Derrotó a Vargas Llosa y a Pérez de Cuéllar

La buena estrella de Fujimori

Fujimori marcha como favorito en todas las encuestas, pero corre el riesgo de pasar a un balotaje con su más inmediato competidor, el opositor Alejandro Toledo, un ex funcionario del Banco Mundial de origen popular y de marcados rasgos indígenas andinos que bien podría aguarle la fiesta y asestarle una inesperada primera derrota. Para la mayoría de los peruanos, no pasa inadvertido que Fujimori, de 61 años, tiene fama de ser imbatible en las urnas ante pesos pesados de la escena política e intelectual desde que arribó al poder en 1990, tras vencer a Vargas Llosa en una segunda vuelta (por un 62% contra un 38%).

En esa ocasión apareció como un candidato marginal y sorprendió al pasar a un balotaje con el candidato favorito de entonces, a quien puso en apuros en la primera vuelta y luego le hizo morder el amargo polvo de la derrota dando pie a una enconada enemistad política que se mantiene todavía.

La rivalidad sirvió de combustible para el libro de memorias de Vargas Llosa, «Un pez en el agua», donde el narrador describe con pelos y señales la campaña electoral de ese año contra Fujimori, en que se presentó como candidato de un frente derechista que prometía convertir a Perú en la capital del neoliberalismo en la región.

Las diferencias se acentuaron y se tornaron irreconciliables, luego de que Fujimori le expropiara al autor de «La fiesta del chivo» su plan económico neoliberal y en 1992 encabezara un autogolpe de Estado por el cual disolvió el Congreso e intervino la Justicia con apoyo de las Fuerzas Armadas.

Desde entonces, Vargas Llosa no ha perdido ocasión de denunciar en el exterior al gobierno peruano, tanto en foros académicos como en declaraciones a la prensa, y de calificarlo como una «dictadura» que pretende perpetuarse en el poder mediante el esquema de anticonstitucionales reelecciones.

Su posición le ganó numerosos enemigos, incluso entre sus simpatizantes, y el acoso del gobierno, lo que lo obligó a partir a España y a adoptar la nacionalidad española en 1992, tras denunciar una campaña contra la venta de sus obras en Perú.

En las elecciones de 1995, el ex secretario general de Naciones Unidas Javier Pérez de Cuéllar se sumó a la lista de personalidades víctimas de la popularidad de Fujimori, al ser vencido en la primera vuelta (un 64% contra un 21%).

El diplomático encabezó un frente de partidos de centro que fracasó en su intento de convertirse en alternativa de gobierno y lentamente fue perdiendo influencia en la política peruana, hasta casi desaparecer de ella para dedicarse a sus actividades privadas.

Su alejamiento de la actividad partidaria no ha sido obstáculo para que Pérez de Cuéllar rechace desde 1996 los intentos de una segunda reelección de Fujimori, a la que tilda también de inconstitucional.

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