En Lima, cuando el presidente Fujimori dio un golpe de Estado

Con el apoyo explícito de las Fuerzas Armadas peruanas, el presidente Alberto Fujimori decretó la disolución del Congreso de la República (Parlamento) convirtiéndose en un gobernante al margen de la Constitución y de las instituciones democráticas.

Sin duda muchos factores han hecho posible esta «solución a la uruguaya», como la califican aquí analistas políticos: brutal crisis económica y social y una inestabilidad política sin precedentes, más una violencia incontrolable han conformado una realidad de «bordaberryzación del país» que explicaría el quiebre institucional.

Desde hoy, los militares tienen abiertas las puertas de la Administración Pública para manejar sin cortapisas los asuntos del Estado.

Esta madrugada comenzó la represión contra los dirigentes políticos opositores, algunos de los cuales –notoriamente el escritor y ex candidato presidencial Mario Vargas Llosa– han lanzado la consigna de resistir el golpe llamando a movilizaciones masivas. Parlamentarios y concejales del APRA (principal partido de la oposición), independientes y del bloque de izquierda han sido arrestados y trasladados a unidades militares.

El presidente –ahora de facto– apela a la sensibilidad y a la comprensión de sus compatriotas, así como a la benevolencia de la comunidad internacional. Hasta el momento, el único mensaje solidario ha sido, sintomáticamente, el del ex dictador uruguayo Juan María Bordaberry, quien declaró que «el ideal y el bien común no siempre coinciden con la democracia».

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