El jefe del FBI busca trabajo

Muchos hijos y un sueldo demasiado escaso como para hacerlos crecer decentemente: Louis Freeh, el jefe del FBI, decidió abandonar su despacho antes de fin de año para buscar un puesto mejor pago en el sector privado.

Freeh, que tiene seis hijos varones, uno de los cuales está ya en edad de entrar a la Universidad, espera encontrar el trabajo de sus sueños a través de un intermediario, dijo el Washington Post.

Su mandato en el FBI termina en el 2003, pero el fantasma de los costos de los estudios universitarios para su prole (cada estudiante necesita por lo menos 30.000 dólares por año en Estados Unidos) lo habría decidido a anticipar su retiro.

La decisión es espectacular, pero no sorprendió a quienes conocen al jefe del FBI: dos años atrás, cuando nació su último hijo, Freeh dejó por un tiempo su puesto y se concedió a sí mismo una licencia por paternidad.

Pronto, su ejemplo tuvo seguidores: en los últimos tiempos, otro papá del gobierno de Clinton, el vocero del Departamento de Estado, James Rubin, anunció su renuncia para poder pasar más tiempo junto al hijo que está por tener con la periodista de televisión Christiane Amanpour.

Freeh está analizando sus posibilidades laborales en medio de un total secreto.

Pero el Washington Post afirmó que en su nombre han sido contactados algunos estudios legales y entidades financieras de la capital norteamericana que podrían ofrecerle un salario «de siete cifras».

Actualmente, las cifras del sueldo de Freeh son seis: el jefe del FBI, quien tiene 51 años, se lleva a su casa cada año un total de 141.000 dólares.

Parece mucho, pero no le alcanza para mantener a sus numerosos hijos y, al mismo tiempo, pagar la hipoteca de su casa, que según el diario supera los 400.000 dólares.

El propio Freeh bromeó sobre este tema hace unos días: «Cada semana, tengo que pedir permiso a mi mujer, Marilyn, para ir al trabajo. La señora Freeh lleva la voz cantante en casa».

Hace 25 años que el jefe del FBI trabaja en la administración pública: comenzó como un simple empleado y fue avanzando en su carrera hasta convertirse en fiscal en Manhattan y después en juez.

«Tiene miedo de comprometer la independencia que su cargo tiene al crear una vacante al final de la administración Clinton», dijo al diario una fuente cercana a Freeh.

Sin embargo, «al mismo tiempo no quiere irse muy rápido porque sospecha que el Presidente aprovecharía para desmantelar programas que a él le importan mucho», agregó la fuente.

Freeh y Clinton no se llevan bien: a pesar de que Clinton lo nombró al frente del FBI en 1993, con el tiempo ambos se convirtieron en rivales acérrimos y se han dedicado mutuos comentarios ofensivos.

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