"Yo he hablado de una especie de conspiración",dijo el presidente peruano

Las acusaciones de Fujimori

El presidente peruano, Alberto Fujimori, acusó el martes a organizaciones no gubernamentales de conspirar en su contra y se mostró confiado en el resultado transparente de los comicios generales del domingo. A cinco días de los comicios, en los que Fujimori buscará un inédito tercer quinquenio consecutivo, observadores independientes continúan calificando el proceso electoral de poco transparente y poco justo, con temor de la oposición a un fraude de grandes proporciones.

Escrito por: Lima, Reuters

Miércoles 05 de abril de 2000 | 12:00
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“Yo he hablado de una especie de conspiración… en el sentido de que hay organismos no gubernamentales internacionales y otros acá que hablan de fraude”, dijo Fujimori en una entrevista con Reuters en el salón dorado de la residencia presidencial.

“En todas las campañas se ha hablado de fraude. Es lo que se llama recursos electorales”, agregó tratando de bajar el tono a la lluvia de denuncias recogidas por observadores, como del Centro Carter, la Federación Internacional de Derechos Humanos y hasta la Defensoría del Pueblo de Perú.

Pero al ser preguntado específicamente sobre las críticas de la Casa Blanca respaldando a los observadores y el proyecto de resolución de senadores de ese país de tomar medidas contra Perú si las elecciones no son democráticas, Fujimori descartó que formen parte de esa conspiración.

“La relación (con Estados Unidos) es buena, naturalmente que siempre hay algunos problemas que se presentan en las relaciones bilaterales”, dijo sobre el principal socio comercial de Perú.

De obtener una mayoría de más de 50 por ciento el domingo, Fujimori, quien lideró las encuestas de intención de voto realizadas en marzo, se convertiría en el gobernante electo democráticamente con más tiempo en el poder en el continente.

Pero el proceso electoral ha sido declarado con “fallas de fábrica” por sus opositores desde que Fujimori lanzó su candidatura en diciembre, amparado en una interpretación de la Constitución de 1993 que no tomó en cuenta su primer período, entre 1990 y 1995.

“Esta es una campaña atípica”, reconoció Fujimori, quien se mide contra ocho contrincantes, la mayoría postulados por movimientos surgidos en años recientes ante la desaparición de los tradicionales partidos políticos.

“Siempre actúo en la campaña política con confianza, seguridad y optimismo, tres elementos vitales en cualquier campaña electoral”, agregó con voz ronca, producto de una semana de intenso proselitismo político en las zonas pobres de Lima.

Sin embargo, en la entrevista, el mandatario, usualmente confiado y sonriente, se mostró tenso y rehusó tocar algunos temas clave, como en qué se basa su aún no publicado plan de gobierno en una eventual nueva administración hasta el 2005.

Enfrentando la ola opositora

Fujimori afirmó que en caso de no tener mayoría en el Congreso, buscará alianzas para gobernar hasta el 2005.

El mandatario de ascendencia japonesa, un ingeniero desconocido en el mundo político peruano en 1990, sorprendió ese año al batir en segunda vuelta al reconocido escritor Mario Vargas Llosa.

Dos años después volvió a sorprender cuando cerró un Congreso de mayoría opositora y el Poder Judicial, con apoyo de los militares, alegando que no le permitían aplicar una serie de duras reformas económicas y de lucha contra la guerrilla.

El éxito en controlar la hiperinflación y encarcelar a los líderes de los grupos guerrilleros Sendero Luminoso y Movimiento Revolucionario Túpac Amaru le permitió su reelección en 1995.

“Precisamente en estos diez años hemos eliminado las grandes barreras que en otros gobiernos no pudieron resolver, como el tema del terrorismo, de la hiperinflación, la compra de armas para el conflicto peruano-ecuatoriano; hemos eliminado todas esas barreras,”, afirmó.

Enfilando sus baterías contra su sorpresivo principal contendor, el economista Alejandro Toledo, aseguró que los inversionistas están acostumbrados a su estilo de gestión que ha permitido una estabilidad macroeconómica.

“Las propuestas de candidatos de oposición implican un déficit fiscal muy grande. Por ejemplo la eliminación de impuestos indicaría un déficit de 1.200 millones de dólares al año”, dijo refiriéndose específicamente a la propuesta de Toledo de reducir el impuesto general a las ventas.

