Ecuador: el primer día de la dolarización
Mirando a vuelo de pájaro los últimos meses, advertimos que en Ecuador se sucedieron a ritmo intenso masivas demostraciones que agruparon a indígenas, campesinos, trabajadores, estudiantes, transportistas, junto a sectores políticos de izquierda, en reclamo de un cambio en la política económica de dolarización y en el gobierno que la sustentaba. Jamil Mahuad cayó pero se maquinó un enroque y Gustavo Noboa no hizo otra cosa que acelerar la aplicación de una política idéntica.
Una política «innegociable»
Tanto es así que, apenas se sentó en el sillón del palacio de Carondelet, el vicepresidente aupado por los mandos militares declaró –enfrentando a las manifestaciones populares– que la dolarización era «innegociable». Sus partidarios cerraron filas para enfrentar la oposición parlamentaria de diverso signo y lograron, en el anca de un piojo, su aprobación por el Congreso unicameral. La aplicación de la ley fue inmediata.
En realidad, ya Mahuad había creado las condiciones para la dolarización de la economía, dejando al sucre para los cambios chicos de fracciones de dólar. Si nos remontamos un poco más atrás, recordamos que el propio Abdalá Bucaram (hoy defenestrado y paseando por las orillas del Canal) estaba pronto a adoptar esta medida por consejo de Domingo Cavallo, el artífice de la dolarización (convertibilidad) que dejó el tendal bajo el gobierno de Menem (alto nivel de desempleo, carestía de la vida, salarios deprimidos, auge de privatizaciones de empresas públicas con resultados penosos para los usuarios), y que ahora resulta muy difícil revertir.
Al observar las escenas en los supermercados de Quito y Guayaquil pensábamos que está encendida la mecha para que se reproduzca el «caracazo» del 27 de febrero de 1989, cuando la gente saqueó los comercios en busca de subsistencias que se fueron a las nubes a causa de las medidas adoptadas por CA Pérez al inicio de su segundo mandato, inscritas en el mismo molde fondometarista que las actuales en Ecuador.
Hay que abrir bien los ojos cuando varios gurúes por estas latitudes, Uruguay incluido, andan preconizando la dolarización como panacea universal.
El petróleo y las privatizaciones
Ya en el debate parlamentario que terminó el pasado 29 de febrero con la aprobación de la llamada Ley de Transformación Económica quedó claro, en la voz de parlamentarios de la oposición, que también se pretende modificar las normas de privatización de las empresas públicas y facilitar el traspaso de los importantes recursos petroleros a los trusts internacionales.
Desde 1972, bajo el gobierno del general Guillermo Rodríguez Lara, Ecuador pasó a ser miembro de la OPEP, el petróleo se constituyó en la base de sus ingresos de divisas (junto al banano –afectado por las restricciones de la Unión Europea–, el café y el cacao) y el Estado adquirió parte del paquete accionario de la Texaco-Gulf. Hoy se practica una política diametralmente opuesta.
Desde el instante en que asumió, el 22 de enero, Noboa propuso gestionar recursos económicos del Departamento del Tesoro de los EEUU poniendo como garantía títulos de la reserva petrolera ecuatoriana, lo que equivalía a enajenar esta riqueza esencial. Antes aun, cuando Mahuad decretó el estado de emergencia, a comienzos del año, se generó una situación caótica en el suministro de gasolina, y el sindicato petrolero denunció que se buscaba fundir al ente estatal petrolero para abrir la vía a su privatización en beneficio del cartel transnacional.
La misma ley votada establece asimismo la privatización de dos de las fundamentales empresas estatales: la de telecomunicaciones y la de electricidad, en lo que en la discusión se caracterizó como «un proceso agresivo de privatización de servicios».
Es evidente que en Ecuador está en juego la aplicación de la cartilla completa del FMI. Este ha estado presionando a lo largo del debate, sugiriendo modificaciones favorables al capital extranjero, condicionando a las mismas el acceso del país a los préstamos internacionales que el Fondo digita.
Esto es lo que ha generado una oleada de repulsa popular, que proseguirá sin duda.
Despidos, salarios en baja, emigración
Tanto más desde que la ley de dolarización incluye además (por algo se la conoce como ley trolebús) medidas sobre los salarios, como la que crea la modalidad de salario por horas, que redundará en despidos masivos, cuando ya la desocupación abierta sobrepasa el 17% y el año pasado cerraron 2000 empresas, aumentando en 250 mil el número de desocupados.
Con la dolarización la situación se ha agravado. El sucre se cotizaba en 1995 a razón de menos de 3.000 por dólar, el año pasado trepó a 10.000 y con la ley se fijó en 25.000. ¿A qué quedan reducidos los reducidos salarios con estos saltos en la cotización, que han llevado los precios de las subsistencias a niveles internacionales?
Como consecuencia, se ha generado en Ecuador un movimiento emigratorio de vastas proporciones. La gente se va de un país que ya no le ofrece lo mínimo para vivir y trabajar. Esta penosísima odisea los enfrenta a nuevos y graves problemas. La emigración, que ya era fuerte hacia Estados Unidos, se dirige ahora preferentemente a España, pero muchos de los que parten, haciendo sacrificios inauditos, deben regresar al no poder solucionar su permanencia en el país debido a rígidas exigencias de las autoridades españolas. Los que logran permanecer son víctimas en la mayoría de los casos de máxima explotación, percibiendo salarios muy inferiores a la norma.
La base de Manta
Por último, pero no por ello menos importante, el gobierno ecuatoriano, que matriza su política interna sobre la base de las directivas de los centros imperiales de poder, pone en manos de los Estados Unidos una porción de su territorio, la base aeronaval de Manta, sobre el Pacífico, desde la cual se despliega una política agresiva de sobrevuelo y espionaje contra la guerrilla de las FARC. Con el complemento de las maniobras con punto de partida en las bases de Aruba y Curaçao, en las Antillas llamadas holandesas (su socio en la coalición belicista de la OTAN) se cierra de esta suerte la pinza contra Colombia.
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