido por su primer ministro y actual presidente, Zine El Abdine Ben Ali, debido a una incapacidad fÃsica y mental, que se certificó entonces, para cumplir sus funciones.
Su muerte coincide hoy con el primer dÃa del año del calendario islámico, jornada que los musulmanes no sólo consagran al reposo sino también a la meditación y reflexión.
El presidente Ben Alà decretó siete dÃas de luto y dispuso para Burguiba funerales de Estado, mientras que será sepultado en el mausoleo de familia en Monastir.
A partir del anuncio de su fallecimiento, la radio y la televisión del paÃs suspendieron de inmediato la programación y comenzaron a trasmitir versÃculos del Corán.
La salud del viejo lÃder, el “combatiente supremo” que condujo a Túnez a la independencia más con batallas polÃticas que con luchas sangrientas, habÃa empeorado en los últimos tiempos y su familia lo habÃa rodeado con afecto.
Su hijo Habib Burguiba junior, su hija adoptiva Hajer y sus nietos lo visitaban a diario, al igual que el prefecto de Monastir en nombre del gobierno.
A principios de marzo una infección pulmonar lo obligó durante diez dÃas a internarse en el hospital militar de Túnez. Cuando regresó a casa, su vida empezó a apagarse lentamente.
Durante décadas en el poder, el “combatiente supremo” fundó en Túnez un estado laico y moderno.
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