Respecto a la imagen de “dictador” que le achacan sus enemigos, Fujimori afirmó que en Perú existe “equilibrio democrático”.

“Lo que aquí ha habido es decisión para resolver los grandes problemas y por esa decisión hemos tenido éxito en la lucha contra el terrorismo y alcanzado la paz con Ecuador”, dijo.

Al ser consultado sobre el destino de su polémico asesor, Vladimiro Montesinos, cuestionado en Perú y el exterior por ser responsable de violaciones a los derechos humanos y por “orquestar” el fraude electoral, Fujimori dijo que “no he tomado ninguna decisión”.

La crisis peruana

Para Hilda Condor, una vendedora de uno de los distritos más pobres de Lima, las elecciones presidenciales del domingo en Perú serán apenas otro día de rutina, en el cual no deposita mayores esperanzas.

Ella, como tantos otros peruanos que viven en San Juan de Lurigancho, en las afueras de la capital, está harta con los 10 años en el poder del mandatario Alberto Fujimori, quien lidera las encuestas por un histórico tercer quinquenio consecutivo.

Condor, de 60 años, no ha decidido por quién votará el 9 de abril, pero insiste en que no lo hará por Fujimori, ya que él, así como sus antecesores, no han hecho realidad las promesas de más trabajo para los pobres y un mejor nivel de vida.

“Si voto o no, realmente no importa porque no creo que las cosas vayan a cambiar de todas maneras”, dijo a Reuters, mientras esperaba por clientes en su pequeña tienda en el polvoriento San Juan de Lurigancho, en el cinturón de miseria que rodea Lima.

“El tiempo de Fujimori en el poder ha sido demasiado largo, es tiempo de que venga gente con nuevas ideas, aunque muchas no se concreten”, agregó.

El sentimiento de decepción en este distrito limeño, habitado en su mayoría por gente de la sierra andina que vive en humildes viviendas, resalta el dilema de Fujimori con vistas a las elecciones generales.

Aunque Fujimori es popular por revivir la moribunda economía y derrotar a los movimientos guerrilleros a comienzos de los ’90, ha fallado en impulsar el bienestar de los pobres en esta nación de 25 millones, agobiada por décadas de corrupción y conflictos.

“Fujimori habla de la necesidad de ser electo de nuevo para evitar el retorno a un pasado de terrorismo e hiperinflación”, dijo Condor.

“Pero eso no es suficiente, también votamos por él para que nos dé trabajo y no lo ha hecho”, agregó.

Pobreza crónica

Según un estudio de la Universidad Católica de Perú, “la cifra de pobres en el país a lo largo de la década ha estado entre 12 y 13 millones de personas, lo que es equivalente a la población entera de Ecuador, o a la suma de las poblaciones de Honduras y Nicaragua”.

El estudio señaló que en términos de condiciones de vida, los peruanos están en el lote de los más pobres de América latina y el Caribe.

Se estima que 65 por ciento de la población rural del país, de casi 30 por ciento del total, y un tercio de pobladores en las ciudades vive en casas fabricadas con caña y barro.

Asimismo, Perú es el país con la mayor tasa de tuberculosis en la región, según la Organización Panamericana de la Salud.

El analfabetismo, de 14 por ciento en 1990, pasó a 8 por ciento en 1998 y la meta, según el gobierno de Fujimori, es reducirla al cuatro por ciento este año.

El gobierno sostiene que del 22 por ciento de extrema pobreza, es decir los más pobres entre los pobres que subsisten con menos de un dólar diario, en 1995, la meta es llegar a 11 por ciento a fines de 2000.

No obstante, el estudio de la Universidad Católica señaló que 49 de cada 100 personas viven con menos de un dólar diario, casi la misma tasa que en Kenia, con 50 por ciento, e India, con 53 por ciento.

El gobierno ha asignado unos 7.000
millones de dólares para la lucha contra la pobreza entre 1996 y 2000, pero según los analistas, estos parches no solventan el problema estructural de fondo que es la falta de trabajo. “El problema de las condiciones de vida de la población peruana es antiguo y requiere cambios más profundos que de gobierno”, señaló el estudio de la Universidad Católica.

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