América first, Corea del Norte y el eje del mal
El conocido profesor de lingüística americano Noam Chomsky afirmó recientemente que era poco serio y por otro lado realmente risible tratar de justificar el despliegue bélico y la ostentación militar del gobierno de Estados Unidos por la necesidad de defenderse de Corea del Norte.
En reciente viaje a la península, el presidente Bush reiteró la descalificación de este pequeño país, la República Democrática de Corea, bastante menor en superficie que Uruguay, usando una terminología ofensiva: «Estado bandido» que junto a Irak e Irán forman el «eje del mal» y por ello merecen ser destruidos. Ese empecinamiento recuerda que antes de 1990 el enemigo a combatir había sido el comunismo o, como solía decir Ronald Reagan, «el reino de la maldad» a destruir. Habrá un aumento en flecha de los gastos militares a través de un presupuesto billonario, que el presidente Bush presentará al Congreso, que significará un mayor poderío del complejo industrial-militar, el principal ganador de la actual política norteamericana.
Un viejo tema: hegemonía versus independencia
Más allá de lo que se piense sobre la situación y la problemática de Corea del Norte, hay un tema de principios que en las relaciones internacionales debería ser respetado: el derecho a la independencia y el consiguiente rechazo de imposiciones hegemónicas, en este caso de parte del gobierno de Washington. Esto lleva de la mano a la complicada historia de los dos estados coreanos que habitan en la península.
Es bueno recordar que hubo más de un compromiso incumplido de parte de Estados Unidos de levantar las sanciones económicas impuestas a Corea del Norte luego de la guerra de 1950-1953. Incluso el entonces presidente Clinton no pudo dar cumplimiento a sus compromisos por la cerrada oposición republicana. Corea del Norte se siente militarmente amenazada, y razones para ello existen, dada la concentración militar estadounidense en la zona. Sin embargo, a mediados de 1998 el gobierno de Pyongyang propuso «una pausa en su desarrollo misilístico a cambio de firmar un acuerdo de paz entre ambos estados coreanos y la renuncia de Washington a las amenazas militares».
William Cohen, secretario de Defensa del gobierno de Clinton, dijo que Corea del Norte utilizaba sus misiles como arma de disuasión contra la amenaza de Estados Unidos, reconociendo que los compromisos de parte de Washington no se habían cumplido.
Al final de su visita a la parte Sur de Corea, Bush descargó un ataque a la «malvada» Corea del Norte. ¿Se le podrá creer, la creerán los coreanos de ambos estados que anhelan la unificación luego de miedo siglo de separación? Cómo riman estas expresiones, que más bien se han efectuado por las presiones de la opinión pública de Corea del Sur, donde hubo violentas protestas contra la visita del presidente norteamericano.
Una de las consignas coreadas por los manifestantes ha sido «Bush es el eje del mal», invirtiendo la de Washington, que integra a Corea del Norte, Irán e Irak a un «eje del mal».
En buena medida el papel que desempeñen las grandes naciones ante la compleja realidad de las dos Corea, su unificación y pacificación, será índice para aquilatar sus intenciones. China y Rusia han dado pruebas de estar dispuestas a apoyar soluciones en este sentido.
Cabe dudar seriamente de que la política defendida por la Casa Blanca y expuesta durante la reciente visita del presidente Bush a Corea del Sur se oriente en esta línea, la única que puede solucionar este intrincado problema.
Los estados del «eje del mal» son, en opinión de expertos internacionales, una especie de taparrabos del complejo industrial-militar, primer interesado en las billonarias inversiones en los planes del «escudo antimisil», objetivo estratégico que se expresa también en las campañas contra Afganistán y las cada día más promovidas agresiones contra los tres estados del «eje del mal». *
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