Uno de los padres del Tercer Mundo

Escrito por: Túnez, ANSA

Viernes 07 de abril de 2000 | 12:00
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Con la muerte ayer de Habib Burguiba desaparece una de las figuras más admiradas pero también más controvertidas de la generación de los “padres” de las naciones del Tercer Mundo, que desde el colonialismo europeo se emanciparon en la segunda mitad del siglo XX.

Según las biografías oficiales nació el 3 de agosto de 1903 en una familia de la pequeña burguesía de Monastir. Se diplomó en París en jurisprudencia.

El considerado fundador del moderno Túnez tomó en 1934 la dirección del movimiento nacionalista, aislando a los jefes tradicionalistas y creando una formación militar de masa, el partido Neo-Destur (Nueva Constitución).

Luego, emprendió una política hacia el colonialismo francés en donde alternó el diálogo, enfrentamientos y acciones de guerrilla. Fue encarcelado y exiliado varias veces.

A inicios de los años 40 eligió el campo de los Aliados y se hizo merecedor del papel de interlocutor irrenunciable para la potencia colonial derrotada en la guerra de Indochina.

En 1956 obtuvo la conquista negociada de la independencia, sin recurrir a una guerra de liberación sangrienta como en la vecina Argelia.

Excepto por un breve paréntesis de enfrentamiento, incluso armado, Burguiba convenció en poco tiempo a la burguesía, clase media y estratos populares, para que lo siguieran en la vía del modernismo.

Después de la independencia, hizo elegir una Asamblea para dar al país un régimen monárquico constitucional. Luego, como primer ministro, hizo proclamar en 1957 una república presidencial.

Un año antes respaldó decisivamente una ley que aún hoy constituye un caso único en el mundo árabe e islámico: el código de familia que otorga paridad de derechos a hombre y mujer.

Elegido presidente, puso en marcha una política de descolonización, laicización, escolarización y desfeudalización cultural y económica de la sociedad tunecina, sentando las bases de un estado que hoy, entre los países emergentes, se destaca por su modernidad.

Pese a ello, muchos consideran a Burguiba un “progresista fallido”, porque en vez de dar al país una democracia, construyó un régimen monopartidario y represivo, opción que muy probablemente le costó la destitución “por prolongada senilidad” por parte de su primer ministro, el actual presidente Zine El Abidine Ben Alí. En 1974 fue nombrado presidente vitalicio.

En Economía, el balance es bastante incierto. Primero la vía liberal, luego, durante casi una década, una controvertida aventura burocrático-socialista. El retorno al liberalismo, decretado velozmente en 1970, no fue menos traumático.

Entre 1978 y 1984, Túnez viró de su tradicional pacifismo a tierra de enfrentamientos y de sublevaciones armadas. Hasta la dramática destitución del viejo líder, el palacio de Cartago se transformó en el escenario de intrigas y de dramáticas luchas por la sucesión.

La política exterior otorgó en cambio a Burguiba un cierto prestigio mundial, que aún permanece intacto.

De no alineado convencido, se hizo amigo de Ho Chi Minh y Tito, fue uno de los primeros en reconocer la China popular de Mao Zedong y apoyó activamente la resistencia argelina.

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