La aceptación y el rechazo hacia Chávez se manifestaron en marchas simultáneas

Caracazo: chavistas y opositores se repartieron las calles venezolanas

Las manifestaciones, con desarrollo pacífico bajo un agobiante calor de 32 grados, sin embargo, tuvieron aislados incidentes.

Una bomba casera de baja intensidad fue lanzada por «chavistas» a la Plaza Francia del exclusivo sector Altamira (este caraqueño), bastión opositor, causando lesiones a dos personas, y otros dos artefactos explosivos provocaron daños en una de las sedes del oficialista Movimiento V República (MVR).

Cada una de las dos marchas fue estimada por observadores concordantes en más de 20.000 personas. Hacia las 13h25 locales (17H25 GMT) la opositora había culminado en la céntrica sede de la Asamblea Nacional (legislativo), mientras la chavista llegaba recién al centro-este, rumbo al presidencial Palacio de Miraflores.

Los opositores iniciaron su marcha desde la céntrica Plaza Morelos, en una hilera que se extendía por unas cinco cuadras: marchaban portando pancartas que rezaban: «Por aumento salarial», «Por la libertad, los medios de comunicación no distorsionan», «Se va, se va, se va», el presidente Chávez.

Otra pancarta señalaba «Peña Presidente», aludiendo al alcalde mayor metropolitano, Alfredo Peña, alejado de Chávez y ahora férreo opositor del mandatario.

La marcha opositora fue convocada por la Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV), con influencia en sindicatos de los 1,3 millones de empleados públicos, pero a ella se incorporó toda la oposición política y líderes empresariales, que liberaron a sus trabajadores para que se participen en la demostración.

El presidente de la CTV, el socialdemócrata Carlos Ortega, entregó al vicepresidente de la Asamblea Nacional, Rafael Simón Jiménez, un documento reivindicativo que, según dijo, «recoge esa angustia que vivimos en estos momentos» en Venezuela.

Los simpatizantes de Chávez partieron desde el Parque del Este, corazón de la burguesía caraqueña, haciendo estallar su pitos, matracas, escuchando música popular y lanzando cohetones, mientras desde los edificios vecinos los abucheaban con toques de cacerolas por gentes vestidas de color oscuro y agitando banderas negras en señal de duelo por la democracia.

En respuesta, los chavistas esgrimieron una gigantesca pancarta con las fotos de cuatro ex presidentes socialdemócratas y democristianos con la leyenda: «No volverán».

Otras pancartas rezaban «para que nunca más suceda que los policías disparen primero y averigüen después», en alusión a la revuelta popular del 27 de febrero de 1989, con saqueos y motines, cuando según cifras oficiales murieron 276 personas.

«Dónde estaban la CTV y Fedecámaras (organización de empresarios) el 27 de febrero», de 1989, rezaba otra pancarta.

La nueva fecha escogida por el presidente Hugo Chávez y sus opositores para disputarse el predominio de la calle es la menos oportuna, porque recuerda dolorosamente la barbarie desbordada por los motines y saqueos, detonados por un programa de «shock» económico neoliberal del entonces presidente socialdemócrata Carlos Andrés Pérez.

La mayor parte de las víctimas fueron abatidas por militares y policías en la represión posterior a los saqueos y organismos humanitarios estiman que podrían sobrepasar el millar. La presidenta del Comité de Familiares y Víctimas del 27 de febrero de 1989 (Cofavic), Liliana Ortega, condenó la víspera la lucha este día por el predominio en la calle de Chávez y la oposición, en declaraciones a la AFP.

«No se puede celebrar en democracia la impunidad y el dolor», dijo la abogada, una de los cincuenta líderes emergentes de Latinoamérica en el nuevo milenio, seleccionados por la revista Time. *

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