Jefe de secta ugandesa se enriqueció a costa de sus devotos

"Un loco muy inteligente"

El líder de la secta de la "Restauración de los Diez Mandamientos de Dios", Josephn Kibwetere, responsable de la muerte de más de un millar de fieles, es un "enfermo mental muy inteligente" que abusó de la ingenuidad de sus devotos para manipularlos y enriquecerse, y sigue con vida, afirmó este lunes la vicepresidenta ugandesa Speciosa Kazibwe.

Martes 04 de abril de 2000 | 12:00
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Emmanuel Giroud – Kanungu, Uganda, AFP

Más de dos semanas después del drama de Kanungu, los testimonios de quienes conocieron al “profeta” Kibwetere y a Credonia Mwerinde (su consejera y visionaria) facilitan la comprensión de cómo la secta ugandesa supo abusar de la credulidad de los adeptos y exterminarlos tan pronto como se convirtieron en inútiles o molestos.

A la cabeza del movimiento, Kibwetere, de 64 años, que en 1998 permaneció ingresado durante un largo período en un hospital siquiátrico, estaba muy influenciado por su “hermana” Credonia. Esta última invocaba a la Virgen María, que supuestamente se le aparecía con cierta regularidad, y dictaba sus órdenes a los fieles.

Ahora, la policía y el gobierno ugandeses están convencidos de que los líderes, responsables ya de un millar de muertos, se han fugado y que su gigantesca y trágica manipulación iba encaminada al enriquecimiento personal.

“Creo que siguen vivos”, declaró el domingo Kazibwe durante un homenaje a las víctimas de la secta celebrado en Kanungu (sudoeste de Uganda). Además de calificar a Kibwetere de “enfermo mental muy inteligente”, subrayó que los líderes sectarios se habían aprovechado de la credulidad de la gente sencilla “abusando del analfabetismo e ignorancia en estas regiones recónditas”.

El “profeta” y sus 12 “apóstoles” se habían asentado en el país y reclutado numerosos líderes locales encargados de convencer a los paisanos para ingresar en el movimiento apocalíptico que predijo el fin del mundo en 1992 y más tarde, con motivo del paso al nuevo milenio.

John Katebalirwe era uno de los responsables del reclutamiento en Sweswe, aldea completamnete aislada entre montañas, a unos 300 km al norte de Kanungu.

Reunía a las personas en su casa construida con piedra y paja. Lo más probable es que nunca haya conocido a Kibwetere o Credonia, o quizás lo haya logrado furtivamente, aseguraron sus vecinos.

Pero creyó ciegamente en sus palabras y pereció junto a su hija en el infierno de Kanungu, afirmó la policía.

La secta rechazaba a los miserables, según un testigo citado por el diario New Vision. Así Night Nalongo declaró que fue descartada porque no podía reunir la cantidad de 250.000 shillings (unos 70 dólares) de “derecho de entrada”.

Credonia le dijo que no había sitio para los pobres en su culto, aseguró.

Siempre invocando a la Virgen, Credonia también exigía a los futuros miembros la venta de todos sus bienes en beneficio de la secta.

La mayoría de los fieles que murieron calcinados el 17 de marzo en Kanungu o asesinados y enterrados en cinco fosas comunes halladas al sudoeste, eran originarios de otras regiones de Uganda e incluso de la vecina Ruanda.

Al parecer, los dirigentes habrían planeado el homicidio colectivo por las crecientes interrogaciones surgidas entre los fieles y los pedidos para que les devolvieran su dinero.

A dos quilómetros de Kanungu, en la aldea de Shunga, Eric Mazima, de 70 años, ex esposo de Credonia, aseguró que estaba convencido de que su ex mujer era la cabeza pensante de la secta.

Se separó de ella hace 12 años cuando intentó mostrarle, en el hueco de una roca a la Virgen, que según la ahora fugitiva, se le aparecía y le hablaba.

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